el charco hondo

Otra teoría sobre el hartazgo

Las sucesivas resurrecciones de Pedro Sánchez tienen una explicación posible en el pacto que años atrás firmó, no con el diablo, sino con el hartazgo

Las sucesivas resurrecciones de Pedro Sánchez tienen una explicación posible en el pacto que años atrás firmó, no con el diablo, sino con el hartazgo. Fue el hartazgo de los militantes socialistas lo que, allá por mayo de 2017, permitió a Sánchez ganar unas primarias concebidas para coronar a Susana Díaz, candidata de la aristocracia del partido. Un año después, el hartazgo hizo de pegamento en los días de la moción de censura que tumbó a Mariano Rajoy e hizo presidente a Sánchez. El pacto con el hartazgo continuaba así dando alegrías al secretario general del PSOE. De 2017 a esta parte ese hartazgo trabajó para Sánchez, mimándolo, apartándole obstáculos para allanar el camino que lo ha traído hasta aquí. El cansancio de militantes o votantes devoró a sus adversarios, mientras cumpliendo a satisfacción con el pacto suscrito coloreaba los grises de Sánchez. Así se explica que sucumbiera a la tentación de dejar morir el verano para jugársela otra vez en otoño. Sánchez creyó que su pacto con el hartazgo continuaba vigente, y en consecuencia pensó que el hartazgo, socio y fiel aliado, volvería a hacerle el trabajo penalizando a todos menos a él. No contó Sánchez con que el contrato ha caducado. No lo supo hasta este último domingo por la tarde, horas en las que el presidente cayó en la cuenta de que el hartazgo ha dejado de jugarle al pie. La comparecencia de Sánchez en la noche electoral (tan desganada como vacía o desordenada) recordó bastante a las intervenciones que tienen lugar a los postres en las cenas de empresa, y bastante poco a la escena esperada de un candidato ganador. Pedro Sánchez ha debutado como víctima del hartazgo que le ha dado tantas noches de gloria. Al PSOE le ha sobrado una convocatoria electoral que no ha cumplido con las expectativas del presidente en funciones. Los socialistas despiertan a una realidad empeorada que ahora deberán gestionar en peores condiciones porque, agotado el comodín del público, no pueden permitirse otra prórroga. Las resurrecciones de Pedro Sánchez fueron posibles por el pacto que el presidente en funciones firmó con el hartazgo en 2017, pero ese acuerdo ha caducado. El domingo el hartazgo también pasó factura a su protegido. En adelante deberá resucitar por sí mismo. El hartazgo también va a por él.

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