el charco hondo

Romerías en Manhattan

Será en pocos años, no demasiados, más pronto que tarde celebraremos, a finales de noviembre, en San Juan de la Rambla, Santa Cruz de La Palma, Teguise o La Graciosa, que siglos atrás, allá por 1621, un grupo de colonos de Plymouth (hoy Massachussetts) compartieran su comida con los indios wampanoag para celebrar la cosecha de otoño. Si celebramos Halloween, ya puestos, ¿por qué no Acción de Gracias? En un abrir y cerrar de calendarios veremos a una legión de estudiantes revoloteando de tienda en tienda, establecimientos donde comprarán globos, muñecos o lo que sea con forma de pavo, complementos para disfrazarse de colonos y pinturas con las que parecerse a los wampanoag. Visto el desbordante y creciente entusiasmo con el que se prepara y festeja Halloween, ¿por qué no ir más allá, y celebrar también el Thanksgiving de los estadounidenses y canadienses, países vecinos a los que tantas razones culturales, antropológicas, económicas e históricas nos unen? Que se preparen los pavos, porque a la vuelta de la esquina les tocará a ellos. Y no habrá motivo para echarse las manos a la cabeza. Si hemos normalizado que niños, adolescentes y algunos padres se sumen con entusiasmo al truco, trato y otras calabazas, ¿cómo no imaginar que acabaremos sustituyendo las carretas de las romerías por simulaciones del Mayflower, con familias caracterizadas como aquellos pasajeros que salieron de Inglaterra sesenta y seis días antes de llegar a Plymouth? En el altillo envejecerán los trajes típicos, sustituidos en el calendario de festejos por los de indio abakani. A quienes cueste encontrar encaje en nuestra agenda de festejos a lo de Acción de Gracias, o a aquellos que descarten que llegue a pasar, cabe invitarlos a que se pregunten qué habrían dicho si hace apenas unos años les cuentan que la celebración del Día de Todos los Santos sería literal, mayoritaria y parece que definitivamente engullida por una montaña de calabazas, calaveras, arañas, telas de araña, bichos de diferente tamaño y textura, esqueletos, fantasmas, murciélagos, ojos ensangrentados, brujas, lápidas, cuchillos, escobas y ataúdes. Tictac. Tictac. Un día nos cruzaremos con la parafernalia de Acción de Gracias cuando salgamos a la calle. Si se ha normalizado Halloween (importación que anima a imaginarse la Romería de San Benito recorriendo las calles de Manhattan), ¿por qué no disfrazarnos de colonos sentados alrededor de un pavo?

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