Familia e infancia

Cómo afectan los gritos a nuestros hijos

Los gritos nos perjudican tanto a padres como a hijos, busquemos alternativas positivas para toda la familia


Por Isabel Bermúdez Hernández – Psicóloga infantil y directora de Psico-up

¿Cuántas veces dijiste que no ibas a repetir lo que hacía tu madre o tu padre? Juraste que jamás gritarías a tus hijos, sin embargo, ahora te ves gritando como un loco y se convierte en una dinámica cotidiana. Obviamente, lo haces porque piensas que no te queda otra alternativa para que te hagan caso pero, ¿crees que realmente te está funcionando?

Vivimos en una sociedad que genera estrés, vamos corriendo a todos lados, estamos cansados, puede que, incluso, hayas tenido un mal día en el trabajo y el tamaño de tu paciencia cada vez se va haciendo más pequeño. Al llegar a casa te encuentras con que tu hijo tiene todo el salón tirado con juguetes y, encima, no ha hecho su tarea: ahí es cuando estallas y recurres a los gritos. Lo que sucederá, probablemente, es que tu hijo entre en pánico por tu reacción y lo recoja rapidísimo y se ponga a hacer la tarea de inmediato. Tú te quedas satisfecho porque ha hecho lo que tenía que hacer pero, créeme, no habrá aprendido nada para próximas ocasiones. Si realmente los gritos fueran eficaces seguramente tu hijo sería un santo y siempre lo haría todo a la primera pero, esto no es así. Es más, tiene consecuencias negativas que debes conocer.

Para empezar debes conocer una estructura en el cerebro llamada amígdala. Ésta es la encargada de regular emociones como el miedo. La amígdala es como un botón que se enciende cuando escucha los gritos, esto hace que el cerebro de nuestros hijos se bloquee y ya no atiendan a lo que le dicen. Solo está atento al estímulo que le provoca el miedo y no será capaz de procesar lo que ha hecho mal ni aprenderlo.

Con los gritos estás siendo un modelo negativo para ellos: les enseñamos que la violencia verbal sirve para resolver sus futuros conflictos.

También dañamos la autoestima del niño: se siente atacado y pierde la confianza en nosotros.

Es innegable que desgasta las relaciones familiares además de hacernos sentir mal y fracasados como padres.

Por eso, te invito a que cambies tu enfoque. Piensa que cada vez que tu hijo se porte mal es una nueva oportunidad para brindarle un aprendizaje con las herramientas adecuadas.

Herramientas que te servirán en la educación de tus hijos:

  • Establece límites y normas: no se trata de ser muy estrictos sino de que el niño sepa cómo tiene que comportarse con antelación y no esperar al momento del conflicto para decírselo.
  • Ayúdalo, te necesita para aprender.
  • Empatiza con tu hijo, ponte en su lugar.
  • Las consecuencias de su mal comportamiento deben de estar relacionadas con lo que ha hecho.
  • Comunícate con tu hijo a menudo, siempre con el tono de voz adecuado. Será mejor recibido que le digas lo que tiene que hacer con un tono de juego a una imposición.