el charco hondo

Observar para otro lado

Con la aparición en escena de Teruel Existe, en Madrid y en el resto del país nos hemos enterado de que, a juicio de muchos turolenses, Renfe lleva años echándolos del ferrocarril, de ahí que exijan la construcción del ramal que una Teruel con Zaragoza y el corredor cantábrico-mediterráneo. Denuncian los turolenses que no cuentan con trenes de larga distancia y que lo de RENFE con los viajeros es un despropósito, y lamentan que las obras en marcha solo vayan a permitir recortar escasos minutos la duración de los recorridos. Cada región tiene su cruces. La España vaciada carga con la cruz de Renfe. La silenciada con la de sus insuficiencias estructurales. Y en la alejada cargamos las cruces a pares. Una es AENA. No es nueva. No es de poco a esta parte, ni desde luego un pecado por el que deba hacer penitencia el actual Gobierno de Canarias, recién aterrizado en la pista de un Estado de interinidades, funciones y disfunciones. Viene de lejos. AENA mantiene a Canarias en el gallinero de sus prioridades e inversiones desde que Wilbur y Orville Wright lograron que un aparato más pesado que el aire, controlable y con motor, se sostuviera en vuelo. De ahí que no sorprenda que AENA, poco dada a devolver a algunos aeropuertos de las Islas las jugosas alegrías que les dan, ahora haga oídos sordos cuando se pide que arrimen el hombro bajando las tasas, herramienta de demostrada eficacia para incrementar nuestro atractivo a ojos de compañías que vuelan allí donde se les quiera bien. Cada comunidad carga con sus cruces. Las nuestras son, entre otras, la ancestral soberbia de los sucesivos gestores de los aeropuertos; y, desde la aprobación del descuento del 75% para residentes, la cruz de que, lejos de parar los pies a las compañías que quieren hacer su agosto de enero a diciembre, quienes en sus respectivos ámbitos de actuación podrían evitar que se inflen los precios hayan optado por observar lo que está pasando, sí, pero observando para otro lado. El problema de los turolenses es que la gente tarda en llegar. El nuestro es que los peninsulares dejen de llegar porque con estos precios no vendrían a Canarias ni los hermanos Wright.

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