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Santiago Pérez: “Si proteges un edificio y no lo adaptas a la vida actual, acabará en ruinas”

Concejal de Ordenación del Territorio en La Laguna
Santiago Pérez. Fran Pallero
Santiago Pérez. Fran Pallero
Santiago Pérez. Fran Pallero

A punto de cumplir los 65 años, Santiago Pérez (La Laguna, 1954) lidera la concejalía de Ordenación del Territorio y Promoción de Desarrollo Local y Vivienda en su municipio natal, lo que le permite hacer política con mayúsculas en una parte de la Isla que lleva demasiado tiempo sin unas normas actualizadas a este respecto. Curtido en mil batallas, el socialista lo tiene más que claro a la hora de dónde poner el énfasis de su acción de gobierno.

-Imposible, vistas sus responsabilidades, no hacer alusión al reciente vigésimo aniversario de la declaración de la Unesco. ¿Le ha venido bien a La Laguna?
“Por supuesto. Ha sido un acontecimiento preñado de oportunidades, muchas de las cuales se han venido aprovechando bien”.

-¿Lo mejor es el aspecto conservacionista?
“Lo mejor es que ha puesto a La Laguna en el gran mapa y haciéndolo por sus grandes virtudes. Es un compromiso para los laguneros y, por supuesto, para las administraciones públicas”.

-¿Le pone nombres propios a la declaración?
“No solo le pongo nombre propio, sino creo que hay que hacerlo. Uno de esos nombres es, por supuesto, Elfidio Alonso Quintero, como alcalde. Otro nombre es Juan Manuel Castañeda. A partir de ahí la labor encomiable del Cicop y, por supuesto, de una figura tan solvente como Maisa Navarro. También es imprescindible citar a Miguel Ángel Fernández Matrán”.

-¿Qué pudo aportar Santiago Pérez?
“(Sonríe) Siendo senador por Tenerife, puse mi granito de arena, el que pude, al elaborar la propuesta para que el Senado se adhiriera, como finalmente ocurrió. Pero los nombres importantes de verdad son los que he citado con anterioridad”.

-¿Qué retos plantea hoy en día esta declaración a La Laguna desde su perspectiva?
“Mi obsesión es encontrar un punto de equilibrio entre lo que hay que conservar y su adaptación a las demandas de la vida actual. Si uno no es capaz de encontrar ese punto, primero en la ordenación y luego en la toma de decisiones cotidianas, a la larga este conjunto patrimonial no será posible conservarlo. La mejor política de conservación no es la meramente conservacionista, porque lo que mejor ayuda a conservar un gran conjunto patrimonial es lograr que esté lleno de vida. La ciudad histórica tiene que estar llena de niños, de familias, de vida comercial. No nos podemos pasar, ni en la ordenación ni en la gestión cotidiana, ni por conservacionistas ni por agresividad”.

-¿Podría plasmar ese equilibrio en un ejemplo más concreto?
“Si protegemos un inmueble de los que, en su día, pertenecieron a esa aristocracia de la que siempre digo que era de empolvarse la cara para tapar el moreno mestizo, pasa lo mismo que cuando proteges los inmuebles de la arquitectura popular lagunera: a su propietario lo estás obligando a conservarlo, por pésimo que sea su estado. Se le quita la opción que tiene cualquier dueño de cualquier inmueble no catalogado que es de tirarlo abajo y construir uno nuevo. Entonces, si apuras mucho la catalogación puedes encontrarte con un conjunto de propietarios que no podrá mantener sus inmuebles y, cuando llegue el momento del deterioro, la única forma de evitarlo será con dinero público, aunque sea subsidiariamente, por mucho que luego lo puedas recuperar o no. Y, claro, si tienes que dedicar dinero público, siempre tienes que establecer prioridades. Al final se plantea el eterno dilema de si producimos mantequilla o cañones, porque La Laguna está saliendo de una situación financiera muy degradada y las perspectivas económicas no son muy halagüeñas, así que, insisto, hay que establecer prioridades”.

-¿Qué son?
“Teniendo La Laguna un gobierno progresista, las prioridades son las sociales, la lucha contra la desigualdad y amparar a los más desprotegidos. Así que, teniendo en cuenta que preservar va a costar dinero público, hay que proteger lo que se tiene que proteger. Hay que establecer un criterio de racionalidad a la hora de resguardar los edificios de la arquitectura señorial, los históricos de la administración pública o los de la popular lagunera, porque, si al final los propietarios no pueden, costará dinero a todos los vecinos. Y eso tiene sus límites, por supuesto”.

-¿En qué criterio ha pensado?
“Siempre he sido un decidido partidario de la seguridad jurídica. Si uno decide ampliar el catálogo de protección actual, incorporando nuevos edificios, tiene que saber que, al final, eso es dinero. Como tiene que saber que, mientras esos edificios no estaban protegidos, han sido adquiridos por personas contando con la expectativa de que pueden construir en ellos. Si tú ahora pasas a protegerlos, ahí hay unos derechos que tienes que indemnizar. Y eso, insisto, es dinero. Por eso hay que lograr que cuaje la ecuación entre lo que hay que hacer y lo que se puede hacer. En el conjunto histórico hay edificios que no están protegidos y están en situación de ruina, pero de cualquier modo el que quiera construir en esa zona tiene que hacerlo bajo parámetros muy estrictos, con los criterios de la declaración. Hay edificios que quizás nunca debieron estar protegidos y otros que deben estarlo”.

-Pero si están en el conjunto histórico, ¿no tienen que estar protegidos?
“Bien, pero mientras no lo estuvieron, fueron adquiridos por propietarios que cuentan con esa expectativa de construir. Si ahora los catalogamos, que en algunos casos habrá que hacerlo, hay que tener en cuenta que esa decisión tendrá consecuencias económicas”.

-¿Hay muchos casos así?
“Le garantizo que por la Gerencia de Urbanismo pasan muchos empresarios en esa situación. Y no olvide que, para la conservación adecuada de este conjunto histórico, la ciudad tiene que estar viva. No solo en lo comercial”.

-No parece un discurso particularmente conservacionista, el suyo.
“Sin embargo, siempre estoy dispuesto a ponerme al frente de la manifestación más conservacionista, como lagunero que soy, nacido y criado en estas calles..”.

-Pero también son laguneros los bolsillos de los que sale ese dinero, imprescindible para conservar el centro histórico…
“Claro. Los que mantengan las posiciones más estrictas desde el conservacionismo deben saber que, para llevar adelante esos criterios, tiene que tener dinero detrás. No quiero ver a La Laguna en el dilema de la mantequilla, los servicios sociales, o cañones, los de la conservación. Sobre todo, hablamos del grado de protección, porque para proteger un inmueble basta con cuidar de sus elementos patrimoniales, pero teniendo presente que dicho inmueble pueda ser habitado”.

-¿No habría que ir caso por caso?
“Por eso buscamos ese equilibrio entre la ordenación y la gestión cotidiana, que es cuando se mira caso por caso. Mi aspiración, como siempre he dicho por mi experiencia como responsable político y como lagunero, pasa porque, si tú, a la misma hora que proteges, no permites adaptar a la vida de hoy, esa decisión de protección acabará, con el paso del tiempo, en ruina. Y la autoridad no puede dar rienda suelta a su discrecionalidad y lo que hasta ahora no estaba protegido mañana lo está. Si debe estarlo, lo estará, pero sabiendo que cada una de esas decisiones tiene una consecuencia económica”.

-¿Cómo se ha planteado el reto de comandar una Concejalía de un área tan determinante como la suya?
“Mi primera preocupación es que la gestión del urbanismo se convierta en un lastre para la actividad económica de nuestro municipio. Por lo tanto, vuelvo a lo de la armonía, que no obedece a unos criterios matemáticos sino que pasan por unos criterios razonables tanto en la ordenación como en la gestión”.

-¿Qué pasa con el plan de ordenación?
“Vamos a tener que retrotaerlo, que darle para atrás en la moviola, por razones de seguridad jurídica, porque debe ser sometido a una nueva evaluación medioambiental estratégica. No vamos a seguir tramitando el plan con el riesgo de que cualquier persona pueda impugnarlo por esa razón. Será un procedimiento participativo, del que soy decidido partidario, y que debe permitir consolidar unos criterios de urbanismo sostenible, combinando oportunidades económicas con la reactivación económica y la protección del entorno”.

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