el charco hondo

Reyes

Queridos Reyes Magos, escucho con enorme gratitud, pero también con cierto desasosiego, los recados con los que, en boca de vuestra portavoz, ponéis en duda, e incluso censuráis, mi listado de peticiones para la noche del cinco de enero. Aunque estoy acostumbrado a que discrepéis de mis razones para pediros esto o aquello (cómo sorprenderme, si así ha sido desde que tengo uso de razón) en esta ocasión las indicaciones que me trasladáis cuando vuestra embajadora pone las cosas en su sitio -y digo bien, en el suyo, no en el mío- me han dejado más tocado que en años anteriores. Hablemos claro, ese afán vuestro de llevarme la contraria, delegando en persona interpuesta, está yendo demasiado lejos. Me paro delante de un escaparate, y por daros pistas le dejo caer que la chaqueta que tengo delante no solo me gusta bastante sino que, además, me viene bien, porque las que tengo están ya literalmente fundidas, y no he terminado de decirlo cuando vuestra embajadora, ya sabéis a quien me refiero, responde que para qué quiero una chaqueta si nunca me las pongo, a lo que añade -doy por hecho que siguiendo vuestras instrucciones- que lo que me hace falta no es una chaqueta, que según ella me la voy a poner dos veces, sino un par de pares de zapatos, unos para trabajar y otros en plan fin de semana, y tal, y eso. Comento, a riesgo de volver a ser desmentido, que quiero una mochila de viaje, algo más grande que la que tengo pero sin pasarse, y quise interpretar que el silencio de la embajadora ponía de manifiesto que, esta vez sí, mi propuesta había sido recibida sin enmiendas parciales o a la totalidad, pero no fue así, tardó en responder porque estaba mirando no sé qué cosa, para acto seguido declarar la guerra a las mochilas porque, según me decís a través de ella, mejor un trolley, ocupa lo mismo y la ropa no va a presión. Queridos Reyes Magos, podría trasladaros decenas de situaciones similares, pero qué voy a contaros que no sepáis, estando como estáis tan bien representados por ella; y ojo, que ella es un encanto, ya sé que no le queda otra que haceros el trabajo sucio, quitándome de la cabeza cosas que no me vais a regalar para poner en valor lo que ya me habéis comprado, en fin, como ha sido desde que tengo uso de razón. Sin más, quedo a vuestra disposición, no sin aprovechar para deciros que unos tenis de running me vendrían muy bien, aunque supongo que diréis a ella que me diga que mejor unas cholas ahora que estoy yendo más a la playa.

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