política

Cambalaches políticos canarios en tiempos de la pandemia

Mientras que Coalición Canaria mueve los hilos con el PP y la próxima edil de Cs tras la marcha de Lazcano para recuperar su feudo, el partido de Arrimadas no ve la operación contra el PSOE en medio de una pandemia

Fernando Clavijo y José Manuel Bermúdez. DA
Fernando Clavijo y José Manuel Bermúdez. DA

Los tiempos de turbulencias son pasto de conspiradores, que aprovechan las costuras agrietadas para meterse por los huecos y adueñarse de ese traje suculento que es el poder. Pero no siempre sale bien: según declararon ayer fuentes de Ciudadanos a nivel nacional a DIARIO DE AVISOS, en este momento no contemplan la posibilidad de hacerle una moción de censura a la alcaldesa de Santa Cruz, la socialista Patricia Hernández. Se trata de la primera gran operación de desestabilización política impulsada por CC, justo un año después de las elecciones que provocaron su salida traumática del poder, tras 26 años de hegemonía en Canarias. Pero hay otras. Y no solo a manos de los nacionalistas conservadores.

“Estamos en una situación de crisis sanitaria y la estabilidad institucional es necesaria para este momento”, afirman en Cs en Madrid, cuyo partido ha iniciado un lento camino de vuelta al centro político del que quedó desplazado tras la foto de Colón con Vox y PP.

Ahora queda por ver qué hace Evelyn Alonso, la persona que sustituirá al dimitido Juan Ramón Lazcano en el pleno que se celebre a finales de junio. El exalcalde de la capital, José Manuel Bermúdez, ya andaba avisando por algunas asociaciones deportivas de que, en septiembre, estaría de vuelta en la alcaldía. Alonso es siempre muy crítica en redes con el Gobierno español y fue implacable cuando Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano decidieron apoyar a Patricia Hernández. Pero muchos no terminan de verla saltándose las directrices de Cs: “Yo creo que es una persona leal”, afirman desde el partido en Tenerife. Si es así, todo dependerá de Madrid, donde CC agita su cola de pavo para convencer a los naranjas, según fuentes conocedoras de estas maniobras. Por ahora, sin éxito.

La otra cara de CC es el pactismo. Después de la pandemia, su actitud ha sido bastante comprensiva con el Gobierno y se han sumado al pacto de reconstrucción económica en Canarias, con papeles y propuestas (su permanente ayer dio el visto bueno). “Tenemos una posición cercana a la que puede tener el PSOE”, decía el otro día el secretario general de CC, José Miguel Barragán, en un debate en el Parlamento sobre turismo, donde el diputado de Sí Podemos Canarias Francisco Déniz criticó con dureza la dependencia de este sector que tiene la economía regional. “Cuanta más sintonía haya entre CC y PSOE, mejor”, decía hace unos días Román Rodríguez en una entrevista a Prensa Ibérica, que ha destacado en varias portadas esa supuesta entente cordiale entre socialistas y coalicioneros, y donde le preguntaban insistentemente sobre esta relación, pocos días antes de que Ana Oramas votara, por segunda vez, a favor de prorrogar el estado de alarma.

Desde Nueva Canarias, alguno ve la mano negra de parte del PSOE de Gran Canaria, el sector más vinculado a los empresarios, cercano al consejero de Obras Públicas, Sebastián Franquis. Es esa parte del socialismo grancanario que observa con recelos al nacionalismo progresista, dentro de una historia marcada por complicidades y deslealtades mutuas que vienen desde la época de la UPC. “No creo que el PSOE de Gran Canaria esté en esa clave. Con tanto trabajo institucional, ni siquiera los órganos del partido se reúnen con regularidad”, asegura un dirigente socialista que ve más una fabricación mediática. “Lo que sí es evidente es que la parte de CC que representan Mario Cabrera o José Miguel Barragán está en un proceso de acercamiento al Gobierno, pero no creo que la de Oramas y Clavijo. Y esto es vía Román, con quien tienen buena relación”, afirma.

Eso a pesar de que los socialistas majoreros acaban de levantarle la última alcaldía a Asamblea Majorera-CC en Fuerteventura para hacer alcaldesa, vía moción de censura, a Pilar González, hija de Domingo González Arroyo, el llamado marqués de La Oliva, inhabilitado para ejercer cargo público por un delito de prevaricación. Pero Blas Acosta, el secretario insular de los socialistas se ha empecinado en desalojar completamente a CC del poder, en una relación tensa entre Asamblea Majorera y socialistas que también ha tenido muchos episodios históricos, incluida una escisión de Asamblea que acabó en el PSOE.

El 10 de marzo, día en el que presentaron la moción de censura en La Oliva, con la pandemia ya en boca de todos, un diputado socialista se jactaba en los pasillos del Parlamento de la censura, mientras un cargo de NC, partido que gobernaba en La Oliva con CC, le reconvenía: “No puede ser que presenten una moción sin que lo sepa el presidente canario y secretario general de su partido. No jueguen con fuego, porque nosotros tenemos que estar apagando incendios”, le decía.

“Esto es un problema del secretario de Organización regional”, afirma otro dirigente del PSOE en relación al palmero Jorge González. “No se puede hacer ese tipo de operaciones para poner a la hija del marqués de La Oliva”. A pesar de tener el poder, el PSOE mantiene en su estructura unos reinos de taifas insulares que debilitan al partido a nivel regional. Si no, sería imposible de entender el nombramiento de consejeras como la cesada Teresa Cruz Oval, en Sanidad, y la dimisionaria María Teresa Guerra Palmero.

Ambas, con el aval de Tenerife. Pero ninguna con un peso político fuerte que les permitiera dirigir dos consejerías tan relevantes. Cuando Cruz Oval fue cesada, un miembro en Tenerife de Izquierda Socialista, corriente minoritaria del PSOE, afirmó: “Hemos perdido una oportunidad histórica, y todo porque el partido en Tenerife quería poner a alguien de su cuerda, no a una persona competente”. Porque haberlas, las hay, pero las trituradoras del aparato, en todos los partidos, son despiadadas. “Torres tiene que elegir bien ahora”, afirma un socialista tinerfeño.

En El Hierro también se barrunta un terremoto después de que Alpidio Armas descubriera que su vicepresidente, David Cabrera, de la Agrupación de Electores, le quería montar una moción de censura con sus excompañeros de AHI. El problema es que Belén Allende, exlíder de este partido y furibunda enemiga de Cabrera, quiere ser la que mande. Y Cabrera no acepta. Mientras se resuelve la disputa, ambos pensando a tope en la ciudadanía, Armas ha dejado a Cabrera solamente como consejero de Agricultura.

Y para rematar esta política regional que consagra el cambalachismo, el último fichaje, el de la exportavoz de Cs en La Laguna y exasesora en el Parlamento, Teresa Berástegui, como virtual viceconsejera de Turismo del Gobierno regional con la Agrupación Socialista Gomera. Berástegui, que fue implacable con Zambudio en Santa Cruz, se convierte ahora en cargo del Gobierno progresista, anunciado de antemano por Curbelo, saltándose el protocolo a la torera. Tremenda conversión de Berástegui no tiene todavía explicación oficial. Su bisabuelo fue farmacéutico en San Sebastián de La Gomera. Será por eso.