Los líderes mundiales al desnudo

El control y el poder, las claves del liderazgo ruso

Putin no es una persona de discursos emotivos o palabras de aliento. En sus discursos no hay una palabra fuera de lugar, no se sale del guion, manteniendo el máximo control del hilo argumental sin el más mínimo titubeo

Vladímir Putin (67 años) acumula dos décadas al frente de la presidencia de la Federación de Rusia, desde que asumió el cargo en 1999. Recién graduado en derecho, fue reclutado por el KGB y destinado a Alemania. Tras la caída del muro de Berlín regresó a Rusia y comenzó su carrera política, escalando posiciones hasta llegar a la administración de su predecesor, Borís Yeltsin.

Estrategia Covid-19

El pasado 30 de marzo, contando con 1.837 casos confirmados y nueve fallecidos, Putin compareció públicamente para anunciar el plan de contención previsto para frenar la propagación del virus, aprobando un régimen de días no laborables recientemente ampliado hasta el 11 de mayo. Una especie de vacaciones pagadas mediante ayudas financieras a las empresas. Además del cierre de fronteras y la aplicación de diferentes niveles de confinamiento en función de la situación particular de cada región. Asimismo, las autoridades rusas han tomado medidas drásticas en lo que se refiere a la implementación de sanciones, como por ejemplo castigar con hasta tres años de prisión la difusión de fake news sobre el coronavirus, o hasta siete años por incumplimiento del confinamiento. Una de las decisiones más controvertidas gira en torno al empleo de sistemas de reconocimiento facial para mantener bajo vídeo vigilancia a la población.

Modelo de comunicación

Desde que comenzara el azote de la pandemia, las apariciones públicas de Putin han sido escasas. El presidente ruso se mantiene confinado a cal y canto en su residencia oficial, a las afueras de Moscú. Todas sus intervenciones han sido telemáticas, desde la sobriedad y soledad de su despacho ha realizado comunicados puntuales a la población en los que ha resaltado que lo más importante es “luchar contra la epidemia con la máxima eficacia” y que “el criterio principal es la salud y la seguridad de los ciudadanos”, tocando sólo temas generales y dejando los detalles sobre las medidas más específicas a los representantes locales.

Putin no es una persona de discursos emotivos o palabras de aliento. En sus discursos no hay una palabra fuera de lugar, no se sale del guion, manteniendo el máximo control del hilo argumental sin el más mínimo titubeo. No se muestra apasionado ni para las buenas ni para las malas noticias. La imperturbabilidad forma parte de su estilo habitual de comunicación.

El coronavirus no es un enemigo que parezca intimidarle. Inspira determinación e irradia confianza. Tal es su sensación de control de la situación que en las últimas semanas ha enviado aviones de ayuda, dotados de material sanitario y personal militar especializado, a países como Italia y EE.UU. Un gesto de solidaridad bautizado como “desde Rusia con amor”, que muchos contemplan como una estrategia política.

Comportamiento no verbal

Como buen exagente del KGB, Putin cuenta con un dominio extraordinario tanto de su cuerpo como de su mente. Muestra exactamente lo que quiere mostrar en cada momento. Su expresión facial, seria e impasible, nunca permitirá que un oponente pueda obtener señales de lo que está pensando o sintiendo si él no lo desea. Su expresión emocional es casi nula o controlada, no permite que sus sentimientos se filtren al exterior, ya que quizás piense que esto sería ¿un gesto de debilidad?

El líder del Kremlin sabe que no es solo un presidente. Es el símbolo del poder y dominio ruso, y como tal asume su papel con ademanes que denotan determinación, severidad, autoridad y territorialidad. Marca su territorio, no solo con las palabras, sino también a través de gestos y posturas expansivas que aumentan su envergadura corporal. Trata de mostrarse grande y desafiante, en una constante demostración de poder.

Si algo le caracteriza es su mirada directa, penetrante y sostenida. Su tono de voz controlado y seguro transmite la energía del líder invencible. No es un hombre especialmente cariñoso o dado al contacto físico, al contrario, transmite rasgos de una personalidad fría, calculadora y estratégica. La postura erguida y sacando pecho refuerza su imagen temible y fuerte, muy al estilo militar.

Hay compromiso y coherencia entre sus palabras y sus gestos, y eso es algo que influye mucho en la manera de ser percibido y valorado. Pero quizás, ese carácter reservado y la ausencia de transparencia emocional le hacer restar puntos en credibilidad, al reprimir la expresión de su lado más humano y cercanía con los demás.