economía

Metacrilato y trabajo en red: un éxito empresarial en medio de la crisis

Así se unieron tres empresas para hacer pantallas de protección en muchos negocios, a pesar de la creciente escasez de materiales

I.G

Hace unas semanas, el economista José Ángel Rodríguez contaba a DIARIO DE AVISOS que la necesidad de mejorar el sistema de salud y de incrementar la seguridad sanitaria podía generar nuevos “focos” de interés para la economía canaria, necesitada de nuevos horizontes tras la crisis del coronavirus y el parón del sector turístico, con una previsión de desplome del PIB regional que podría acercarse al 30%. Todavía sin vacuna ni tratamiento estándar, los equipos de control y protección frente a la enfermedad, tanto para personas como para espacios físicos, ganan importancia. También de cara a futuras pandemias, que muchos científicos dan por descontadas. Cada vez, más a menudo.

Esa necesidad de protección la notó Iosune Gómez, dueña de la empresa I+Farma -dedicada a suministrar equipamiento electrónico a las farmacias. cuando estaba visitando a su padre en el País Vasvo unos días antes de que se decretara el estado de alarma. “Estaban más asustados que aquí y ya estaban hablando del tema de las mamparas”.

Así que cuando se empezó a oler la posibilidad del confinamiento se cogió un avión de vuelta a Canarias, donde tiene su empresa desde 2002, aunque lleva aquí 35 años. Y cuando llegó, habló con dos empresarios que conocía de Tenerife para proponerles unir fuerzas y empezar a instalar mamparas de protección. “Las farmacias nos las empezaron a pedir”, cuenta. “Y luego ya comenzamos a poner también en clínicas dentales, administraciones públicas… Las está colocando todo el mundo”, cuenta.

Para traer el material, nadie mejor que Javier Rodríguez, de la empresa canaria Jacinto Muñoz Yébenes, Con cincuenta años de trayectoria, tienen muchos contactos en el mercado internacional, en gran medida saturado por la alta demanda de materiales transparentes para estas mamparas, desde el metacrilato hasta el policarbonato, pasando por el acetato hasta el PETG. “Las fábricas no dan abasto, algunas ya están haciendo pedidos para finales de año”, explica Javier Rodríguez.

Para construir las mamparas, estaba Edison Castro, uruguayo que lleva aquí un montón de años y es dueño de la empresa iRótulos, dedicada a la rotulación, la cartelería, la impresión digital. “Nosotros hemos hecho una adaptación. Trabajábamos a veces con metacrilato, pero no era el producto más habitual”, cuenta. Desde abril, no han trabajado en otra cosa. “Tenemos un modelo de mampara estándar y otro modelo premium”. Pero no pueden atender todos los pedidos por la escasez de material. “Teníamos uno de 300 mamparas de la Seguridad Social y solo hemos podido atender una parte. La Guardia Civil nos pidió 40 y les hemos servido 10. Tratamos de cubrir algo de la demanda que nos hacen, pero hay una rotura de stock en el mercado”.

Iosune es la que le lleva el material a Edison, que no sale de su taller porque tuvo el año pasado una neumonía y hace meses una bronquitis. Y luego, cuando la mampara está terminada, la instala en los negocios. “Yo estoy trabajando a destajo, más que antes, poque la gente no se puede mover libremente y hay que llevarles las cosas. Nosotros prometemos entregarlo a donde haya que llevarlo. Pero lo de la falta de material es un problemón”.

“Yo tengo mercancía asegurada hasta finales de julio, pero hasta junio ya la tengo toda vendida”, cuenta Javier Rodríguez, que vende también material a otras empresas y trata de distribuirlo con un poco de equidad entre sus clientes habituales para que puedan trabajar algo. Lo curioso es que el día del estado de alarma pensó que tendría que hacer un ERTE.

“Yo, lo que estoy, es muy orgullosa de lo que nos ha pasado. Pensaba que íbamos a estar a dos velas y, de repente, hemos encontrado una vía de escape para poder solucionar estos meses”, afirma Ione.

Parte de este éxito probablemente no habría sido posible sin BNI, que es una inmensa red internacional de empresarios con franquicias locales. Tiene más de 250.000 miembros en el mundo y 600 empresas asociadas en Canarias, 125 de ellas en Tenerife.

El origen de todo esto se llama Ivan Misner, mentor de esta filosofía empresarial, con cierto aura de gurú. A través de ese lenguaje motivacional que impregna al potente mundo empresarial norteamericano. Misner defiende que ayudarse entre empresas puede ser un camino que dé enormes beneficios. “Es un sistema capitalista, en el sentido de que está organizado para hacer negocios”, explica Aitor Irigoyen, arquitecto y director ejecutivo de BNI en Tenerife. “Pero, en el mundo empresarial, uno siempre ha hecho negocios solo. Que nos estemos ayudando entre empresas, provocando sinergias, genera más negocios aún. Y compenetrarnos nos hace mucho más competitivos frente a empresas más grandes”, cuenta.

Por una matrícula inicial de 165 euros y una membresía anual de 660 euros, uno participa todas las semanas con su grupo a las 7.30 de la mañana (hay cuatro grupos en Tenerife), hace networking, aprende a presentar su negocio, expone sus objetivos, busca colaboración para alcanzarlos. Dentro de un grupo, no puede haber dos empresas que se dediquen a lo mismo.

“El primer año, uno a veces tiene dudas de si funciona el método”, cuenta Edison, “pero luego te das cuenta de que sí”. “Con lo de la crisis, hay montón de gente que está intentando unirse a BNI”, afirma Iosune. “Es un grupo de empresarios que intentamos conectar y apoyarnos mutuamente. En estos momentos se vuelve aún más importante echarse una mano”, afirma Javier Rodríguez. A ellos, al menos, les ha funcionado.