Puerto de la Cruz

Reubican a las personas sin hogar que dejaron el hotel Puerto Azul

De los 26 usuarios que pasaron por el recurso alojativo, 11 se fueron a centros de Cáritas, 5 accedieron a un alquiler, uno retornó a la casa de un familiar y 9 no siguieron el proceso

El hotel Puerto Azul ofreció sus instalaciones para las personas sin hogar durante el estado de alarma. S.Méndez
El hotel Puerto Azul ofreció sus instalaciones para las personas sin hogar durante el estado de alarma. S.Méndez

El 31 de mayo fue la fecha en la que el hotel Puerto Azul se cerró para las personas sin hogar, casi coincidiendo con la nueva normalidad, la proximidad de poder recibir turistas y los preparativos que eso conlleva.

El alojamiento de la empresa Zurafa, ubicado en el centro del Puerto de la Cruz, cedió de forma temporal y desinteresada sus instalaciones para quienes no tenían un lugar donde vivir en el estado de alarma. Durante dos meses y medio, Cáritas Diocesana de Tenerife gestionó ese recurso alojativo por el que pasaron 26 personas, 19 de las cuales permanecieron allí hasta último momento mientras se trabajaba con ellas y se les buscaba alternativas.

De éstas, la mayoría ha conseguido ser reubicada, confirma Jessica Pérez González, una de las técnicas de la entidad. Así, 11 de ellas se trasladaron a recursos alojativos de Cáritas, 5 accedieron a un alquiler por su propia cuenta; una retornó a la casa de un familiar; y 9 no se quedaron, 7 de ellas por voluntad propia y dos porque desde la entidad se entendió que no eran capaces de sostener la dinámica.

“Fue una buena experiencia”, subraya Jessica. En primer lugar, porque se logró dar una respuesta a gente que no la tenía y ese es el fin de la acción social. Los párrocos y voluntarios que participaron en el proyecto, además de sentirse parte del mismo, ayudaron a quienes lo necesitaban, mientras que para los técnicos fue un aprendizaje vital, ya que las situaciones de crisis y emergencia “siempre sacan una parte que no está dentro de la fórmula habitual y por lo tanto hay que improvisar y en esa improvisación también hay un aprendizaje”, explica la técnica. Todo eso les hace replantear las estrategias de intervención y cómo éstas se pueden complementar con una nueva forma de acompañar que ha surgido.

Jessica asume que era una experiencia arriesgada porque se trabajó con personas que venían de pernoctar en la calle, que tenían que convivir en un mismo sitio y además, no podían salir. “Y aunque sabíamos que podía pasar cualquier cosa, hubo un gran compromiso por parte de todos en lo que se refiere a la convivencia, unido a la responsabilidad que tuvieron que asumir por la situación sanitaria”, subraya.

No obstante, el trabajo de la Unidad Móvil de Atención en Calle (UMAC) de Cáritas no ha concluido y sigue detectando casos nuevos y acompañando a los que ya los estaba haciendo para que sus usuarios tengan el mismo destino que los que se alojaron en el hotel Puerto Azul.