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Humboldt y Bonpland, en Venezuela

Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland abandonaron la rada de Santa Cruz de Tenerife la tarde del 25 de junio de 1799 a bordo de la fragata Pizarro rumbo al Mar de las Antillas y concretamente a la Habana con intención de continuar, después de su estancia en la isla de Cuba, hacia México. Habían pasado en Tenerife cuatro días inolvidables. La fragata navegaba plácidamente por el Océano Atlántico y los tripulantes y pasajeros compartían el entusiasmo de ambos naturalistas ante los acontecimientos del viaje y ante las observaciones que realizaban con su moderno instrumental científico y las explicaciones que daban antes de registrar sus datos en sus respectivos diarios. Uno de ellos fue la aparición en el firmamento durante la noche del 4 al 5 de julio, brillante y muy inclinada, la Cruz del Sur.
Los días siguientes no fueron afortunados, debido a la inesperada presencia de una enfermedad febril a bordo, que rápidamente se convirtió en una epidemia. La rutina programada inicialmente se vio perturbada por lúgubres cavilaciones de los tripulantes y pasajeros, cuando la dolencia cobró su primera víctima un joven pasajero asturiano a quien en tétrica ceremonia le otorgaron el viático. Más tarde durante la noche, subieron el cadáver a cubierta. Lo arrojaron al mar a la salida del sol.
El morbo se extendía y los pasajeros acordaron con el capitán Manuel Cagigal en la noche del 14 al 15 de julio, dirigirse a la isla Margarita o a Cumaná, ya que éste último era el puerto más cercano de tierra firme. En cambio, seguir navegando hacia la Guaira y La Habana representaba un alto riesgo. El día quince por la mañana el vigía del buque divisa varias piraguas ocupadas por pescadores guaiqueries que faenaban frente a una isla pequeña y baja, cubierta por una vegetación de tipo xerófila.
Un patrón de una de las piraguas subió a bordo y les informó que se hallaban frente a la isla Coche, que junto a Cubagua y Margarita, la más extensa y alta, forman el archipiélago situado al noreste de Venezuela a pocas millas de distancia de Cumaná. Como dato curioso citaré que el 15 de agosto de 1498, durante su tercer viaje al Caribe Cristóbal Colon visitó las tres islas y llegó a pisar la costa venezolana. El pescador, de nombre Carlos del Pino se ofreció para orientar la navegación a Cumaná. Navegando rumbo hacia el oeste pasaron frente a la isla de Cubagua, donde pasaron la noche. Al amanecer del 16 de julio de 1799 se encontraban frente a Cumaná. Cuenta el doctor Lancini que “los enfermos en el bajel, se arrastraban con pocas fuerzas hasta la cubierta para contemplar la vieja ciudad en tierra firme, esperanzados en recuperar en estas costas la salud perdida”. Una vez autorizada su desembarco el capitán Cagigal acompañó a Humboldt y Bonpland a la presencia del gobernador de la provincia de Nueva Andalucía D. Vicente Emparán a fin de presentarles su especial documentación. En el trayecto costero pasaron por El Salado y los naturalistas, se asombraban de lo que veían, estaban ante un manglar ¡qué paisaje mas diferente de los europeos y tinerfeños! Ambos recogen la primera planta de su periplo americano, un ejemplar de mangle negro la Avicennia germinans L. (familia Acanthaceae) especie abundante en los ecosistemas de manglares donde tiene su refugio una fauna y flora muy singular.
El gobernador Emparán los atendió exquisitamente y los pasajeros enfermos quedaron convalecientes en la ciudad durante varias semanas excepto uno que murió a los pocos días.
Humboldt y Bonpland permanecieron en Cumaná hasta el 19 de agosto de 1799 fecha en que embarcaron en una playa del río Manzanares en una embarcación cómoda y a eso de las ocho de la mañana, desembarcaron en la punta de Araya iniciando el famoso recorrido por las tierras venezolanas. Les acompañó durante toda su estancia en Venezuela el piloto Carlos del Pino que desde la llegada de los naturalistas se puso a su servicio. Del Pino tuvo el privilegio de acompañarlos durante todo el viaje por Venezuela. No solo fue un guía fiel sino un colaborador antropológico de inmenso valor para los científicos. A Cumaná regresaron los naturalistas siempre acompañados por Del Pino en varias ocasiones, después de algunos de sus largos y apasionantes periplos, por las tierras venezolana.
El 16 de noviembre de 1800 por tercera vez para realizar desde allí el trayecto hasta Nueva Barcelona donde les esperaba el buque que debía conducirlos a La Habana. Su estancia no programada que duró unos 16 meses les permitió estudiar y dar a conocer al mundo científico las belleza de los paisajes venezolanos, desde las costas hasta las cimas más elevadas de sus montañas, sus recursos naturales, el descubrimiento de especies vegetales y animales, sus observaciones geográficas y astronómicas, y no menos importante la calidad humana y la hospitalidad recibida de las gentes de la hermosa tierra venezolana.
Lo que se convirtió por azar en una tragedia epidémica finalizó con la siguiente reflexión de Alexander von Humboldt: “Si no se hubiera desatado la epidemia a bordo del Pizarro, jamás habríamos llegado al Orinoco, al Casiquaire y a la frontera de las posesiones portuguesas en el río Negro”.
Tuve la suerte de visitar Cumaná el 16 de febrero de 1992 durante mi segundo viaje a Venezuela. Previamente el día anterior llegamos de Caracas a Barcelona donde navegamos por el Parque Nacional de Mochima. Por gestión personal de Antonio Machado Carrillo fui invitado a esa inolvidable excursión entre cuyos participantes figuraba José Luis Martín Esquivel. Fue mi primer contacto con un manglar.

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