después del paréntesis

Ideologías

Vive en este mundo un chico muy listo que se llama Mark Zuckerberg. Montó eso que se llama Facebook y se ha vuelto millonario. ¿Cómo es posible? Ahora el mundo da dinero donde hace unos años jamás se imaginó. Pero resulta que ese individuo anda arrimado a lo más protervo del poder en su país, […]

Vive en este mundo un chico muy listo que se llama Mark Zuckerberg. Montó eso que se llama Facebook y se ha vuelto millonario. ¿Cómo es posible? Ahora el mundo da dinero donde hace unos años jamás se imaginó. Pero resulta que ese individuo anda arrimado a lo más protervo del poder en su país, EE.UU. De ahí las acusaciones por ceder información de los beneficiarios de la plataforma, acusación sobre la que se disculpó. Y eso hace ver cuál es el cariz político de la dicha persona. Lo cual no da para temer en democracia, da que pensar. La noticia que hace unos días resumió la prensa es que la dicha website comienza a tener problemas por el incondicional apoyo de Zuckerberg a Donald Trump. Lo que los usuarios ponen en entredicho son las dos maniobras del actual presidente de los EE.UU.: las mentiras y el racismo. A eso no solo se opone el común de los mortales, sino las congregaciones activas de derechos. Han pedido el boicot a la publicidad enFacebook, cosa a la que se han sumado una gran cantidad de empresas. Lo que resume las acciones de Mark Zuckerberg es la dicha posición y su condición corporativa. De lo cual se deduce un sesgo: la sustancia no es los clientes en su inquebrantable libertad y personalidad, la sustancia es el uso de la red. Es decir, Zuckerberg no condiciona su invento a lo que cada uno de los miembros del club representa, condiciona su invento a su ideario particular. Lo cual es una irresponsabilidad que, en efecto, merece respuesta. Más si de la trama se deduce un fallo garrafal. Por dos razones. Una, se atiende a la pluralidad porque con tantos millones de integrantes la pluralidad es lo vigente. Si se hace que Facebook sea Trump, la parte proporcional de anti-Trumps dará un paso al frente. Dos, como empresario elige mal Mark Zuckerberg. Los años de mandato del actor de telebasura llegan a su término, por sus desprecios, sus intrigas, su ultraderechismo, su antagonismo con instituciones internacionales, con China, con Europa, con la Covid-19… Ya hubo un aviso: el mitin de Tulsa en Oklahoma. Y alguien tan poco veleidoso como Clint Eastwood lo sancionó: no votará por Donald Trump. Esas son. No tanto votar por el contrario a Trump sino no votar por Trump. Se agotó la simpatía y se agotó la paciencia en torno al presidente más errático de la historia del país. Zuckerberg debería saberlo, porque es listo, pero puede más la ideología que la pasión, Facebook en el atolladero.