EN LA FRONTERA

Las personas y la Covid-19

Primero, las personas, después, las estructuras

Primero, las personas, después, las estructuras. Las condiciones de vida de las personas, de los ciudadanos, de la población, ahora la salud de la población, el cuidado de los enfermos y la detención del coronavirus o el reconocimiento de los fallecidos, los grandes olvidados de gestión de la pandemia, deben ocupar, más que nunca, el lugar central en el proceso de la toma de decisiones, tanto en el ámbito público como en el privado. En una época de crisis, con mayor razón.

Cuando las personas son la referencia del sistema de organización político, económico y social aparece un nuevo marco en el que la mentalidad dialogante, la atención al contexto, el pensamiento reflexivo, la búsqueda continua de puntos de confluencia, la capacidad de conciliar y de sintetizar sustituyen en la substanciación de la vida democrática a las bipolarizaciones dogmáticas y simplificadoras, y dan cuerpo a un estilo que, como se aprecia fácilmente, se distingue fundamentalmente por entender la acción política como un ejercicio de mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, como un compromiso constante por atender de forma primaria y completa a las personas alas que la pandemia afecta tan desfavorablemente, con especial referencia a los más frágiles y vulnerables. No como una forma de control social o una operación de propaganda que esconde la real realidad a como de lugar.

Para la política ideologizada, la que hoy se practica, lo primordial son las ideas, las proclamas y las consignas, para la política moderada lo fundamental son las personas. Se afirma con frecuencia que “ todas las opiniones son respetables”. Aunque entiendo el sentido de la expresión cuando se emplea como manifestación de fe democrática, no puedo menos que asombrarme ante la constatación permanente de la inmensa cantidad de afirmaciones poco fundamentadas que cada día, lo registramos desde hace ya bastantes semanas, desde distintas terminales se emiten y reclaman patente de corso calificando al crítico como antipatriota o desleal. Sin embargo, propiamente, a quien es debido el respeto es a la persona, a los enfermos, al personal sanitario, a los médicos, a los contagiados y, especialmente a los miles de muertos a quienes incomprensiblemente se ha negado el reconocimiento diario al que tienen derecho. España les debe mucho y lo menos que podemos hacer es agradecérselo de verdad. Se lo merecen y han sido los grandes olvidados de este tiempo.