DespuÉs del paréntesis

Madre

Naya Rivera fue una cantante y actriz de origen puertorriqueño que desveló en febrero del año 2015 una eventualidad: en su condición de mujer, estaba embarazada, su cuerpo creaba una nueva vida que de ella saldría a la existencia. Se admiraba ese primor gracias a su relación con el actor Ryan Dorsey, relación por la […]

Naya Rivera fue una cantante y actriz de origen puertorriqueño que desveló en febrero del año 2015 una eventualidad: en su condición de mujer, estaba embarazada, su cuerpo creaba una nueva vida que de ella saldría a la existencia. Se admiraba ese primor gracias a su relación con el actor Ryan Dorsey, relación por la que fue acusada de agresión en 2017.

El niño nació (Josey) y lo que actualiza la esencia de las cosas es qué significa ese hecho particular. Una concreción lo define: la incondicionalidad padres hacia hijos. Ello determina una relación ab aeterno, aunque no siempre se cumpla con el revés, hijos hacia padres.

Es un argumento que cumple con el signo de manera radical. Con muy pocas excepciones, que los padres y las madres abandonen a sus criaturas. Lo hemos vivido. Los allegados no redimen el estado de ánimo de una conocida actriz española por la muerte de su hijo (su sustento) a causa del cáncer o la persona que se acerca a ti y te comunica que no puede aceptar que su hijo de 24 años haya desaparecido de este mundo mucho tiempo antes que ellos. Te repiten las condiciones: educado, alegre, cariñoso, estudioso, sociable, sin vicios manifiestos…

Esa destrama de la fortuna no solo condiciona sino que muestra quebrantos que jamás se superan. Al tiempo (en algunos casos) se dirige la vista al cielo para exigir a Dios reparo por la crueldad, eso que el cristianismo coteja y confirma la razón de la desgracia en amargura por la sabiduría inexplicable del Hacedor.

Naya Rivera, pues, y su hijo. Una jornada ocasional en el lago Pirú en California. Ahí llegaron para alongar la satisfacción de madre-hijo, hijo-madre en complacencia. El día lúcido, el paisaje brillante, el momento primoroso para compartir y alargar el afecto en toda su extensión: la completitud, el esmero, el cariño, la emoción, la compañía… Cuatro años y treinta y cinco años. Y un accidente banal, inimaginable. Agua límpida y quieta que en la zona en la que la barca transitaba asentaba fieras corrientes. En pro de la salvación, la joven peleó hasta meter a su retoño en el bote. Ella, exhausta, no puede subir. Cuando los encargados de la seguridad salieron a descubrir lo que ocurría, encontraron: Josey durmiendo en la barca y la madre desaparecida. Cinco días después, el desenlace: el cuerpo muerto.

La marca que el caso remata. Hay asuntos que no tienen contrapartida. Una vida por la vida. Esa es la condición de la madre, esa es la condición esencial.