Este 2020 está siendo peligroso. A la epidemia mundial, narrada con entusiasmo por la mayoría de los medios de comunicación –yo diría que con demasiado entusiasmo-, se une la situación en el Este de Europa. El dictador bielorruso Lukashenko ha provocado el exilio a Lituania de su opositora Sviatlana Tsikhanouskaya (no me hagan escribir más veces este nombrecito) y ha encarcelado a su marido. Y en Rusia se vuelve a los viejos métodos del KGB: han envenenado, dándole té con vaya usted a saber qué sustancia, en un aeropuerto, al opositor a Putin, Alexei Navalny. Menos mal que no se les ocurrió a los sicarios –Navalny está en coma— derribar el avión en el que viajaba a Siberia el político, cuyos gritos de dolor ponían los pelos de punta. ¿Qué es lo que está ocurriendo y por qué el mundo se ha puesto en manos de auténticos locos? Volvemos a la guerra fría, que empieza en China, pasa por Rusia y sus todavía satélites y acaba en los Estados Unidos. En medio hay un mundo mucho más civilizado, pero aterrado por lo que está ocurriendo, incluido un virus que se lleva cientos de miles de vidas y cuyo origen casi todo el mundo cree que está en un laboratorio chino; además de manejarse otras teorías aún más terribles que tienen que ver con el control de la población mundial. Coincide esto con una crisis terrible de gobernantes, incapaces de entenderse y de manejar con acierto situaciones de emergencia. Me he propuesto no escribir de política, como ustedes saben, pero es que esto trasciende tanto lo normal y se acerca tanto al caos que estoy realmente asustado. Ojalá termine cuanto antes este maldito 2020 que nos va a dejar en pelotas, porque lo que ocurre no es nada en comparación con lo que nos espera en los últimos meses del año. Y cuidado con el Este.
Cuidado con el Este
Este 2020 está siendo peligroso. A la epidemia mundial, narrada con entusiasmo por la mayoría de los medios de comunicación –yo diría que con demasiado entusiasmo-, se une la situación en el Este de Europa
