Tribuna

El espacio mínimo vital

La ministra de Exteriores, Arantxa González Laya, ha pasado de decir: “No consideramos que se den las condiciones democráticas para unas elecciones en Venezuela” a esta otra afirmación: “Si hay espacio, por pequeño que sea, para la celebración de elecciones en condiciones democráticas, España lo apoyará”. El arte de la diplomacia sirve para todo, y […]

La ministra de Exteriores, Arantxa González Laya, ha pasado de decir: “No consideramos que se den las condiciones democráticas para unas elecciones en Venezuela” a esta otra afirmación: “Si hay espacio, por pequeño que sea, para la celebración de elecciones en condiciones democráticas, España lo apoyará”. El arte de la diplomacia sirve para todo, y tiene un lenguaje que siempre hay que saber interpretar. No se puede pasar de la noche al día como si tal cosa, pero los matices para apreciar el sí o el no en una declaración son lo suficientemente expresivos para poderla traducir. Hay que recordar otra vez aquello de la señora y el diplomático. “Cuando una señora dice que no, es que puede ser; cuando dice puede ser, es que sí; y cuando dice que sí, deja de ser una señora. Si un diplomático dice que sí, es que puede ser; si dice que puede ser, es que no; y si dice que no, deja de ser un diplomático”. No sé cómo hay que aplicar este condicional de la señora Laya al principio general, porque la cuestión se ciñe a la definición infinitesimal de un ámbito posible. Eso del espacio, por pequeño que sea, se aproxima bastante al concepto de límite de una sucesión en el análisis matemático. La derivada es el límite del cociente incremental cuando el entorno donde se produce se puede reducir tanto cómo se quiera; es decir: cuando la diferencia entre los extremos de ese espacio minúsculo se imagina siempre más pequeña que la anterior. Eso significa ‘por pequeño que sea’. Por lo tanto, la declaración de la ministra es dar por supuesto que, en cualquier caso, las condiciones se van a dar, y España apoyará unas elecciones “democráticas” en la república bolivariana, sea como sea y pase lo que pase. ¿Alguien habría pensado que el Gobierno actual podría comportarse de otra manera? Enlazo esta noticia con un comentario sobre los actuales espectáculos sin público, obligados a ello por la pandemia. Hasta los platós de televisión hacen un ejercicio de apariencia llenando las gradas de maniquíes, que son los asistentes silenciosos a una representación en el desierto de la comprobación. Estas condiciones de presencia inexistente y silente constituyen el espacio mínimo exigible por la señora ministra para dar el visto bueno. Pero esa no es la única cuestión. La pregunta es si España estaría dispuesta a reconocer unos comicios democráticos en el caso de que la Unión Europea no lo hiciera. Si somos capaces de ver ese resquicio donde Europa no lo ve, ¿en qué situación quedaría nuestra política exterior? ¿Estaría dispuesto el señor Borrell, encargado del ramo en Bruselas, a bendecir la posición del Gobierno del país que representa en el caso de ser contraria a la suya? Me da la impresión de que en este asunto van triunfando las tesis del tándem Iglesias-Zapatero, que pretenden hacer el tripartito con Nicolás Maduro. La ministra de Exteriores no hace otra cosa que preparar el terreno para lo que va a venir, soltando una prenda que tiene escaso valor tranquilizador para quienes esperan una verdadera democratización en Venezuela. Hay que partir del principio de que los socios del Gobierno son los partidarios del grito de ‘democracia real ya’, popularizado desde las acampadas del 15-M, que poco tiene que ver con el que garantiza el Estado de derecho constitucional de que disponemos en España. El que avisa no es traidor. Tendremos presupuestos con el bloque de investidura, tal y como anuncia Pablo Iglesias, apoyaremos todo aquello que se le ocurra a Maduro en Venezuela, y actuaremos, igual que lo hicieron los griegos de Syriza en su momento, con la consecuente reacción interventora de los salvadores al mando de la señora Von der Leyen. ¿Y esto a cambio de qué? París bien vale un colchón.