después del paréntesis

Enredos

Lo que se proclama es las ligaduras descocidas. Cuando los ingresos, que eran muchos, venían, paz contable. Disimulaban. Porque es inverosímil que una empresa se gaste el 70% de su presupuesto en sueldos. El Fútbol Club Barcelona dedica el 30% del resto, incluidas las obligaciones fiscales, a su desarrollo. Mal remedio. Y aconteció lo que se temía: 8 a 2. Un desastre sin paliativos. Por más si la condición que los sublima es que son “más que un club”, catalanes y no españoles. De donde el Barcelona es distinto al Betis o al Tenerife.
No es cierto. Son entidades inscritas en una liga para competir. La armadura deportiva en su punto. ¿A qué alcanza la cantidad de millones que se han gastado?, ¿a costear a un futbolista en préstamo que les marcó dos goles? Una sociedad deportiva con más de mil millones de euros de presupuesto apenas cuenta con 14 jugadores estimables. Lo razonó un entrenador (Setién): al Barcelona los cinco cambios no le favorecen. Su explicación fue falsa; no contaba con efectivos estimables para esos cambios.
Así, perder 300 millones en una temporada es un desastre; más si se avecina otra merma similar. Y ahora el Fútbol Club Barcelona sostiene lo inevitable: reconvertirse. ¿Cómo ajustar? ¿Si profesionales sobran, les pagaran las fichas del contrato para echarlos? Y más: ¿A quién comprar?, ¿por cuánto?
Lo que la condición manifiesta es el enredo. El futbolista más importante del club, formado ahí en lo físico, lo personal y lo profesional, ha llegado al límite. Y entonces la decisión. Que no es solo una pérdida impar, sino una rémora económica considerable. ¿Qué queda?, ¿a algunos miembros expresos de una junta directiva con la soga al cuello les hubieran venido bien los millones de Messi? Por otro lado, lo que analizan los expertos. Si creas monstruos (para aceptar o rechazar compañeros -Ibrahimovic, Villa, Griezmann…-, para decidir si dejas hablar o no a un entrenador (le ocurrió a Luis Enrique y el caso Setién fue aplastante) o torcerle el brazo al presidente, el monstruo responde: un buró fax.
¿Tiene derecho Messi a marcharse gratis del Barcelona? Difícil. El City no pagará. Messi se queda. Con palabras lacerantes: “No hay proyecto ni hay nada; se van haciendo malabares y tapando agujeros”. ¿Qué queda? No un club; el lamentable y actual refugio del catalanismo condicionado que se llama Fútbol Club Barcelona.

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