
Hasta hace poco más de un año, en el cuartel de la Guardia Civil de Alcora (Castellón) todos conocían a Izan (1993, Málaga) como Carmen González. Una agente malagueña recién llegada que tras estudiar ciencias del deporte durante cuatro años se había dado cuenta de que, en realidad, lo de ser profesora no iba mucho con ella. Y de que lo que verdaderamente le hacía feliz era seguir el ejemplo de su padre: convertirse en guardia civil.
En aquel entonces, Carmen tenía 22 años. Ingresó en la academia de guardias de Valdemoro (Madrid), se preparó las oposiciones, superó las pruebas teóricas y físicas, hizo un año de prácticas en Haro (La Rioja) y la destinaron a su primer cuartel. Sin embargo, había algo en ella que no iba bien.
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