en la frontera

Política y opinión pública

La atención a la opinión pública no significa sólo atención a la opinión mayoritaria, ni mucho menos. La política democrática debe tener particular sensibilidad para atender a las demandas de grupos y sectores minoritarios que manifiestan un especial compromiso ético-político en la solución de graves problemas que aquejan a nuestra sociedad, y trascendiéndola, al mundo entero, y que representan, en cierto modo, aquello que se denominaba conciencia crítica de la sociedad. La conciencia ecológica, el antimilitarismo, el reparto de la riqueza, el compromiso con los desposeídos, la crítica de una sociedad consumista y competitiva, la reivindicación de la dignidad de la condición femenina, la denuncia de una sociedad hedonista y permisiva, etc., son tantas manifestaciones de una particular sensibilidad ética. A veces, es cierto, estas tomas de postura se hacen con manifestaciones desmesuradas y reduccionistas o totalizantes, pero que nunca el político, la política, debe dejar de tener presente estas cuestiones, con el equilibrio y mesura que deben caracterizarle.

Una respuesta cumplida a las demandas y expectativas de la sociedad de nuestro tiempo, requiere estar abierto también a las nuevas sensibilidades y hacer una ponderada valoración de sus diversas manifestaciones, sabiendo distinguir los compromisos auténticos de los oportunismos y de las estrategias de lucha partidista. Algo, que, como se ve, no parece que esté al alcance del actual ejercicio de la política, preocupada únicamente de los sondeos de opinión.

Mucho se ha discutido, se discute y se discutirá acerca del sentido del interés general en los sistemas democráticos. Para unos, es la voluntad de la mayoría la que debe prevaler unilateralmente en cualquier caso, pasando por encima, si es menester, de las minorías. Para otros, entre los que me cuento, el interés general constituye la expresión del bien de todos y de cada uno de los ciudadanos en cuanto a miembros de la comunidad, de manera que el gobierno a la hora de aplicar sus políticas ha de tener en cuenta esta realidad y evitar la función de apisonadora que tantas veces comprobamos que constituye la esencia del mal gobierno en el seno de nuestras ‘ilustradas’ democracias. En cualquier caso, la teoría política sigue de moda. No podía ser de otra manera porque, estando todo inventado, también en materia de sistemas de gobierno, se observa una cierta vuelta a perspectivas unilaterales, de corte totalitario, desde las que se intenta a toda costa levantar concepciones de la democracia periclitadas, bien sea por su imposibilidad racional de implementación (democracia de identidad) bien sea por su incapacidad real para posibilitar gobiernos con capacidad de atender a los intereses generales entendidos desde el pensamiento abierto, plural, dinámico y complementario. Metodología desde la que las instituciones sociales y políticas han de ser revisadas permanentemente para que no se alejen de su verdadero sentido, para que atiendan siempre y en todo momento a la efectividad de los derechos fundamentales de las personas
A pesar de que Sartori ha señalado certeramente que la democracia liberal ha vencido porque es la única democracia real que se ha podido aplicar, los intentos de desnaturalizar el gobierno de todos, para todos y por todos para implantar sistemas de gobierno de unos pocos, de una parte, por relevante que esta sea, sigue estando presente tal y como se demuestra en el mundo en el que vivimos.

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