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Recursos humanos

La pésima gestión de la pandemia por parte del Gobierno español –y también del canario- incluye un caos organizativo, una contradicción permanente en análisis y medidas y recomendaciones, y una ausencia de información y de transparencia. Es una gestión que influye negativamente en todos los aspectos y circunstancias de la vida de los ciudadanos, y que es particularmente nefasta en dos sectores de singular transcendencia: la sanidad y la educación. Por si fuera poco, nuestros partidos y nuestros políticos añaden a este desastre el uso de la pandemia como arma de lucha partidista. Ahí está, por ejemplo, la manipulación que el Gobierno y toda la izquierda hacen de la preocupante situación sanitaria de Madrid y del dolor de los madrileños para atacar a la presidenta de la Comunidad.

En lo que se refiere a la educación y al nuevo curso académico, lo que está sucediendo en todo el país -y también en Canarias-, entre la improvisación y el desconcierto, es especialmente preocupante porque se está jugando con la salud no solo de miles y miles de niños, sino de miles y miles de familias. Pues bien, en este apartado hay una cuestión de la mayor relevancia que no está siendo destacada –ni analizada- como se merece. Entre la batería heterogénea de medidas y contramedidas que se improvisan de un día para otro se ha anunciado la contratación de miles y miles de profesores que se califican como de refuerzo, para mejorar las ratios de alumnos por profesor y garantizar el necesario aislamiento entre unos y otros. Pero no se nos informa de los criterios que se van a seguir –o se han seguido- para contratar a esos profesores en los distintos niveles educativos, ni tampoco de los contratos que se les van a ofrecer en cuanto a duración y salarios. Y menos aún se nos dice cómo se van a coordinar esos profesores recién llegados con los profesores de los centros, que se supone ya tienen plenamente elaborados sus diseños curriculares y la planificación de sus cursos. Es evidente que una mala coordinación entre unos profesores y otros puede disminuir la calidad de la enseñanza, al contrario de lo que se pretende con el aumento del número de docentes.

A la vista de lo que está sucediendo, los ciudadanos no debemos esperar demasiadas aclaraciones sobre tales interrogantes, por importantes que sean. Incluso es muy posible que muchos responsables políticos ni siquiera tengan muy claras las respuestas; entre otras cosas, porque no tienen ni idea de la complejidad del asunto. Ahora bien, la noticia de esas contrataciones masivas lleva implícita otra noticia absolutamente impactante. Significa que hay miles y miles de profesores perfectamente cualificados que están en el paro y que van a ser incorporados al sistema educativo –no se sabe por cuánto tiempo- gracias a la pandemia. ¿Y hemos tenido que esperar al virus para contratarlos? ¿Por qué no habían sido contratados antes si su incorporación iba a mejorar la calidad de la enseñanza? Se nos dirá que porque no había presupuesto para financiar esos contratos. ¿Y ahora sí lo hay? ¿Nos podemos permitir tal dispendio de recursos humanos cualificados y listos para trabajar? ¿Lograremos sobrevivir a los políticos que nos desgobiernan?

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