superconfidencial

The New York Times

Según el prestigioso rotativo The New York Times, los españoles y los portugueses no somos blancos. Es decir, que a mí me toca celebrar la cosa por los dos lados: mis antepasados fueron portugueses y canarios y mi nacionalidad es española. Este periódico de Nueva York, en los últimos tiempos, va dando tumbos y contando […]

Según el prestigioso rotativo The New York Times, los españoles y los portugueses no somos blancos. Es decir, que a mí me toca celebrar la cosa por los dos lados: mis antepasados fueron portugueses y canarios y mi nacionalidad es española. Este periódico de Nueva York, en los últimos tiempos, va dando tumbos y contando disparates, quizá contagiado del animal de Trump, el Tea Party y todas las zarandajas de la ultra derecha americana. Hay un chiste, o lo que sea, que contaba siempre Ángel Isidro Guimerá, paz descanse. “Papá, ¿qué es la lógica?”. “Niño, te lo voy a explicar con un ejemplo”. “Dime, papá”. “Tu abuela va por el pasillo con un periódico en la mano. Veo que se trata de The New York Times. Tu abuela no sabe inglés, luego lo más lógico es que se dirija al cuarto de baño a cagar y después se limpie el culo con el periódico”. “Papá, ya sé lo que es la lógica entonces”. Bien, pues el rotativo americano sostiene que españoles y portugueses no somos blancos, pero tampoco nos cataloga: no dice si somos negros, amarillos o cobrizos. Los blancos son los ejecutivos de Park Avenue y los lobos de Wall Street, aunque después de lo de Lehman Brothers y sucedáneos ya quedan pocos de esos. Ahora las fortunas se concentran en Silicon Valley. Estos ejecutivos no leen The New York Times, sino quizá el Washington Post y Los Angeles Times. O no, que tampoco sigo muy de cerca el gusto del yanqui fino. No vale decir que los medios de comunicación se han vuelto locos. Ni tampoco que los países están gobernados por pirados, cuyo único afán es sobrevivir cojonudamente a costa de los más pobres, que son a quienes más engañan. Hemos llegado al punto de que oyes toser a un tío y sales corriendo, como si fueras Urdangarín huyendo de Jesús Mariñas.