tribuna

Dignidad. ¿Es posible? (Por Jose Carlos Alberto Bethencourt)

Hace unos días, con motivo de mi último acto institucional como director de la Real Sociedad Economica de Amigos del País de Tenerife, hice unas reflexiones sobre “la dignidad,” y su significado. Hoy, recordando a Adán Martín, al que sigo llamando frecuentemente, pero sigue sin cobertura, pensé que, revisando, consultando y ampliando las reflexiones merecía un artículo.

Derechos humanos y democracia constituyen hoy verdaderos dogmas contra los que nadie se atreve a alzar la voz. Son ideas centrales en el mundo contemporáneo, tanto en la vida política cotidiana de los países, como en el desarrollo de las relaciones internacionales, hasta tal punto que, en muchas ocasiones, estas relaciones, quedan supeditadas a la existencia o no de estándares mínimos en estos aspectos.

Igualmente, no podemos olvidar que los derechos humanos, al menos en sus contenidos mínimos recogidos en la Declaración Universal de 1948, se consideran como parte del código internacional.

Pero llama la atención que esa importante valoración de los derechos humanos y la democracia, no la podemos observar en relación con la idea que les es fundamental: la dignidad humana. Este es su fin. Sin dignidad no hay ni Democracia ni Derechos Humanos.

“La dignidad es ser tratado como lo que uno es”. En la tradición filosófica estoica de Cicerón, se califica como dignidad, la posición destacada que el público atribuye a una persona honesta, que se preocupa por su propia cultura, por el honor y la discreción. Por el contrario, ciertas formas de vida se consideran indignas, aunque se escondan dentro de ropajes muy respetados. Esta concepción de la dignidad, fundada en la condición social, no debe dar por supuesta la idea de superioridad.

El ser humano es digno por sí mismo, con independencia del aprecio, reconocimiento o valoración social. Lo humano, la naturaleza humana es concebida con una dignidad y un valor intrínsecos. Y lo es, fundamentalmente, por la autonomía que expresa la capacidad de autodefinirse y autoconstruirse de las personas.

La dignidad se fundamenta así, en la naturaleza moral del ser humano, en su capacidad para conocer el bien, distinguirlo del mal y optar por él, como lo señala Kant, un filósofo de la Ilustración, para algunos, aunque tardío, el más importante. Con el desarrollo de la modernidad y la posmodernidad, o la posverdad, de todos esos “pos” que nos invaden, ya vemos la dignidad como una dimensión más amplia, ha pasado de ser entendida, no como un hecho, sino como un deber de respeto.

Ya el artículo 10.1 de nuestra Constitución Española de 1978, establece que la dignidad, junto con los derechos humanos que le son inherentes, son el fundamento del orden jurídico y de la paz social. ¿Es por ejemplo este Artículo el que algunos quieren cambiar de la Constitución?

No puedo dejar de señalar, además, la dignidad inherente, no solo al ser humano sino la que corresponde a todos los seres vivos, es decir la DIGNIDAD DE LA VIDA, hoy tan en boga por distintos motivos.

Así, por ejemplo, en toda clase de contextos jurídicos, inspira innumerables debates éticos, como los que se le plantean a la bioética (aborto, eutanasia, manipulación genética, clonación). Está en el origen de causas sociales como, entre otras muchas, el sindicalismo, el feminismo, el ecologismo o el animalismo. Incluso, ya en nuestro siglo, ha desencadenado el movimiento social de los indignados.

La dignidad es obviamente un valor individual, pero no cabe duda de que hoy hay que reseñarla y meditarla como valor colectivo. Es natural que nos preguntemos si los colectivos poseen dignidad humana. Sobre el tema hay un denso y acalorado debate filosófico: ¿Es solo la suma de los valores individuales? ¿Son las personas las que construyen la dignidad de un colectivo? ¿es necesaria una cultura común mínima de respeto y dignidad para poder convivir? ¿Son las conductas indignas personales y colectivas responsables, en parte o en todo, del caos y desconcierto social actual?

¿Es digno o indigno prometer lealtad al Rey en un cargo ejecutivo y luego promover la desaparición de la institución monárquica? ¿Es digno tolerarlo?

¿Es digno o indigno prometer o jurar guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del estado y NO ACEPTAR los contenidos que no nos gusten, y no digo debatir, sino ignorarlos desde un puesto ejecutivo?

¿Son dignas o indignas, promesas electorales que luego no se cumplen? ¿Es decir, mentir ostensiblemente?

¿Sería digno o indigno aceptar compensaciones presupuestarias a cambio de silencios migratorios o territoriales? ¿Lampedusa o Lesbos tienen precio?

La dignidad o indignidad: ¿es de derechas o Izquierdas? ¿Es Felipe Gonzalez de derechas o izquierdas? ¿Y Rodríguez Ibarra, y Alfonso Guerra? ¿Se exige tener dignidad en cualquier ideología o si la tienes te cambian de etiqueta?

¿Es ser de derechas no condenar la corrupción o también ocurre en la izquierda? ¿se es mas de derechas o izquierdas por no consensuar con el que piensa distinto y no solo con el afín?

¿Se puede mantener mucho tiempo la confusión social forzada, para obtener beneficios electorales desde cualquier ideología?
¿Estamos poniendo en peligro `los principios democráticos? No son republicanos o monárquicos: son democráticos y se pueden defender desde las dos formas de estado o de gobierno.

¿La dignidad humana obliga a cubrir las necesidades básicas de los que las necesitan? ¿Alguien duda hoy que el bienestar social es responsabilidad del Estado y la Sociedad Civil?

A pesar de mi edad, últimamente escucho, además de la música que me gusta, otra que llamamos de “poetas urbanos”, cantautores tipo Joaquín Sabina. En una de sus canciones dice: “que ser cobarde……. No salga barato”. Desgraciadamente está saliendo gratis.

Me he entretenido y no me he dado cuenta de que había perdido la cobertura…tengo un mensaje de origen desconocido en el buzón que dice: “Que pena, para eso no luchamos. De todas formas: Dignidad, Decencia, Renovación, Constitución, Estatuto de Canarias y no perder los valores”. No sé quién lo habrá escrito, pero si sé quién lo diría si tuviera cobertura. Como dice el Tata Viejo: “El mejor de los negocios siempre ha sido el ser decente”.

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