política

La izquierda que dice querer ganar pero hace de todo por perder

La retirada de la candidatura a liderar Podemos Canarias de la diputada grancanaria Meri Pita, tras una campaña bronca, evidencia las tensiones internas en la formación

Imagen de archivo de un mitin de Podemos en diciembre de 2015/Fran Pallero
Imagen de archivo de un mitin de Podemos en diciembre de 2015/Fran Pallero

Nadie podrá decir en Podemos y sus confluencias que la historia no les lanzó señales de humo para avisarles de que la división de la izquierda siempre conduce a la derrota final. Les pasó en España, cuando, tras las luchas fratricidas entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, perdieron 29 diputados de una tacada en abril de 2019. Les pasó en Galicia, donde el espacio de la izquierda alternativa de identidad galleguista, en la que estaba incluido Podemos, se sacó la piel a tiras durante cuatro años y se quedó sin ningún diputado en las elecciones autonómicas del pasado 20 de julio. Y ya veremos lo que ocurre en Canarias, donde la carrera a la III Asamblea autonómica de Podemos se ha saldado con una campaña interna bronca y la retirada de la candidatura liderada por la exsecretaria general de Podemos Canarias, la diputada grancanaria Meri Pita, que pone en duda el sistema de votación.

“No entiendo la decisión, se trata del mismo sistema que ha funcionado en Podemos desde el principio”, afirma Laura Fuentes, directora general de juventud y candidata a secretaria general de la otra lista, afín a la actual líder, la consejera Noemí Santana, y avalada de manera oficiosa por Pablo Iglesias y Alberto Rodríguez. “Eso no es así”, afirma Meri Pita. “Hasta Vistalegre II [el congreso donde produjo la ruptura entre Iglesias y Errejón], el sistema de votación lo auditaba una empresa externa. Pero ahora se gestiona desde el partido. En Vistalegre III, hubo varias reclamaciones y se filtraron a la prensa posibles fallas. Yo no creo que haya habido trampas, si no, no estaría en Podemos, pero el sistema funciona como una caja negra donde uno no sabe cuántos votos entran, salen o se anulan. Por eso pedimos el censo a la Secretaría Organización, saber cuánta gente votaba, cuántos votos se declaraban nulos y por qué. Pero nuestra petición, firmada por 1.456 inscritos, no ha sido atendida por la Secretaría de Organización. Por eso hemos pedido que se aplace la asamblea”.

Este nuevo desencuentro reproduce un conflicto que seguía latente desde la última Asamblea autonómica de Podemos, en 2017, en la que Noemí Santana fue elegida secretaria general. Santana, hasta entonces aliada de Meri Pita, impulsó una candidatura de la mano de Alberto Rodríguez. “Una traición cesarista en toda regla”, afirma una persona cercana a Meri Pita. “Nosotros estuvimos pidiendo que se hicieran las cosas de otra manera durante mucho tiempo”, afirma Laura Fuentes, que también estaba en el equipo de Pita y se fue con Santana. “Intentamos pactar una candidatura con ellos pero nos llamaron traidores”. “Meri Pita es tóxica”, apunta una persona relevante en la organización durante los primeros años. “Con Noemí se puede trabajar, con ella, si no eres de su cuerda, es imposible. Sacó a Miguel Montero e Ylenia Pulido del pacto en el Cabildo de Gran Canaria con Antonio Morales. Y ahora está Cochi Monzón, que es de las suyas, gobernando con NC, y no dice nada”.

En esos años, Pita tuvo un gran enfrentamiento con Sí Se Puede, que forma parte con Podemos de la coalición Sí Podemos Canarias, que se presentó a las últimas elecciones autonómicas. Pero durante la legislatura pasada, cuando Podemos toleraba la doble militancia, muchos miembros de SSP se inscribieron en la formación y coparon las listas electorales y los cargos orgánicos de Podemos en Tenerife, elegidos a través de primarias. “Nos declaró la guerra”, afirma una persona de SSP. “Nosotros les pedimos que entraran definitivamente en Podemos, pero los compañeros de SSP siempre nos vieron como una amenaza”, afirma Pita. “Meri intentó equilibrar la influencia de SSP, que estaba sobredimensionada, y abrir el partido a los círculos”, afirma una persona cercana a ella. “Y allí, criticando a SSP, también estaban Noemí y Alberto, aunque luego se aliaron a todos ellos para quitar al sector de Meri”, afirma. Esta persona también piensa que una victoria de Pita habría sido una garantía para presionar al Pacto de las Flores desde la izquierda e impulsar cuestiones como la soberanía alimentaria y energética, frente a la “inclinación socialdemócrata” de Noemí Santana, “que viene de Nueva Canarias”.  “Muchas de las medidas de izquierdas de este Gobierno están vinculadas a la presencia de Podemos”, afirma Laura Fuentes.

A Pita, que, a finales de los setenta y principios de los ochenta, fue del sector del abogado Fernando Sagaseta en la Unión del Pueblo Canario, el más exitoso de los fallidos intentos de la izquierda canaria, sus críticos la consideran la clásica comunista de aparato, dura e implacable. “Eso es parte de un relato de gente que, en muchos casos, ni siquiera me conoce”.