Sociedad

Las mil caras de Santiago Abascal

Sus fracasos y triunfos están en boca de todos, pero ¿qué revela su particular estilo de comunicación y conducta no verbal?

Santiago Abascal, presidente de Vox desde 2014, es de esas personas que no pasan desapercibidas. Levanta tantos odios como pasiones. A pesar de que comenzó su trayectoria política desde muy joven, casi de la noche a la mañana, pasó de ser un completo desconocido para muchos españoles, a ser uno de los rostros más frecuentes del panorama político. Sus fracasos y triunfos están en boca de todos, pero ¿qué revela su particular estilo de comunicación y conducta no verbal?

Seguro y provocador

Por lo general, exhibe gran aplomo y seguridad en sus discursos públicos. Con el pecho elevado, el torso erguido y los brazos abiertos, su envergadura corporal aumenta para proyectar una imagen visual más grande, la de un rival imponente. Sin embargo, con frecuencia observamos como se aferra al atril con las manos, quizás buscando un apoyo físico, o como una forma de disimular su escasa expresión gestual. A pesar de su parquedad, en lo que se refiere a lenguaje corporal, hay dos gestos que repite con frecuencia. La mano alzada que recuerda a los grandes líderes autoritarios, así como el repetidísimo empleo del “dedo acusador”, un dedo índice estirado que señala, que culpa o censura, especialmente cuando hace referencia a sus rivales. Un gesto que denota cierto grado de agresividad o provocación.

La esfinge

Como punto fuerte, cabe señalar que el líder de Vox posee una mirada directa, penetrante y focalizada. No vacila, no esquiva a su interlocutor. Proyecta fuerza y firmeza, aunque para mostrarse como un verdadero líder también es necesario transmitir emociones, conectar con la gente a través de una expresión cercana y amable. En este sentido, Abascal carece de ese toque emocional. No sonríe de forma natural. No transmite un semblante afable. Su lenguaje corporal es similar al de una esfinge: rostro serio, ceño fruncido y gestualidad reducida. Trata de mostrarse imperturbable, contenido y sereno. Pero sus habituales expresiones faciales de orgullo y desdén comunican ciertos aires de superioridad y/o soberbia.

Su lado vulnerable

No cabe duda de que Abascal se siente como pez en el agua entre multitudes. Se viene arriba con el calor de sus fervientes simpatizantes. En este escenario sabe como brillar, desplegando elocuencia, intensidad y convicción. Es coherente, dice lo que piensa, y su cuerpo responde en sintonía con sus palabras. Sin embargo, en las distancias cortas y entrevistas más personales, pierde un poco de fuerza, incluso muestra cierto nerviosismo y cohibición. Le delatan los ´gestos manipuladores´, como el que muestra esta imagen en la que acaricia o juega con su anillo. Este tipo de gestos revelan su lado vulnerable, el que cualquier persona puede mostrar cuando una situación le hace sentir cierta inseguridad.

Simbolismo y apariencia

La marcada línea ideológica, y el simbolismo que la acompaña, son dos pilares distintivos en la imagen de Vox y de Abascal. Y así lo comunica también con su apariencia, estilismo y escenografía. Todo está cuidadosamente estudiado: los objetos que le rodean, los colores de su atuendo y complementos, todo está en sintonía. Lleno de detalles que refuerzan lo patriótico y corporativo de la marca Vox.