el charco hondo

Marzo

A la economía le pasa lo que a los hámsters, necesita estar siempre en movimiento; el instinto de supervivencia (el de los hámsters, y el de la economía) les dicta que sus articulaciones y músculos terminan resintiéndose si se detienen. Sin reparar en el engaño de la rueda, los hámster corren pero no avanzan. Creen que están escapando de algo, y no. Hace décadas que la economía canaria cree estar dejando atrás la pobreza, la brecha social que arrastramos, pero tampoco. El modelo económico de las Islas, impulsado por el turismo porque siendo realistas no nos queda otra, no ha logrado doblegar la ola de pobreza que nos tiene corriendo sobre una rueda con la voluntad, el instinto y el nulo resultado del hámster, incapaces de avanzar un milímetro porque nuestra rueda productiva no lo ha permitido. Los datos de la vieja normalidad nos ponen delante del espejo de la nueva normalidad que se nos está echando encima. Antes de que la pandemia nos obsequiara con el cero turístico Canarias encabezaba la pobreza en la liga autonómica de las brechas sociales. Uno de cada tres canarios sufre o está en riesgo de sufrir pobreza y exclusión social, diez puntos por encima de la media del país. En 2019 cerca de 800.000 canarios afrontaban gravísimas dificultades en el día a día, y el 57% de la población tenía dificultades para llegar a final de mes, piezas de un rompecabezas al que dan forma hogares con baja intensidad de empleo, retribuciones que nos ponen en el pelotón de cola o, entre otros indicadores, una pobreza infantil que se ha incrementado en seis décimas en apenas un año, situándose en una tasa del 27,4%. Y todo esto antes de que una pandemia nos elevara a la categoría de región que peor parada saldrá de una crisis que castiga especialmente al turismo. En esto que nos cae la plaga epidemiológica, pero lo peor de la última EPA, la del martes, no son los datos que nos deja, sino la realidad que nos anuncia para cuando el espejismo de los ERTE deje de camuflar la destrucción masiva de empleo, la segunda ola laboral. No hay que esperar a enero o febrero para confirmar que marzo será el peor mes de nuestras vidas, ni para agilizar, simplificar y muscular leyes, normativas y departamentos directamente implicados en la lucha contra las urgencias que se nos vienen encima. Más nos vale prepararnos para no pasarnos 2021 haciendo el hámster, corriendo sobre la rueda sin avanzar un solo centímetro en la lucha contra la brecha y la exclusión social. Canarias no debe esperar a marzo para declarar el estado de alarma social.

TE PUEDE INTERESAR