tribuna

Tenemos una industria fantástica y debemos blindarla

La pandemia traerá nuevos hábitos de consumo y las empresas estamos obligadas más que nunca a ofrecer experiencias significantes que merezcan ser vividas, y además debemos empezar a compartir y comunicar una visión social más integradora y que incluya objetivos no sólo económicos sino también sociales, medioambientales…
Migue Villarroya

Hace unos días me ponía a pensar en las razones que nos han llevado adonde estamos, y creo que tal vez no hemos sabido explicar la importancia del turismo, ni dentro ni fuera de las Islas. Siempre hemos tenido todas las cualidades para ser líderes mundiales en el sector, pero somos unos acomplejados y no somos capaces de trabajar sobre este caballo ganador para llevarlo a la excelencia.

Localización, clima, seguridad, paisaje… Teniendo en cuenta estas características, las Islas Canarias deberían ser el referente internacional del turismo, pero no hemos sabido unir intereses públicos y privados en una estrategia común que nos lleve hasta el pódium (sólo hay que ver el litoral de Los Cristianos para darnos cuenta de ello). Enseñemos el turismo desde la escuela, transmitamos su importancia a los niños para que entiendan que debemos protegerlo, mimarlo y aprender a mantenerlo y mejorarlo. Porque genera cultura y riqueza para los canarios.

No paramos de hablar de la excesiva dependencia que tiene Canarias del Turismo y que por tanto debemos de buscar industrias complementarias que nos hagan depender menos de él; y es verdad que hay que hacerlo, pero al mismo tiempo tenemos que recordar que el turismo generó para nuestras islas más de 16.000 millones de ingresos en 2018. Además, por cada 100 euros de valor económico del turismo, de efectos directos, se generan 50,7 euros en toda una serie de sectores directamente vinculados y dependientes de un sector que emplea a 343.000 personas, ¡un 40% del empleo!

Pensemos lo que es que de cada 100 empleos creados directamente por el sector se generen 39 en ramas de otras actividades, que el 35% de los impuestos recaudados en Canarias provienen del Turismo y que en 2018 fueron casi 2.500 millones de euros, a pesar de que el gasto público en el sector es de 1.000 millones. En el sector privado, sólo este año el empresariado invirtió en las actividades relacionadas 1.100 millones de euros.

Tenemos que discutir el modelo que queremos y este tiene que ser sostenible en el tiempo partiendo de la realidad que tenemos hoy; y tenemos que ver cómo podemos seguir evolucionando como destino diferencial para los europeos y abrir otros mercados, definiendo la forma en la que queremos mostrarnos al mundo. Y eso debe pivotar en esos atributos diferenciales exitosos que nos hacen ser únicos y destacar en esta industria.

Claro que tenemos que buscar industrias complementarias, pero eso no quita que seamos los mejores en turismo, porque hemos visto en los números anteriores que es indudable que es un sector económico que sí aporta valor. En el mundo empresarial lo tenemos claro: cuando una empresa va bien lo primero que se hace es blindarla. Protejamos lo nuestro, invirtamos en carreteras, en arreglar el litoral, en mejorar las edificaciones… Y en paralelo busquemos otros caminos.

Pero si no nos protegemos ya, llegaremos tarde al tren, ahora que el Sur de Europa está siendo cada vez menos estacional con la subida general de temperaturas. Hay que hacer autocrítica. La pandemia traerá nuevos hábitos de consumo y las empresas estamos obligadas mas que nunca a ofrecer experiencias significantes que merezcan ser vividas, y además debemos empezar a compartir y comunicar una visión social más integradora y que incluya objetivos no sólo económicos sino también sociales, medioambientales…

Aunque déjenme decirles que no se me ocurre nada más social, per se, que una empresa. Reivindiquemos la capacidad social de las empresas, que nacen con un objetivo muy definido que es la creación de puestos de trabajo. Demos el valor adecuado al contrato social implícito en la relación entre empresa y empleado. Como organizaciones empresariales debemos empezar a compartir un propósito con nuestros empleados y con la sociedad y este no debe ser otro que intentar hacer del lugar donde nos encontramos un lugar mejor para vivir, para trabajar, para el mañana de nuestros hijos.

Estamos en un contexto complicado, difícil de gestionar, que nos pilló a todos desprevenidos, pero en nosotros está la solución. La sociedad civil ha de tomar conciencia de que esto va de todos y debemos extremar las medidas que todos sabemos. Las empresas debemos hacer lo posible para apoyar y buscar soluciones de una forma proactiva e incluso mostrar el camino, y los políticos deben coger el toro por los cuernos y accionar todas las palancas para proteger a la población de la ruina y la miseria a la que estamos abocados si esto no cambia. En tiempos extraordinarios, medidas extraordinarias. No acabo de entender cómo en esta situación no tenemos la capacidad de articular para que las competencias no sean un problema. Por no haber tomado soluciones en su momento podemos ver lo que ha funcionado bien en otras islas (Taiwan, Madeira, Nueva Zelanda) donde se ha ejercido un control férreo en puertos y aeropuertos, implantando una estrategia higiénico sanitaria muy efectiva.

Y termino, ya, con el lema de la campaña de reelección de la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinta Ardem, “Go hard, go early”, algo que aquí ya no podemos aplicar porque vamos tarde, muy tarde. Lo dejaré en un “más vale tarde que nunca”. Pero tarde es ya.

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