por quÉ no me callo

El papa que no tiene papas en la boca

Al papa Francisco le habría gustado ver cómo se desenvuelve, en su lugar, Robert Francis Prevost. Cómo desde hace poco más de un año se ha hecho con el puesto, como pontífice y como líder mundial, frente a Trump. Este papa no tiene papas en la boca.

Es un orgullo que León XIV, un peruano-estadounidense desprejuiciado y valiente, que se enfrenta a la Casa Blanca y a Silicon Valley, sea de origen canario y la semana que viene nos lo vayamos a tropezar por la calle. No sé si dirá como Fidel que se siente “como un guanche”, pero se va a sentir como en casa. Este mes hace treinta años de cuando el Comandante de Cuba -la isla que es objeto del deseo del mismo que codicia Groenlandia- respiraba el aire del Teide, hijo de Lina Ruz, de orígenes canarios. León XIV desciende de un emigrante palmero.

Canarias, como Cuba en 1998 con Juan Pablo II, se dispone a recibir al papa. Y un debate sobre la inteligencia artificial y el Anticristo, por delirante que nos parezca, tiene atrapados a tecnooligarcas de EE.UU. como Peter Thiel (PayPal y Palantir), que se creen dioses llamados a crear una nueva criatura, la IA, sin límites con respecto a la especie humana. Estos locos multimillonarios, que están dispuestos a cargarse la democracia (tal cual), declaran Anticristo al poder que se interponga en su camino. O sea, al papa, que, en realidad, es el AntiTrump.

La encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, pone pie en pared y baja a la tierra a este clan de lunáticos forrados que forman la corte imperial del magnate republicano. La guerra de Irán se está haciendo con el software de Palantir (suya, por tanto, habrá sido la metedura de pata de bombardear por error la escuela de primaria que mató a todas las niñas).

El CEO de esta empresa puntera de la industria bélica, Alex Karp, es coautor de un reciente libro, La república tecnológica, que propugna el uso de la IA como armamento militar del Estado frente a amenazas globales. Peter Thiel, uno de sus fundadores, viajó a Roma, días antes de la encíclica, a dar conferencias, a pocos metros del Vaticano, sobre el mencionado Anticristo.

Cuando Juan Pablo II, en tiempos menos distópicos, visitó Cuba, Manuel Vázquez Montalbán lo contó en un libro que tituló Dios entró en La Habana. Por la misma regla de tres, ahora Dios viene a España el sábado y cierra el viaje en Canarias, cuando se cuece un Apocalipsis digital.

En ciento y pico páginas lo que viene a decir es que se dejen de fantasear pretendiendo que la inteligencia artificial reemplace al ser humano y lo declare prescindible. “Hay que desarmar la IA”, sentencia el papa desafiante. Bajarle los humos, ponerla en su sitio. Trump, el dinosaurio, no se ha enterado del meteorito que amenaza acabar con la especie humana. Por eso el papa se ha plantado.

Tanto Sánchez como Bernie Sanders, el rojo demócrata que recorre EE.UU. con 84 años, predican lo mismo que el papa contra el monstruo tecnológico de la supercasta transhumanista.

Este es un momento peligroso, porque la nueva bomba nuclear, que no será almacenada, sino usada, se cocina mientras el presidente de los EE.UU. es una versión achaplinada de dictador bailando con el globo del mundo hasta que se le explote en las manos.

El papa es la némesis de Trump por la guerra y la inmigración, y ha empatizado con Sánchez, que comparte sus mismas tesis. El lunes 8, cuando León XIV pronuncie un discurso en el Congreso, el no a la guerra y el sí a la solidaridad con los migrantes va a poner en pie a los diputados progresistas. ¿Qué harán PP y Vox? El papa recuerda que perseguir al débil que viene de fuera no es propio de católicos.

En Roma, hace unos días, el papa y Sánchez cerraban filas en las antípodas de lo que piensa la oposición en España. León XIV viene a un país que está al rojo vivo. Políticamente, la crucifixión ya es parte de la liturgia. Con todas las suspicacias -como sobre Fidel en la visita de Juan Pablo II-, la derecha española, afanada en censurar al presidente, teme que la presencia del papa pueda ungir a Sánchez como si fuera la coronación de un monarca.

De lo que no cabe duda es que esta gira por España y las Islas del jefe de la Iglesia podrá brindarnos lecciones de humanidad de las que estamos carentes. Y acaso quienes adulteran creencias desconfíen de cómo pueda influir el papa entre los votantes con fe en ideas que tienen a España dividida. Por si más de uno decida no ser tildado de racista ni genocida y se borre de esa lista.

El papa está a favor de la regularización de migrantes, que tanto espanta a los de la prioridad nacional. Y está a favor de una paz justa, “desarmada y desarmante”, como si lo dijera con un verso de Cernuda, en tiempos tan difíciles que solo nos queda rezar.

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