La Casa Blanca

Donald Trump: el peor presidente de la historia de EE.UU.

Ningún mandatario estadounidense había llevado la democracia al límite por no aceptar la derrota

Han pasado casi 20 días desde las esperadas elecciones presidenciales en Estados Unidos. En esta ocasión, las circunstancias impuestas por la pandemia, obligaron a que los comicios se desarrollaran en gran parte por medio del voto por correo, una opción legal y tradicional en Estados Unidos. Esas mismas circunstancias hicieron que el registro de votos llegara en muchos casos con cuentagotas, siendo una de las elecciones en las que las actualizaciones de datos tardaron más tiempo en consolidarse. Aún así, pronto empezó a quedar claro que si bien en principio los resultados parecían favorecer a Donald Trump (dado que la mayoría de sus simpatizantes votaron en persona y los votos presenciales se contabilizaron primero), pronto la ventaja sería para su rival Joe Biden, quien, a medida que han ido pasando las semanas, se ha situado a la cabeza por una diferencia que ya ni siquiera se puede calificar de ajustada.
Sin embargo, Donald Trump no está dispuesto a admitir su derrota ni a aceptar la voluntad del pueblo estadounidense, y está abusando del poder de su cargo para tratar de revertir los resultados de las elecciones, orquestando una campaña de presión de gran alcance para persuadir a los funcionarios republicanos en Michigan, Georgia y otros estados para que anulen los resultados en un escenario francamente alarmante.

La democracia en peligro

Hasta ahora, Trump ha estado insistiendo en que el pleito imaginario se resolverá en los tribunales. No olvidemos, que como magnate inmobiliario esa fue siempre su estrategia: demandar a sus rivales hasta arruinarlos con denuncias infinitas. Después de que los tribunales han rechazado decenas de acusaciones infundadas de la campaña de Trump de fraude electoral generalizado, el presidente ahora está tratando de quedarse en el poder con un asalto total a la integridad del voto difundiendo información errónea, por no decir mentiras, y tratando de persuadir a los republicanos leales para que manipulen el sistema electoral en su nombre en una jugada escandalosa y desvergonzada.
En una conferencia de prensa extraordinaria en la sede del Comité Nacional Republicano, sus abogados afirmaron sin pruebas que había una conspiración centralizada con raíces en Venezuela para manipular las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Ya el abogado Rudy Giuliani había sugerido que muchos votos fueron enviados a Barcelona (en la lista de Trump, España aparece como un país comunista). El equipo legal alegó fraude electoral en Atlanta, Detroit, Milwaukee, Filadelfia y otras ciudades cuyos gobiernos municipales están en manos demócratas y donde el presidente electo Joe Biden ganó por amplios márgenes, sin que se hayan proporcionado pruebas que respalden esa o cualquier otra afirmación de fraude.

Inquietud razonable.

En el Capitolio los demócratas de alto nivel han expresado su preocupación calificando estas maniobras de cercanas a la traición y que socavan la esencia misma de la democracia.
No solo los demócratas están en desacuerdo con la peligrosa pataleta del aspirante a dictador, algunos republicanos han empezado a romper filas y a ponerse del lado de la democracia. El senador Mitt Romney está entre quienes han condenado las acciones de Trump diciendo que “el presidente ha recurrido ahora a la presión abierta sobre los funcionarios estatales y locales para subvertir la voluntad de la gente y anular las elecciones”, añadiendo que “es difícil imaginar un acto peor y más antidemocrático por parte de un presidente estadounidense en funciones”. Trump está desdeñando el resultado del sufragio al intentar evitar que los estados clave certifiquen sus resultados, mientras recluta a funcionarios estatales republicanos para anular las victorias de Biden al colocar a los electores de Trump en el colegio electoral. Es decir, está tratando de cambiar las reglas del juego después de haberse celebrado las elecciones con el fin de adulterar los resultados.

La confianza de Biden

Joe Biden se está mostrando confiado (quizás en exceso) en que el esfuerzo cada vez más intenso de Trump para mantener el poder fracasará. El enfoque de Trump por el momento se centra en Michigan, donde Biden es el ganador proyectado y lidera por más de 157.000 votos. Trump invitó a los líderes del Senado y la Cámara estatales republicanos de Michigan a reunirse con él en la Casa Blanca antes de la junta de escrutinio estatal de mañana para certificar los resultados. La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, mostró su preocupación al explicar que las leyes del estado no permiten los trucos que el presidente en funciones está tratando de sacarse de la manga al reunirse con los republicanos a sus espaldas.

En Georgia y Pensilvania, donde los republicanos también controlan las legislaturas locales, los funcionarios dijeron que la estratagema de Trump tenía pocas posibilidades de éxito.

Un importante asesor del secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger (R), dijo que no hay posibilidades de que el secretario reciba una llamada telefónica del presidente o sus asesores. Sin embargo, durante los últimos días, Trump ha estado acosando públicamente a los supervisores electorales para que intervengan en el recuento, descarten papeletas y ‘cambien’ el resultado, que actualmente muestra a Biden como vencedor.

Un perdedor sin precedentes

Nunca en la historia de los Estados Unidos un presidente se ha negado a salir de la Casa Blanca pacíficamente. De los 44 presidentes que sirvieron antes de Trump, 35 cedieron voluntariamente el poder a su sucesor después de que terminara su límite de dos mandatos, perdieron una elección o decidieron no postularse nuevamente. Otros ocho presidentes murieron y uno renunció.

¿Qué pasa si Donald Trump se niega a abandonar la Casa Blanca?

Hay varios pasos que conducen a que un presidente electo asuma el control total de la Casa Blanca el día de la inauguración, el 20 de enero de 2021. Estos incluyen la fecha límite para resolver las disputas en las papeletas electorales, así como el resultado de la votación de los colegios electorales, que se cumple el 14 de diciembre. Después de esa fecha, el vicepresidente Mike Pence anunciará los resultados de las elecciones el 20 de enero. Podría ser que para entonces haya primado la presión sobre Trump para que acepte (al menos en privado) su derrota.
De lo contrario, no hay ningún precedente de que un presidente que haya perdido las elecciones se atrinchere en la Oficina Oval, por lo que nadie puede decir con certeza qué ocurrirá. Lo que sí se sabe es que una vez que se hayan resuelto las disputas legales y si se demuestra que ha sido derrotado, realmente no tiene ningún derecho a permanecer en la Casa Blanca. Los profesores de ciencias políticas tienden a coincidir en que si el presidente se niega a dejar la oficina, el Servicio Secreto y el FBI entrarán en acción. De tener que sacar a Trump a rastras de la Casa Blanca, posiblemente se desataría una crisis nacional. Aunque muchos confían en que Donald Trump atienda a razones y evite una posible guerra civil únicamente para librarse de ir a la cárcel debido a multiples procesos en su contra, o pagar sus cuantiosas deudas, no hay que olvidar que en estos momentos Trump está tratando de dejar a la nación en la peor posición simplemente con la intención de dificultar el trabajo a su sucesor y llamando a la rebeldía con sus incesantes tuits en lo que solo se puede describir como la actitud de un mal perdedor que prefiere, antes que admitir su derrota, “que arda Roma”.