el charco hondo

Flaco asintomático

No es grasa, es aire. Convencido de que pasarse el día con la mascarilla provoca que se acumule CO2 -de ahí a intoxicarse, ahogarse o marearse solo hay un paso, suele decir- lleva meses respirando rápida y superficialmente, con ansiedad, desequilibrando los niveles de oxígeno o carbono y, sobre todo, metiéndole al cuerpo más aire de lo que un flaco puede acoger, con lo que se infla y a ojos de terceros parece que está gordo, pero no, lo suyo es solo aire, y así se explica que siendo flaco la imagen que proyecte sea la de un pez globo, y que como tal esté comportándose del confinamiento a esta parte con esa ilimitada capacidad de hincharse tomando aire (y alguna que otra bebida espirituosa) cuando se asusta delante del espejo o si lo atacan preguntándole cuántos kilos ha engordado, hasta el punto de que una vez, en un almuerzo con amigos, tanto se lo restregaron que, reaccionando como lo hace el pez globo, multiplicó varias veces su tamaño y obligó al resto a cederle la cabecera de la mesa, para que tuviera espacio suficiente. No es grasa, es aire. No es que durante el confinamiento matara las horas cavando en la nevera, ni que en el transcurso de aquellas semanas la happy hour (la copita, tú sabes) se extendiera como las humedades, llegando a fundir en un solo cuerpo -el suyo- el espacio temporal que une el aperitivo del almuerzo con la sobremesa de la cena. Tampoco guarda relación con el cierre del gimnasio, la desgana sobre la cinta de correr o con haber perdido los buenos hábitos. No está gordo, se le ve gordo -no es física, es óptica-. Con la mascarilla ha terminado respirando hacia dentro y, por si no bastara con el espejismo que el aire genera cuando se amontona en su interior, los elásticos tiran de las orejas hacia delante, convirtiéndolas en un embudo por donde también se le dispara la entrada de aire, por no hablar de que la presión de la mascarilla sobre la cara hace que cachetes y papada lo acerque, otra vez, al aspecto del pez globo. Está flaco, pero asintomático. Incomprensiblemente, aunque sigue siendo flaco -dice- los síntomas que deben manifestar su delgadez no se dejan ver, no así los otros, esos síntomas que a ojos de amigos, conocidos y familiares le dan apariencia de gordo sin serlo, porque él, como no se cansa de repetir, no es gordo, es flaco solo que asintomático. No es la grasa, es el aire. No es que la pandemia lo tenga picando a todas horas, es el aire. Está flaco, pero asintomático.

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