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Joe Biden, presidente electo de EE. UU.

Análisis de las políticas del líder demócrata, proclamado ayer vencedor de las elecciones
Joe Biden, presidente electo de EE.UU. | EUROPA PRESS

Los comicios de 2016 se celebraban tal día como hoy, 8 de noviembre y el resultado hace cuatro años sacudió al mundo. Donald Trump era elegido presidente, y si bien no ganó el sufragio popular, consiguió los votos de los colegios electorales necesarios para empezar su administración. Cuatro años después, Estados Unidos proclama a su nuevo presidente tras unas elecciones más reñidas de lo esperado y que prometen batallas legales que tal vez no lleguen a ningún lado, pero ahora mismo todo apunta a que los demócratas volverán a la Casa Blanca con Joe Biden ocupando el despacho oval y Kamala Harris como mano derecha de un mandatario que posiblemente dé un mayor protagonismo a su vicepresidenta de lo habitual, teniendo en cuenta las posibilidades, dada su edad, de que sea la primera mujer negroasiática en poder convertirse en las urnas en presidenta de la nación. Pero en un país tan dividido, ¿qué podemos esperar del presidente Joe Biden?

Los primeros 100 días

El demócrata tendrá que abordar urgentemente la pandemia y reconstruir las relaciones globales. El nuevo presidente electo enfrentará enormes presiones para implementar una creciente lista de prioridades en una variedad de temas que van desde la política exterior hasta la crisis climática, revirtiendo muchos de los duros cambios implementados por su predecesor.

Pero la primera y más urgente tarea de Biden durante sus primeros 100 días en la Casa Blanca será implementar un nuevo plan nacional para combatir la crisis del coronavirus que se ha cobrado más de 237.000 vidas en los EE.UU. e infectado a millones, más que cualquier otro país del mundo, además de tomar medidas para solucionar las desastrosas consecuencias económicas. Ser moderado le puede haber hecho ganar las elecciones a Biden, pero no le garantiza un mandato libre de guerras internas en un partido demócrata con un ala liberal cada vez más influyente y hambrienta de cambios institucionales importantes para tratar de responder a algunas de las preguntas más urgentes sobre el futuro del país.

El nuevo presidente, además, tendrá que lidiar con una Cámara de Representantes debilitada por las ganacias republicanas de escaños en estas elecciones y un Senado de derechas. Si consigue darle la vuelta a la cámara alta, Biden y su equipo podrían promulgar sus planes más ambiciosos para una presidencia con el mismo sentimiento que el de Franklin D. Roosevelt, que vio los amplios programas de recuperación y ayuda del New Deal en respuesta a la crisis económica de la década de 1930, según los medios estadounidenses. Los presidentes entrantes a menudo traen consigo una nueva mayoría en el Senado.

En 1980, la elección de Ronald Reagan aportó 12 victorias republicanas en el Senado. En 2004, cuando George Bush ganó la reelección, los republicanos ganaron cinco escaños. Y cuando Barack Obama fue elegido presidente en 2008, los demócratas recuperaron ocho escaños en el Senado. El control del Senado es crucial para la presidencia de Biden. Sin él, es casi seguro que gran parte de su agenda se quedará en el limbo. Biden ha dicho que hay una franja oculta de senadores republicanos en funciones abiertos a trabajar con los demócratas bajo su Administración. Pero los senadores actuales se han mostrado un poco más pesimistas.

Un plan contra la Covid

Al momento de la toma de posesión prevista para el 20 de enero de 2021, más de 350.000 estadounidenses habrán muerto por coronavirus. La campaña de Biden ha propuesto un plan basado en la ciencia que incluye la obligación de usar mascarillas a nivel nacional (aunque las autoridades locales tendrían la última palabra sobre la implementación y se prevé que encontrará una férrea resistencia); Biden expandirá las pruebas y el rastreo de contactos, y buscará medidas que eviten las facturas médicas inesperadas por los tratamientos contra la COVID, así como una mayor financiación federal. Este sentimiento de urgencia se recoge en un proyecto de ley de asistencia que los legisladores no han podido aprobar en las últimas semanas. Mientras que los demócratas han estado presionando por un paquete de 2 billones de dólares, los republicanos se han resistido al costo, especialmente en relación a la expansión de los test. Además, Biden presionaría por una extensión de la Ley de Atención Médica Asequible de Barack Obama (Obamacare), que Trump y sus aliados han intentado en repetidas ocasiones desmantelar, para eventualmente convertirlo en lo que él mismo denominó durante uno de los debates presidenciales como Bidencare, permitiendo la continuación de los planes privados de seguros y garantizando la cobertura a los pacientes con condiciones médicas preexistentes.

Relaciones internacionales

A lo largo de su campaña presidencial, Biden ha compartido una lista con los votantes de lo que haría si fuera elegido presidente, mucho de su contenido dirigido a revertir directamente el trabajo de la administración anterior. Biden podría generar una oleada de acciones ejecutivas que abordan cuestiones urgentes de política exterior para hacer frente a las cuestiones más apremiantes. Estas incluyen la reincorporación al Acuerdo Climático de París, del que Estados Unidos salió el 4 de noviembre, 24 horas después del día de las elecciones. También se reincorporaría al acuerdo nuclear de Irán de 2015, en el que Teherán acordó limitar sus actividades nucleares a cambio del levantamiento de duras sanciones económicas, aunque ya Israel ha mostrado su preocupación, asegurando que de ser así, habrá guerra en la región. Para el día de la inauguración, quedarán poco más de dos semanas antes de la expiración del tratado New Start, el único acuerdo de control de armas que sobrevivió a la era Trump. Si Moscú está dispuesto (y el presidente ruso, Vladimir Putin, ha sugerido que sí), el tratado podría extenderse hasta por cinco años. Biden revertirá las prohibiciones de viaje de la administración Trump para los visitantes de países musulmanes.

La plataforma de Biden había sugerido la convocatoria de una cumbre de democracias en su primer año en el cargo, en un esfuerzo por retomar su posición como “líder del mundo libre” para Estados Unidos. Una opción sobre la mesa es la firma presidencial anticipada de una legislación, ya acordada por el Congreso, para frenar el apoyo de Estados Unidos a la guerra liderada por Arabia Saudita en Yemen.

Europa reencontrará en Biden a su aliado estadounidense, y el Reino Unido podría verse obligado a repensar sus alianzas sin el apoyo económico prometido por Trump. Las relaciones con China seguirán siendo tensas, pero sin una America First, es posible que termine o se suavice la guerra de aranceles, pero sin descuidar el hecho de que China, ya no sea visto como un enemigo, pero definitivamente, como un peligroso competidor.

Además, los demócratas de alto rango también dicen que Biden actuará de inmediato para restaurar la membresía de Estados Unidos en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y reanudar las contribuciones financieras.

El gabinete de Biden

Ya están comenzando a surgir tensiones sobre con quién podría ocupar su gabinete. En público y en privado, los grupos demócratas han comenzado a elaborar estrategias. El mismo Biden se ha comprometido a formar un gabinete más diverso que cualquier otro anterior. Poderosos líderes demócratas también han abogado por que la administración de Biden incluya a los afroamericanos que dirigen agencias distintas al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano o al Departamento de Transporte. Pero en términos de ideología, los demócratas liberales han comenzado a presionar silenciosamente para que sus líderes más radicales como la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, el senador de Vermont Bernie Sanders o Lael Brainard, miembro de la junta de gobernadores de la Reserva Federal, obtengan posiciones poderosas y de alto perfil. Warren ha sido mencionada como posible secretaria del tesoro o fiscal general. Sanders está pensando en dirigir el Departamento de Trabajo. Se espera que Biden traiga aliados cercanos a la Casa Blanca si gana, muchos de ellos más centristas que liberales. Ron Klain, exjefe de gabinete de Biden cuando era vicepresidente de la administración Obama, podría regresar. El senador de Delaware, Chris Coons, ha sido mencionado en los círculos de política exterior como un posible secretario de estado, junto con la exasesora de Seguridad Nacional de la administración Obama, Susan Rice. Algunas de las posibles designaciones dependen del resultado de las otras elecciones de 2020. Uno de los mencionados es el exsenador Jeff Flake, un conservador anti-Trump de Arizona y una de las personas más admirables en la vida pública para tal vez un importante puesto de inmigración.

Probablemente la secretaria de Defensa será Michele Flournoy, quien fue subsecretaria del Pentágono en la primera administración de Obama. Si eso fracasa, una buena alternativa sería Jeh Johnson, el jefe de Seguridad Nacional bajo Obama. Una prioridad inmediata para la Administración de Biden será un ‘zar’ de COVID, con una figura que asuma el cargo como el general retirado Stanley McChrystal. y la experta en salud Nancy-Ann DeParle. A largo plazo, debería haber un zar del cambio climático global: Michael Bloomberg o John Podesta no se descartan.
El antiguo asistente de Biden y ex asistente principal de la Casa Blanca, Ron Klain, es visto como un candado para el jefe de gabinete. Pete Buttigieg, ocuparía alguna posición como el mejor comunicador de los demócratas.

El partido tiene también una bancada femenina fuerte en el Congreso, y en los estados, y las expertas políticas jugarán un papel importante en la configuración de la próxima administración.

Reforma policial

Existe una fuerte expectativa de que el Congreso considere algún tipo de paquete de reforma policial luego de las protestas masivas del verano por el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis, o Walter Wallace en Filadelfia, aunque no está claro si las propuestas podrían sobrevivir al estancamiento partidista del proceso legislativo.

Hay que destacar que hasta que no se certifique la declaración de presidente electo, esta es provisional, están recontando votos y hay demandas legales, pero Donald Trump tiene muy pocas posibilidades de quedarse en la Casa Blanca y Joe Biden puede ya considerarse el Presidente 46 de los Estados Unidos de América.

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