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Claves para entender el juicio político a Trump

El martes empieza el segundo ‘impeachment’ de Donald J. Trump
IMPEACHMENT
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SUJA 21

Donald Trump fue acusado por la Cámara de Representantes el 13 de enero por un artículo que lo acusa por su papel en la violenta insurrección protagonizada por una turba a favor del presidente saliente en el Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021.

Los cargos también citan la llamada telefónica del 2 de enero efectuada por Trump en la que instaba al secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger, a “encontrar” suficientes votos para anular los resultados electorales del estado como parte de su esfuerzo “por subvertir y obstruir la certificación de los resultados de las elecciones presidenciales de 2020.”

La Cámara controlada por los demócratas aprobó abrir el juicio político en una votación de 232-197, con diez republicanos defendiendo al todavía presidente, en la votación más bipartidista sobre un juicio político presidencial en la historia.

La misma cámara del Senado que fue invadida por los insurgentes acogerá el sombrío juicio político de Donald Trump, mientras los senadores sopesan si deben convertirlo en el primer presidente descalificado permanentemente para ostentar un cargo público en el futuro.

Este proceso da inicio justo un año después de que se produjera una situación similar. El primer impeachment de Trump estuvo hasta cierto punto libre de drama porque su resultado final nunca estuvo en duda: el Senado absolvió a Trump de los dos cargos por tratar de influir en los resultados de las elecciones comprometiendo a una nación extranjera. En esta segunda edición, la mayores diferencias radican en que Trump ya no es presidente, el Senado será de mayoría demócrata, los abogados defensores de renombre no hacen fila para defender a Trump; y los republicanos pueden estar menos unidos en su apoyo a él, aunque por esperpéntico que pueda parecer, todavía tiene seguidores en lo que los mismos republicanos conservadores han empezado a denominar el “culto a Trump”. El Senador Mitt Romney, de Utah, llegó a decir recientemente : “en la tienda republicana no hay suficiente espacio para los conservadores y los chiflados”.

Los aliados del expresidente están implorando a su equipo de juicio político que eviten a toda costa un tema específico cuando defiendan a Trump: el asalto mortal al Capitolio. A pesar de la probable nueva absolución del exmandatario, algunos de sus más fervientes partidarios temen que el juicio pueda dañar aún más su reputación si sus abogados deciden sacar a colación los hechos del 6 de enero en los que cinco personas perdieron la vida, incluido un oficial de policía del Capitolio. Además de los fallecidos en el asedio, dos policías se suicidaron en las horas siguientes presuntamente víctimas de estrés postraumático. Según algunos medios estadounidenses, el expresidente, además privado de su micrófono Twitter, ya está perdiendo fuelle dentro de su partido, y las encuestas recientes muestran una fuerte disminución en el apoyo para una posible candidatura de Trump en 2024. Un juicio ampliamente televisado que recuerde a los votantes los momentos inquietantes en los que los devotos de MAGA agredieron a los agentes del orden y tomaron la sede de la democracia, daña aún más sus aspiraciones políticas futuras.

El equipo legal de Trump parece tener inquietudes similares de que los procedimientos de la próxima semana se convertirán en un recuento de alto perfil de los disturbios y su papel en ellos. Para evitar que eso suceda, sus abogados han centrado su caso en si es constitucional acusar a un presidente después de que deje el cargo. También planean argumentar que Trump no participó, diciendo que su feroz discurso en Capitol Hill está protegido por la Primera Enmienda, sin entrar en detalles de lo que ocurrió a continuación.

La estrategia demócrata podría centrarse en desprestigiar al expresidente de forma permanente, ya que lo más probable es que Trump salga absuelto con una cuarentena de senadores republicanos que ya han mostrado no tener interés en condenarlo, que hará casi imposible que 17 republicanos se unan a los demócratas para conseguir los votos necesarios para un veredicto de culpabilidad.

Alentados por esas perspectivas, algunos aliados están presionando para que Trump use el juicio para reintroducir sus acusaciones de fraude electoral e irregularidades en las elecciones de 2020. El abogado Alan Dershowitz, quien formó parte del equipo legal que representó a Trump durante su primer juicio político y se negó a representarlo nuevamente, dijo que enfocarse en el fraude electoral sería un “grave error”. Sin duda, el juicio político será seguido en el mundo entero, aquí les presentamos una pequeña guía para entenderlo:

Inicio del ‘impeachment’

En virtud de un acuerdo entre los líderes demócratas y republicanos del Senado, el juicio empezará el 9 de febrero para dar tiempo al acusado para preparar una defensa y permitir que los legisladores se ocupen de otros asuntos prioritarios para la nueva Administración Biden.

Duración del juicio político

No hay un plazo determinado para que concluya, aunque todo apunta a que será más breve que el anterior que se dilató 21 días, ya que tanto a los republicanos como a los demócratas les urge pasar página.

Cargos

El cargo que lleva a Trump a su segundo impeachment fue respaldado por los 222 demócratas presentes más 10 republicanos en la Cámara de Representantes y acusa a Trump de incitar a la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos que interrumpió la certificación de la victoria de Biden. El artículo por el que se le imputa, también refleja los esfuerzos de Trump para revocar los resultados electorales certificados, incluyendo una llamada telefónica en la que presionó al secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger, para que “encontrara” los votos suficientes para revertir la elección de ese estado.

El proceso

El senador Patrick Leahy preside el tribunal, como miembro principal del partido mayoritario, a diferencia de 2020, cuando el cargo lo ocupó el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, según lo dispuesto por la Constitución de Estados Unidos. Esta vez el Senado ejerció cierto margen de maniobra sobre la cuestión nunca antes litigada de quién preside el juicio de un expresidente.

De acuerdo con las reglas del Senado, cada día del juicio político debe comenzar al mediodía a menos que se acuerde lo contrario y durar seis días a la semana, interrumpiendo solo los domingos, aunque al ser uno de los abogados de Trump judío, posiblemente tampoco se lleve a cabo los sábados, con el fin de respetar el Sabbath.

Los administradores de la Cámara que funcionan como fiscales serán los representantes Jamie Raskin de Maryland; Diana DeGette de Colorado; David Cicilline de Rhode Island; Joaquin Castro de Texas, Eric Swalwell y Ted Lieu de California; Stacey Plaskett de las Islas Vírgenes; y Madeleine Dean de Pensilvania. Los abogados Barry Berke y Joshua Matz fueron contratados para asistir en las labores de la fiscalía.

La defensa estará encabezada por David Schoen, quien representó al asesor de Trump, Roger Stone; y Bruce L. Castor Jr., ex fiscal general interino de Pensilvania. Inicialmente Trump había contratado a un equipo de cinco abogados prominentes, pero decidieron retirarse de la defensa una semana antes del juicio político. Los abogados del primer juicio político, no han mostrado interés en volver a defender al señor Trump.

Los demócratas aún no han anunciado si llamarán a testigos, ni quienes serían. El expresidente Donald Trump no testificará y no presentará una declaración escrita, confirmó su abogado después de que los demócratas solicitaran la comparecencia del expresidente para prestar testimonio. Una declaración escrita se había llegado a considerar por el equipo legal anterior.

La labor de los Senadores durante el juicio se limita principalmente a sentarse y escuchar. Durante el juicio de Trump el año pasado, los senadores pasaron como oyentes largas noches y para asegurarse de que prestaban atención, se les prohibió llevar teléfonos y otros dispositivos electrónicos. En este caso, no está claro si el Senado hará algún ajuste para el distanciamiento social.

La cuestión de constitucionalidad

La legalidad de un juicio político en el Senado después de que un presidente deje el cargo es una cuestión sin precedentes. Una línea dispersa, pero consistente de destituciones no presidenciales en el pasado sugiere que el Senado tiene autoridad legal para llevar a Trump a juicio incluso después de haber finalizado su mandato. Por una votación de 55 a 45, los senadores el 26 de enero anularon una objeción del republicano Rand Paul, quien intentó declarar inconstitucional. La estrategia de la defensa se apoyará en las dudas que suscita la legalidad del proceso.

Las apuestas

La probabilidad de que Trump sea condenado es casi inexistente, por lo que las apuestas lo dan como ganador. Se necesitan dos tercios de los votos de los senadores para condenarlo, lo que significa que si los 100 senadores votan, al menos 17 republicanos tendrían que darle la espalda a Trump. Mitch McConnell, el líder republicano, podría dar una sorpresa, ya que, aunque no ha ido tan lejos como para decir que votaría contra el expresidente, sí ha condenado públicamente los hechos, muchos senadores republicanos dicen que condenar a Trump dividiría aún más al país.

Intenciones

En caso de que Trump fuera condenado, una mayoría simple de senadores podría descalificarlo por votación para volver a ocupar un cargo federal. Trump ha amenazado con presentarse a las elecciones presidenciales en 2024, una perspectiva que alarma a los demócratas y complica las ambiciones de otros republicanos que ambicionan ocupar la Casa Blanca. Si es declarado culpable, Trump también podría perder muchos de los beneficios otorgados a los expresidentes, que, según una ley de 1958, incluyen una pensión vitalicia, un presupuesto de viaje anual y fondos para una oficina y personal. La protección de por vida por parte del Servicio Secreto es un beneficio que no se vería afectado.

El juicio político de Trump tiene un significado histórico, ya que es la primera vez que un presidente ha sido acusado dos veces.

Mientras tanto, los planes del presidente Biden durante el juicio político son continuar con su trabajo como si no se estuviera llevando a cabo. La Casa Blanca está elaborando una apretada agenda para el presidente centrada en la pandemia del coronavirus y la economía; reuniones con funcionarios estatales y locales, todo con el objetivo de demostrar que está en lo que importa y que el juicio político de su predecesor es agua pasada y de ninguna manera, una distracción.

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