el charco hondo

Raíces

Las raíces de lo que está ocurriendo no deben buscarse en la superficie, sino bajo tierra. En el subsuelo se mueve la explicación, y las causas, que explican las tensiones que la presencia de inmigrantes están alimentando. Las tiendas de campaña de Las Raíces simbolizan el penúltimo parche, confirman que el plan no era el plan, sino otro que poco se parece al relato ministerial. Hay plan, sí, pero bien distinto al que los ministros llevan meses contándonos. El plan nunca fue movilizarse diplomáticamente en los países africanos o en los despachos de Bruselas, facilitar instalaciones, acondicionarlas e incrementarlas para acoger a los inmigrantes que han llegado y a los miles que están al llegar, derivar sin ruido pero sin pausa, repatriar con garantías pero sin demora o implicar al resto de Comunidades Autónomas (¿cómo es eso de que teniendo la documentación en regla para subir a un avión deben demostrar que les espera familia, vivienda y trabajo?). El plan era otro, otra la estrategia que está en la raíz de esta crisis múltiple, la decisión fue (y es) mantener a los migrantes en las Islas como solución más estructural que temporal. No se ha llegado a esta situación por error u omisión, dejadez o desatención, los meses han desdibujado esa hipótesis. El plan consistía en ganar tiempo perdiéndolo. Y ahora qué. Los bulos y la xenofobia deben denunciarse, sí, pero sofocar los conatos de odio y estupidez resulta tan imprescindible como insuficiente, no basta. Hay que desnudar el plan que el plan esconde, y exigir, como hizo recientemente el presidente del Gobierno regional, que se acelere el tránsito de los migrantes hacia la Península o Europa. Las palabras de Ángel Víctor Torres deben traducirse en la exigencia de una reunión urgente con los ministros correspondientes (en Moncloa, con presidente o vicepresidenta a la cabeza), encuentro al que bien podrían asistir los portavoces de los grupos parlamentarios de la Cámara regional. Esta crisis no se resuelve con visitas o declaraciones solemnes en el Congreso, la situación exige un encuentro de primerísimo nivel del que salgan con un listado de tareas inmediatas. Hay que plantarse en Madrid, y con Madrid. Hay que cortar de raíz (o raíces) la espiral que está incubando la decisión silenciada de tener a los inmigrantes paseando fantasmalmente por las Islas, frustrados, desesperados, sintiéndose fracasados, abandonados en una gasolinera. Este plan no es plan. Hay que sacar las raíces de la crisis a la superficie, mostrarlas y actuar.

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