política

Pablo Iglesias la ‘arma’ y redibuja el tablero en la pugna de la izquierda con Díaz Ayuso

El todavía vicepresidente segundo abre el camino a su sucesión al frente de Unidas Podemos designando a Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y militante en el PCE, como su sustituta en el Gobierno
Ilustración: Suja 21.
Ilustración: Suja 21.

Los prejuicios están tan arraigados en el inconsciente colectivo que era imposible pensar que Pablo Iglesias pudiera renunciar a su puesto de vicepresidente segundo. Cualquiera de sus detractores, que los tiene a millones, prefería imaginarlo aferrado al poder, como Maduro en Venezuela. Pero Iglesias, que lleva siete años causando indigestión a la derecha española y a una buena parte de la izquierda, hizo uno de esos movimientos rápidos y sorprendentes que han convertido a la política en un juego de posiciones frenético. Con ese ritmo  implacable que finiquita liderazgos de manera abrupta. Miren si no a Rajoy, decapitado de repente por una moción de censura inesperada; o a Albert Rivera, de joven promesa a fracaso estrepitoso en solo unos pocos  meses.

Algo debía pasar en Unidas Podemos, que languidecía poco a poco en el panorama electoral, con la reciente barrida en Galicia y la importante bajada en el País Vasco de las elecciones de julio pasado. Pero muchos tendían -me incluyo a veces- a imaginar a Pablo Iglesias encantado con sus batallas de Gobierno, pelándose con la ministra de Economía, Nadia Calviño, por pura cuestión de goce narcisista, minusvalorando siempre la contribución del vicepresidente segundo a cuestiones importantes, como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional, o su empuje en la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital, por muchos errores que todavía tenga. Y entonces, cuando nadie lo imaginaba, Iglesias decidió volver al origen de su militancia política, Madrid, y señalar a su sucesora al frente de Unidas Podemos (UP), Yolanda Díaz.

Muy bien valorada en las encuestas, al contrario que Pablo Iglesias, Díaz, gallega, hija de sindicalista, ni siquiera es miembro de Podemos, sino militante del PCE, y será la primera vicepresidenta abiertamente comunista de la historia de España. Sin embargo, también es la ministra del  ‘diálogo social’ que ha negociado los ERTE con empresarios y sindicatos, evidenciando que ser comunista no significa no poder sentarte y pactar con tu antagonista político en una mesa. Como hizo el PCE en la Transición. O como hicieron tantas veces los comunistas italianos con la democracia cristiana. Su nuevo liderazgo, que probablemente seduzca a votantes alérgicos a esa cosa entre irreverente y adánica de Pablo Iglesias, también despierta incógnitas: ¿Qué será de Podemos si la líder de UP no es militante de ese partido? ¿Será el lugar desde donde actúe Pablo Iglesias? ¿Surgirá un nuevo sujeto político donde confluyan todos con una estructura orgánica?

Ahora Iglesias se va a Madrid, como Illa se fue a Cataluña, y seguramente consiga para UP ese 5% que es la barrera electoral para acceder a la Asamblea de Madrid, en una campaña donde Isabel Díaz Ayuso se las prometía felices  y sin sobresaltos. Lo que está por ver es si la polarización que implica la llegada de Iglesias activa a votantes que no sean los de la izquierda más clásica, bien arraigada en Madrid por décadas y décadas de lucha obrera. O si un hipotético tándem con la gente de Más Madrid, donde Iglesias no descarta ser segundo de la lista si así lo deciden unas primarias, devolverá la ilusión por un proyecto progresista a la izquierda del PSOE que ya se rompió por las luchas fratricidas entre Iglesias y Errejón.

En medio de la pelea que se prevé entre Ayuso e Iglesias, allí estará Gabilondo con su sereno aspecto de fraile metafísico. Las encuestas dicen que se mantiene en escaños. Y quizá ese ánimo sosegado le ayude a recoger algunos votos social-liberales de Ciudadanos, en proceso de descomposición. O quizá no pegue ni con cola en esta contienda de retórica tan polarizada. Es muy pronto para saber. Lo dirán los madrileños el 4 de mayo. Como dirán si les parece que Ayuso es una iluminada o una líder audaz. O si este viaje sorprendente de Pablo Iglesias mereció la pena.

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