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Pedro y Pablo

Pablo Iglesias necesitaba una coartada para huir del Gobierno; y la convocatoria de las elecciones madrileñas se la ha dado, permitiéndole, además, conservar a toda su gente en el Ejecutivo para seguir presionando a Pedro Sánchez desde dentro, mientras él lo hace desde fuera. En la cohabitación gubernamental con el presidente, el líder de Podemos se ha tropezado con un político todavía con menos escrúpulos que él, más mentiroso y más implacable en el uso de todos los medios para alcanzar el único fin de toda su acción política, que es mantenerse en el poder a cualquier precio, cueste lo que cueste. Un político que le estaba erosionando gravemente su imagen al dejarlo en evidencia una y otra vez, y poner de manifiesto con reiteración que quien manda y decide en la agenda política es el líder socialista, que, por si fuera poco, se reserva la interpretación del contenido del pacto que une a sus dos fuerzas políticas. La penúltima ha sido la negativa a atender el deseo podemita de limitar por ley el precio de los alquileres, y en el futuro se anuncian más renuncios públicos. De modo que el deterioro de su imagen, junto a la sangría de votos que le anuncian todas las encuestas, han decidido a Iglesias a aprovechar la ocasión y saltar del tren en marcha, presentándose, además, como el salvador de la izquierda madrileña, un salvador que viene a impedir que sea masacrada por la presidenta Díaz Ayuso.
Ahora bien, ¿Iglesias va a salvar a alguien o algo aparte de su propia reputación política? ¿Tiene posibilidades reales de alcanzar un pacto que le permita participar en el Gobierno madrileño? Todo indica que no. La intención de voto a favor de la presidenta crece de continuo, Vox mejora sus resultados y Ciudadanos corre serio peligro de no alcanzar ni siquiera la barrera electoral del 5% y quedar fuera de la Asamblea (el número protagonizado ante los medios por el expresidente Ignacio Aguado y el portavoz en el Congreso Edmundo Val para justificar que la ineptitud política del primero obliga a que le sustituya el segundo como candidato fue patético y esperpéntico, de vergüenza ajena). Mientras tanto, Gabilondo, el candidato socialista, acaba de anunciar que no pactará en ningún caso con Iglesias, aunque, por supuesto, se trata de una mentira electoral más, a la que no hay que hacer mucho caso. Aun así, suponiendo que Podemos repitiera en Madrid el acuerdo gubernamental nacional con el PSOE, y consiguiera vencer las reticencias de Más Madrid y Errejón, el enemigo personal de Iglesias, las cuentas no le saldrían. Porque las encuestas nos están diciendo que su presencia en las listas podría significar un par de escaños más para Podemos, pero no mucho más. Ahora la imagen pública de su líder dista mucho de ser la de hace unos años.
Isabel Díaz Ayuso le está demostrando a su propia gente, incluyendo a Casado, como se lleva un partido y se hace frente a situaciones políticas inesperadas y peligrosas: es la auténtica antítesis de Rajoy y de Soraya. Eso explica su tirón electoral y por eso es muy mala adversaria para las aspiraciones del líder podemita, que se ha puesto tan nervioso que la está amenazando con la cárcel. Ya sabemos que los comunistas encarcelan a quienes se le oponen, pero no parece que Iglesias pueda hacerlo, y que, tal como están las cosas, hace bien en preocuparse.

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