política

Dos expresidentes, una sala a medio gas y un destino incierto

Jerónimo Saavedra y Paulino Rivero conversaron ayer sobre el futuro del Archipiélago en un encuentro celebrado en el Parlamento
Dos expresidentes, una sala a medio gas y un destino incierto. Fran Pallero
Dos expresidentes, una sala a medio gas y un destino incierto. Fran Pallero

La tentación de quedarse uno en casa cuando hay posibilidad de ver un acto por streaming siempre es grande. Pero me viene a la cabeza una frase del periodista Chaves Nogales que tengo escrita en una bolsa de tela: “Andar y contar es mi oficio”. Así que vamos al Parlamento, que hay un diálogo sobre el futuro de Canarias tras la covid con dos expresidentes del Gobierno autónomo, el socialista Jerónimo Saavedra y el nacionalista Paulino Rivero. Como presentador, el presidente de la Cámara, Gustavo Matos, que ha montado unos saraos de este tipo hasta finales de 2022, cuando se cumplen 40 años de parlamentarismo en las Islas.

Nadie se agolpaba ayer para ver a los expresidentes. De hecho, quedaba alguna silla sin ocupar en la Sala Europa. Pero el vacío más llamativo era la ausencia de algún rostro conocido de Coalición Canaria que acompañase a Rivero. La cosa acabó tensa, pero hasta Pedro Sánchez aprieta los dientes y dice cosas buenas de Felipe González.

Hablar sobre el futuro es pura volatilidad, como recordó ayer Saavedra, que citó un informe del Real Instituto Elcano del año pasado que hacía un análisis del mundo asumiendo que iba a haber un escenario de populismo nacionalista de derechas, mientras que ahora suspiramos aliviados por las políticas keynesianas de Biden, que trata de reconstruir algunos consensos dentro del eje occidental.

Puestos a ver cosas concretas, a Saavedra le importan los problemas de eficiencia y burocracia en la Administración Pública; las colas de quienes necesitan atención presencial pero esperan cada vez más tiempo porque una parte del empleo público se hace ahora por teletrabajo; la alta tasa de temporalidad de los trabajadores públicos, para la que cree que hay solución, porque él mismo se convirtió en profesor funcionario sin necesidad de hacer una oposición por un procedimiento de estabilización que hizo el Gobierno central en los ochenta; la dificultad para quitar a un mal funcionario; el futuro del mundo sindical en una sociedad sin espacios de trabajo compartidos donde será más difícil negociar un convenio colectivo o hacer inspecciones y sancionar; la inmigración, porque cree que es necesaria para “mantener nuestro nivel de vida” ante una “tasa de natalidad que es bajísima”.

Mientras, Paulino Rivero volvió ayer a defender el control de la población en Canarias, porque “Canarias no tiene la capacidad de generar los recursos económicos” y mantener a toda la población que vive aquí. En 20 años, explicó, hemos pasado de 1.400.000 habitantes a más de dos millones. Mientras, la población de Euskadi, también de dos millones, se ha mantenido estable. Con mucha más riqueza que nosotros. “¿Por qué viene de fuera gente a trabajar en la hostelería”, le planteaba Saavedra a Rivero, considerando que quizá el sistema educativo no está formando a la gente local para que se les contrate en sectores donde somos fuertes. En una economía que, recordó, también expulsa a personas cualificadas.

Sobre la inmigración africana, Rivero se mostró preocupado por “la debilidad del trato humanitario”, pero también el impacto que pueda tener en el turismo la imagen de mala gestión migratoria, que debe afrontarse con “cooperación en los países de origen y contención”, con patrullas conjuntas entre la policía de esos países y la española para evitar que salgan los cayucos.

Rivero considera que el turismo es fundamental, “porque la gente va seguir viajando”, aunque no desdeñe la diversificación del modelo productivo. “Pero el turismo es lo que nos ha hecho ser lo que somos” afirmó, recordando que hasta los 70 emigrábamos a otros sitios para encontrar trabajo. Reconoció que hay que renovar la planta alojativa que está “obsoleta”. Una falta de remozado y transformación sobre la que, dados los beneficios del sector, Saavedra cuestionaba hace un tiempo en una bodega tinerfeña “a lo que yo llamo el Tenerife profundo, amigos de la burguesía empresarial”.

Tuvo tiempo Saavedra de volver a decir que sería bueno apostar por la autonomía del Sáhara dentro de Marruecos, porque la actual posición española de defensa del referéndum de autodeterminación solo conduce a un bloqueo, con EEUU apoyando abiertamente a los marroquíes y Francia haciéndolo por lo bajinis.

Tuvo tiempo Rivero de decir que le preocupa que las ayudas no lleguen antes de que muchos autónomos y pymes se vayan a pique, porque eso aumentará los daños del “tejido productivo” y hará más difícil la recuperación postpandemia. De defender más autogobierno y mayor presencia canaria en la gestión de los aeropuertos. De apostar por la unidad del nacionalismo canario “para que no se disuelva como un azucarillo”. Recordó que él no nació nacionalista -empezó en UCD-, pero que en el Congreso de los Diputados, en Madrid, entre 1996 y 2007, se dio cuenta de lo importante que era un partido así para Canarias. También afirmó que un partido como CC ha servido de tapón para otros nacionalismos “radicales” que hubo antes y podrían aparecer de nuevo, recordó Rivero.

El Parlamento autonómico fue ayer Cultura de la Transición en estado puro. Con acento canario, eso sí.

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