superconfidencial

El jardín

Ha solicitado mi colaboración para desentrañar los secretos de un jardín la investigadora Ana de León. Le han encargado un trabajo sobre el jardín anexo al hotel Martiánez, situado en la calle Valois portuense. Está construido sobre un oasis de palmeras y pegado a una placita sin sentido, que, sin embargo, siempre estuvo allí, fronteriza con una pequeña subida sin salida donde jugábamos al fútbol con una pelota de la Ceplástica Ariz. Era un fútbol empinado, porque para meter un gol había que subir una cuesta. No sé mucho de ese jardín, que fue comprado a la familia Fernández Perdigón por el Ayuntamiento portuense. Le he dicho a Ana que investigue la pila. Las pilas, con ñameras o sin ellas, son depositarias de los secretos de la historia, porque a la gente le da por escribir en la piedra con un punzón. Ya sea cosa de enamorados o de celosos de advertir su efímera presencia en el lugar y que esta estancia se perpetúe. Se dirigió a mí la investigadora a cuenta de mi libro Dos guerras y un destino, en el que hablaba de los Fernández Perdigón y de su relación con la familia Morgenstern. Los hoteles Martiánez, el viejo que no existe y el moderno que está abandonado a su suerte, fueron un referente de la hostelería portuense. Estuvo dirigido el primitivo hotel por los señores Trenkel y Talg y yo me acuerdo del estanque de los patos, que Ana citaba en su conversación conmigo, rodeado por una valla de hierro colado y que servía de depósito de agua para la finca de Los Llanos, propiedad de los Fernández Perdigón. Hay una anécdota: cuando uno de los hermanos viajó a Cuba quisieron aprovechar la tarjeta de visita conjunta para comunicarlo a los conocidos, como era costumbre: “Pedro y Sebastián Fernández se van a Cuba”, ponían; mas con una coletilla: “Pero Pedro no se va”.

TE RECOMENDAMOS