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Florentino Pérez frente a los cobardes

Organismos futbolísticos afectados por la corrupción -UEFA y FIFA-, capaces de vender el Campeonato del Mundo a un país y poco transparentes, apoyados por un gobernante loco que negó la COVID-19, y lo contrajo, como Boris Johnson, se han cargado el proyecto de los 12 mejores equipos de fútbol del mundo para salvar este deporte. La tiranía que ejercen los conglomerados federativos sobre los clubes es terrible, agravada en España por un señor llamado Tebas, quien, siendo empleado de los clubes, arremete contra el presidente del más importante de ellos. La Superliga Europea va a llegar, tarde o temprano, porque supone la salvación económica de los equipos de fútbol, cuya pérdida de ingresos por la pandemia y el desinterés de los jóvenes se calcula en unos 5.000 millones de euros. Se trata de una acción solidaria que promueve el espectáculo y que beneficiará a todos, a los poderosos y a los menos poderosos, pensada ni más ni menos que para salvar el fútbol. La reacción amenazadora de Ceferin -sobre todos-y de Infantino, presidentes respectivos de UEFA y de FIFA, provocará la primera victoria de Florentino: en adelante tendrán que auditar y dar a conocer sus cuentas. Y tener cuidado con quiénes pactan y a qué precio para no acabar en la cárcel. Y la postura de Johnson, un anti europeísta convencido, es sencillamente hilarante. El presidente del Real Madrid, que ha intentado combatir a esta mafia político-deportiva, tiene que estar muy defraudado con sus compañeros de viaje: se le han rajado todos, menos -por el momento- el FC Barcelona de Joan Laporta, que por cierto se podría salvar de la quiebra con el proyecto. Tengo claro que el mundo del fútbol quiere ser gobernado por cuatro o cinco, pisando cuantas cabezas sean necesarias y engañando a un mundo desinformado por las redes sociales que promueven el desconocimiento y la mentira, muy tocadas por la demagogia.

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