la casa blanca

Joe Biden: un presidente ambicioso

EE.UU. promete reducir las emisiones de carbono a la mitad para 2030
Joe Biden, presidente electo de EE.UU. | EUROPA PRESS

Muy lejos de la Casa Blanca bucólica y aburrida que había pronosticado el presidente anterior, la Administración Biden está dejando claro que tiene una agenda ambiciosa con planes y reformas que incluyen una serie de temas pendientes que abarcan desde inmigración y justicia social hasta infraestructura y medioambiente. Planes colosales en medio de una pandemia, y que de tener éxito harían del presidente Biden uno de los más memorables y proactivos de la historia del país norteamericano. Las promesas del nuevo gobierno muestran a un presidente que piensa a lo grande, sin tiempo que perder y destinado a cambiar el futuro de América y del planeta, si consigue salirse con la suya.

En El día de la tierra

Biden está demostrando que no le gusta hacer las cosas a medias. Había prometido 100 millones de inoculaciones de la vacuna contra el coronavirus en sus primeros 100 días, y cumplió la promesa cuando llevaba la mitad de ese tiempo en el puesto, con visos de que para el 28 de abril, habrá duplicado la propuesta.

Ahora Biden, coincidiendo con el Día de la Tierra, prometió reducir las emisiones de carbono de EE.UU. durante la cumbre mundial virtual de este jueves y viernes en una nueva apuesta audaz en una presidencia que se destaca por un tono moderado, pero con una agenda progresista cada vez más expansiva. Sin duda, Biden quiere pasar a la historia usando la cúspide de su poder para forjar un legado como reformador generacional de la talla de Franklin Roosevelt y Lyndon Johnson. Pero, para que esos elogios sean merecidos, tendrá que aprobar una agenda que reforme gran parte de la economía en beneficio de los trabajadores, un éxito que la bancada rival no está dispuesta a permitir.

Liderazgo de Estados Unidos

El discurso de Biden en esta cumbre fue característico de una política exterior emergente en la que el presidente busca recuperar el papel de liderazgo global de Estados Unidos a diferencia de la política ombliguista de su antecesor. Biden se comprometió a liderar con el ejemplo al proponer reducir las emisiones de carbono de Estados Unidos hasta en un 52% desde los niveles de 2005 para 2030, un paso significativo, pero que los aliados de Estados Unidos temen que un futuro presidente republicano pueda revertir. Si Biden consigue traducir en ley su promesa, así como los planes de infraestructura en su primer año en el cargo, se compararía con el bombardeo de políticas de la Gran Depresión de FDR. Pero con un Senado dividido equitativamente, es más fácil decirlo que hacerlo.

Objetivo: salvar el planeta

La cumbre virtual a la que asistieron más de tres docenas de líderes mundiales, incluyendo a los rivales ruso y chino, Vladimir Putin y Xi Jinping, tuvo como objetivo aumentar las ambiciones climáticas internacionales y restablecer a Estados Unidos como líder en el esfuerzo por frenar el calentamiento del planeta. El compromiso representa casi duplicar el objetivo al que se comprometió la nación en virtud del Acuerdo climático de París de 2015, cuando Barack Obama quiso reducir las emisiones entre un 26 y un 28 por ciento en comparación con los niveles de 2005. Biden volvió a introducir a EE.UU. en el Acuerdo de París, del que, para bochorno de la nación, salió el presidente Donald Trump.

La nueva promesa deja entrever los profundos cambios que Biden quiere poner en marcha, desde la descarbonización del sector energético del país hasta la eliminación gradual de los vehículos de gasolina, no solo como remedio a la crisis climática, sino como una inversión masiva en una nueva generación de empleos en todo el país mejor remunerados, sobre todo, en las comunidades que se han visto más afectadas por el paro. La promesa pretende, además, liderar el tipo de alcance y urgencia que la comunidad internacional debe adoptar antes de una reunión crítica sobre el clima de las Naciones Unidas este otoño en Escocia.

Metas internacionales

Algunas naciones, ya se han fijado objetivos de reducción de emisiones más agresivos. El Reino Unido anunció esta semana el compromiso de reducir sus emisiones en un 78 por ciento para 2035, en comparación con los niveles de 1990, una meta que avanzaría a la nación hacia el cero neto para 2050. Los emisores, incluidos China, India y Rusia, tienen pendiente explicar cómo pretenden ayudar a poner al mundo en una trayectoria más sostenible.

China, el mayor contaminador de gases de efecto invernadero, ha dicho que planea alcanzar las emisiones máximas para 2030 y borrar efectivamente su huella de carbono para 2060, aunque los detalles siguen siendo inciertos. Aún así, a pesar de la miríada de tensiones diplomáticas entre los dos países, Estados Unidos y China se comprometieron a combatir conjuntamente el cambio climático “con la seriedad y urgencia que exige”.
El planeta está lejos de cumplir con el objetivo central de París de limitar el calentamiento de la Tierra a “muy por debajo” de 2 grados Celsius en comparación con los niveles preindustriales, o idealmente, permanecer más cerca de 1,5 Celsius. Si no se alcanzan esos objetivos, advirtieron los científicos, se producirá una cascada de efectos devastadores y costosos.

En Estados Unidos, el sector energético representa una de las mejores oportunidades para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y el número de grandes compañías privadas que empiezan a vislumbrar el potencial económico de la transición a energías limpias va en aumento.

Oportunidad en el cambio

Activistas ambientales, legisladores demócratas, líderes extranjeros y cientos de empresas privadas, incluidas Apple y Walmart, han implorado a la Casa Blanca que haga la promesa climática más osada posible. Los grupos de defensa y académicos han publicado análisis detallados, demostrando formas en que dicen que la nación podría reducir al menos la mitad de sus emisiones para fines de la década.

Para alcanzar el objetivo del 50 por ciento, la Administración tendrá que partir de suposiciones difíciles de garantizar sobre el futuro, entre ellas, que las nuevas regulaciones no sean revertidas por una futura Administración o los tribunales. Mientras tanto, el Departamento del Interior y la Agencia de Protección Ambiental ya están sentando las bases para frenar las emisiones de metano de las perforaciones de petróleo y gas natural, en parte reviviendo los estándares de la Administración Obama anuladas bajo Trump. La EPA está avanzando para reducir gradualmente la producción e importación de hidrofluorocarbonos, que se utilizan ampliamente como refrigerantes, y en el aire acondicionado, en un 85 por ciento durante los próximos 15 años, según lo dispuesto por el Congreso.

Si bien es probable que los aliados acepten el impulso de Biden para reducir agresivamente las emisiones, algunos republicanos han insistido en que los cambios de gran alcance necesarios para reducir la contaminación por gases de efecto invernadero tan rápido podrían dañar una economía que ya está en dificultades, particularmente en las comunidades que aún dependen de la industria de los combustibles fósiles, constatando la idea anclada en el pasado que defendió Trump. La economía no ha sufrido el desplome que vaticinara Trump en sus últimos días en Washington.

La cuestión económica

Los líderes mundiales se están concentrando en un elemento clave: el sector privado y la gran cantidad de dinero que puede invertir para transformar la economía global. Durante la cumbre, decenas de empresas anunciaron una mayor inversión en energías renovables, vehículos eléctricos y silvicultura como parte de un impulso para descarbonizar el mundo. Al mismo tiempo, la comunidad empresarial se enfrenta a una mayor presión para cerrar el grifo de préstamos e inversiones de combustibles fósiles y otras fuentes de gases de efecto invernadero. Los países más pobres del mundo también están exigiendo que el sector financiero internacional canalice más de sus inversiones y préstamos a las naciones menos desarrolladas para costear la reducción de emisiones y para ayudar a esos países a adaptarse a los impactos climáticos que ya están enfrentando. En los Estados Unidos, más empresas están buscando formas de alcanzar los objetivos netos cero y satisfacer las demandas de los accionistas, consumidores y empleados. Ceres, una organización sin fines de lucro dedicada al desarrollo sostenible, publicó recientemente una carta firmada por unas 350 empresas instando a Biden a establecer un objetivo desafiante de reducir las emisiones de EE. UU. en un 50 por ciento o más con respecto a los niveles de 2005.

La solicitud de presupuesto inicial de Biden requería 1.2 mil millones de dólares adicionales durante los próximos dos años para el Fondo Verde para el Clima internacional. Los activistas criticaron esa cantidad como insuficiente, aunque la Administración recalcó que es el punto de partida y que es probable que aporte 2 mil millones de dólares adicionales que el país había prometido en París, y que Donald Trump bloqueó posteriormente.

Los planes del presidente suponen un gigantesco avance en la conservación del planeta y la redirección de la economía en lo que podría convertirse en una transformación de importancia equivalente a la de la Revolución Industrial, un camino cuesta arriba, cuyo primer paso, Biden, parece dispuesto a dar.

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