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República mítica

Asistimos el 14 de abril a una representación deformada de la realidad de la IIª República española. Que no cabe calificar de exitosa cuando derivó en la guerra civil de 1936, encuadrada en los totalitarismos europeos, nacionalsocialistas y comunistas. Ahora 90 años después, “brutalizada” la política y fuera de contexto, pretenden reescribir la historia, al tiempo que degradan las instituciones democráticas, rompen la separación de poderes, fragmentan la nación, la educación y el idioma oficial común. Blanquear la república del 31, surgida de unas elecciones municipales que expulsó al rey. Pretendían superar atrasos sociales, económicos y políticos. La Constitución de 1931 nació muerta el 9 de diciembre, cuando no la aprobó el propio presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, ni 98 Diputados de 474 de las derechas, que se ausentaron de la Cámara
En palabras de Luis Jiménez de Asúa, presidente de la Comisión parlamentaria y del PSOE, era una “Constitución de Izquierdas”, que incorporaba su propio “Pacto del Tinell”, que deslegitimaba gobiernos de derechas y con ello la esencia de la democracia, que exige alternancia. En el Bienio Republicano, gobernando las derechas en el segundo gobierno de Alejandro Lerroux, cuando incorpora tres ministros de la CEDA que había ganado las elecciones, desencadenan la revolución bolchevique de Asturias, en octubre del 34. Sofocada por Azaña, que llama a las tropas de África al mando del general Franco. El inductor Francisco Largo Caballero fue condenado de nuevo a cadena perpetua. Repetía la estrategia revolucionaria que ya en 1917, con la UGT que presidía, la CNT y los separatistas catalanes, promovió un golpe de estado, que repite 17 años después. Roberto Villa García, en su obra de 2021, 1917 El Estado Catalán y el Soviet Español, señala cómo la revolución de 1917, coetánea de la rusa, destruyó los convenios constitucionales y abrió la deriva republicana que condujo a la guerra civil. Manteniendo regímenes autoritarios que no se superan hasta la Constitución del 78, precipitando la Dictadura de Primo de Rivera de 1923-1930. Nuevamente es encarcelado Largo caballero en 1934, hasta su juicio en 1935 y otra vez es absuelto ”por falta de pruebas”. Fue defendido por Jiménez Asúa, quien en la posguerra en Buenos Aires, fue presidente de la República en el exilio, de 1962 a 1970.
“República Mítica”, donde encontramos a nuestros Lenin y Kerensky, en las figuras de Francisco Largo Caballero y Manuel Azaña. Como declaraba a la prensa el primero, en 1936 al corresponsal americano Edward Knoblaugh, “habrá sóviet en España al caer Azaña”, sostenida por la dictadura del proletariado. La deriva hacia la guerra civil fue impulsada en las elecciones de febrero 36, que inclinaron el escrutinio hacia las izquierdas, según libros de Álvarez Tardío y Niceto Alcalá Zamora, que fue destituido en golpe parlamentario, luego de concluir la segunda vuelta. Con fraude electoral, violencia en las calles, huelgas, quema de iglesias, negación de la Constitución, revancha de la revolución de octubre. El asesinato de Calvo Sotelo. jefe de la oposición, por los escoltas del ministro Prieto el 12 de Julio, precipitó la Guerra el 18.
“República Mítica”, donde nuestros Lenin y Kerensky no fueron capaces de articular un régimen para todos. En palabras de Stanley Payne “nunca hubo un solo proyecto republicano, sino varios”. Los cambios políticos, económicos y culturales, la descentralización, reforma agraria, enseñanza, iglesia católica fueron polarizados e hicieron inviable el encuentro. Que hoy quieren repetir con una IIIª República Mítica, como defienden los hispanistas Ian Gibson en Hacia la Republica Federal Ibérica (2021) y Paul Preston, sosteniendo la legalidad de una República que demolieron en su constitución, en el golpe de estado del 34 y en su ejercicio.

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