tribuna

Vacunas de sol a sol

Antes de que se nos agotaran las esperanzas dijimos en el DIARIO que necesitábamos en las Islas un Plan Marshall para esta posguerra. Visto así, los dos mil millones de euros que vendrán en el helicóptero del dinero (la alegoría de Milton Friedman) y la masiva intervención pública en la crisis, que invocaban los keynesianos con Paul Krugman a la cabeza en la Gran Recesión, donde se fundirán los fondos de Canarias con los del Estado y Europa, hacen que esa idea, que parecía quimérica, cobre cuerpo, como presagiáramos en El Plan Marshall y el volcán dormido, el editorial de DIARIO DE AVISOS del 14 de abril de 2020: “Estas son las horas más críticas a las que jamás se enfrentó antes nuestra tierra”, así arrancaba en un clima exasperante, cuando estaban a flor de piel la declaración de la pandemia y el estado de alarma.

Pero ese desembarco de millones caerá en saco roto si, en paralelo, no se logran éxitos en la vacunación. De “inaceptable” ha calificado la OMS el ritmo de esta en Europa, donde la cuarta ola ya asoma como las espículas del virus por encima del horizonte. ¿Por qué en Europa, en España y en Canarias no se está vacunando de sol a sol? ¿Por qué todo va tan lento, si estamos en pleno esprint final, si abril, vacunas mil, si esta es la hora de la verdad, ahora o nunca, si podemos ganar esta guerra, y no es ninguna consigna, pues los ancianos de las residencias ya están a salvo, sin recaídas, sin miedo a contagios, y han dejado de ser un grupo de riesgo? Y ese golpe infligido al coronavirus, poco más de un año después de la Gran Invasión, refuerza la misma pregunta. ¿Por qué Europa va por detrás de Israel, Emiratos Árabes, Chile, Reino Unido , Bahréin o Estados Unidos? ¿Qué ha fallado desde el pistoletazo de salida de la vacunación el 27 de diciembre, más allá de los primeros retrasos de Pfizer y las bribonadas de AstraZeneca, que ahora sufre una crisis reputacional? ¿Qué de cierto hay en la guerra de piratas, ciberespionaje y sabotajes en la distribución de los viales, el único armamento eficaz contra el mayor enemigo actual de la humanidad? ¿Cumplirá Europa su palabra: “El 70% de la población estará inmunizada el 14 de julio” (Margaritis Schinas, vicepresidente de la CE). Es el aniversario de la toma de la Bastilla, una fecha adecuada para una revolución popular.

En Canarias estamos en ascuas. Las autoridades aseguran que ponen todas las vacunas a su alcance, pero el Ministerio de Sanidad nos acaba de situar en los vagones de cola, cuando no en el farolillo rojo, del ranking nacional. Duele y cuesta creer que se nos esté discriminando en el reparto. Pero no cabe otra sospecha racional. Si Canarias ha inyectado el 86% de las existencias, pero el Ministerio de Sanidad, como informó este periódico el viernes, dice que somos los últimos de una dosis y los quintos por la cola de la pauta completa, solo resta preguntar a Madrid qué hay de lo mío, cuántas vacunas nos adeudaban antes de que el mismo viernes volaran a las islas 45.100 dosis en un avión del Ejército del Aire. El País Vasco, con la misma población que nosotros, había recibido cien mil dosis más que nuestras 366.700 hasta finales de marzo, y Galicia casi nos dobla, pese a superarnos en menos de medio millón de habitantes. De ser así, sería terminológicamente “inaceptable”, al hilo de la OMS. Por ser región turística, podíamos haber sido priorizados, como demandó Baleares; en calidad de debutantes de esta saga de terror, bien que pudimos haber servido -como tantas otras veces sin causa relevante- de conejillos de Indias de la vacunación, como laboratorio de la inmunidad de rebaño. Pero a buenas horas, mangas verdes. Cuando vayan a llegar vacunas suficientes, la cepa británica que inunda y confina Europa habrá ganado la carrera, como vaticina Macron en Francia. ¿A que estamos esperando? Esta es una guerra contrarreloj.

Abril es el mes clave, recuerda Rafael Bengoa, exasesor de Obama. En toda Europa se tendría que estar vacunando mañana, tarde y noche. Habríamos podido abrir nuestro Magma y nuestro Recinto Feria. En Madrid habilitan el WiZink Center, junto al Wanda y el Zendal para vacunar a la población casi sin límite de horario. ¿Era una guerra? ¿Dónde está el arsenal? ¿Servirá de algo nuestra alerta a las autoridades -de aquí y de allá- sobre la falta de vacunas en Canarias? ¿Se revisarán los albaranes?

El día 12, Reino Unido comenzará a levantar las restricciones. Algunos países que han corrido más en la vacunación se acercan a la era posCOVID. AstraZeneca, la malhadada vacuna inglesa, vuelve a estar en el centro del debate por las trombosis en Países Bajos, donde ayer se suspendía este antígeno que se ha vuelto una tacha en el prestigio de la Universidad de Oxford, una astracanada para llorar. Digamos sin rodeos que al vulgo da yuyu el susodicho astrazeneca, hasta que el miércoles la Agencia Europea del Medicamento dicte un veredicto. El brexit se le subió a la cabeza a Boris Johnson, que enarbolaba la inmunidad de su rebaño monopolizando la vacuna que acapara los dimes y diretes. Por su causa estos son los días más aciagos de Francia, Alemania, Italia… En España los repuntes amenazan con una cuarta ola, que no sería una “olita”, como pronostica Fernando Simón. Y la gente es posible que se esté cansando de surfear tantas olas de COVID. Por eso urgen vacunas. Canarias está en su derecho de reclamarlas, o, de lo contrario, el segundo semestre no será el de la reconstrucción, y el helicóptero del Plan Marshall no salvará la economía ni el empleo. El día después no será el de la liberación como en los campos de concentración del 45, sino el de las lamentaciones de lo que hicimos mal o a destiempo.

Todo va deprisa. En las calles, ha cambiado la faz de la vida. Esto ya es abril,y marzo de 2020 parece el mes precedente. Hemos visto irse a Rivera y a Iglesias retirarse pronto del Gobierno; los líderes de la nueva política llegaban para quedarse y se van. La pandemia cayó como un telón, y cuando se levante, la tramoya será otra; Cataluña vuelve al sitio en que la puso Ortega: la conllevanza. Y así con todo. Los problemas, los que merecen tal nombre, son las cosas más importantes: la salud, la economía, la supervivencia, el hambre. Y necesitamos armas para defendernos. No otra cosa que vacunas.

 

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