tribuna

Aguas de marzo

Esta mañana me he levantado con la matraquilla del Aguas de marzo de Jobim en la cabeza. Me he ido a Youtube para ver la versión de la grabación de Juan Carlos con Elis Regina. Me encantan los dos. Él es uno de mis compositores favoritos de la música brasileña, pero ella es una delicia. Verla con la sencillez que interpreta ese aire tan suave y persistente de la bossa nova es indescriptible. Hoy no se canta así, y se hacen unos gorgoritos extraños que a mí me resultan insoportables y carentes de toda naturalidad. “Son las aguas de marzo, al final del verano, la promesa de vida en tu corazón”. A Elis la encontraron muerta en su casa de Sao Paulo en 1982. Sus hijos jugaban en la habitación de al lado. Forzaron la puerta de su dormitorio, entraron y el cuerpo estaba en el suelo, todavía caliente y con las manos frías. Tenía 36 años. Dicen que fue una sobredosis, pero otros aseguraron que la asesinaron los de la dictadura. Nunca se supo. Parece una premonición esa promesa de vida que se barrunta con el anuncio de las últimas lluvias, con un palo y una piedra al fin del camino. Me quedo con el rostro amable de Elis y la imagino tirada en el suelo, desmadejada, quizá víctima del alcohol y las pastillas, o la cocaína, o envenenada para castigar su labor como activista. Al poco tiempo se celebraron elecciones y desapareció la pesadilla de los militares. ¿Cómo aquella chica de sonrisa amable y de gestos sinceros insinuando el ritmo, evitando la exageración para no distraer el efecto de la buena música, pudo haber abandonado la vida de forma violenta? A veces pasa. No sabemos por qué el mundo no soporta la sencillez y se impone la algarada, igual que hacen esas bachatas vulgares que invaden a los barrios populares de Río o de San Pablo. Quizá se trate de eso, de implantar el consumo de lo peor, aquello que deja su estela, oliendo a perfume barato, cuando un coche cruza la calzada a toda velocidad, con los cristales bajados y mostrando los brazos, trabajados en un gimnasio, del joven conductor que se viste con una camiseta de mangas recortadas. Elis Regina era todo lo contrario de esto. Si traía alguna revolución era la de la esperanza de vida de las aguas de marzo, esa que ahora no soy capaz de identificar por ninguna parte. Anoche volví a ver la docuserie. Rociíto se ha convertido en una experta en derecho, como la del anuncio que parece abducida por su dentista para luego salir del brazo de su marido. La presentadora se dirige a cámara en un reto permanente a los tribunales. No creo que con esto le haga un favor a la supuesta víctima. Más bien creo que será al contrario. Mientras tanto, la cadena hace caja, que es de lo que se trata. Dejemos esto. ¿Por qué ya no tiene éxito la bossa nova? Ya no existen Jobim, ni Gilberto, ni Chico Boharque, ni nada de aquel mundo que hoy parece perdido. En verano, yo abría la puerta que daba al patio, dejaba entrar una escasa brisa, y me ponía a escuchar bossa nova. En aquella habitación estuvo mi primo Hans Henningsen balanceando su enorme estructura hasta las nueve de la mañana. Él, que era filho predileto de Río de Janeiro vino a Geneto para disfrutar con nosotros del ritmo de su amigo Jobim. A Mari le gustaba mucho. Era un apasionado de los tangos y le trajo una colección de cintas con lo mejor de Goyeneche, de Julio Sosa y de Edmundo Rivero, también de la orquesta de Marianito Morés y del bandoneón del Pichuco Troilo, y de Astor Piazzola. Hansi estuvo saliendo con Amelita Baltar, que fue cinco años la pareja del compositor argentino.
Después de ver el vídeo de Elis Regina con Juan Carlos Jobim, le he dado para atrás a la moviola y he vuelto a las aguas de marzo. Sin embargo, lo que he hecho ha sido avanzar y provocar que renazca la esperanza de vida en mi corazón, como cantan ellos. Cualquier época es buena para renovar algo que nunca debe desaparecer. La vida se trata de cosas sencillas, de lo que jamás acaba, a pesar de que lo arrastre el viento de las modas: un palo, una piedra, al fin del camino, un nudo en el bosque, el canto de un tordo, y la orilla del río hablando de las aguas de marzo.

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