por qué no me callo

El foro/faro del día después

El caso canario es de una auténtica emergencia, como sostenía ayer Pedro J. Ramírez en el Foro Económico de EL ESPAÑOL, INVERTIA Y DIARIO DE AVISOS, Canarias tras la COVID-19, en presencia de Ángel Víctor Torres y la ministra de Turismo, Reyes Maroto.
La convocatoria de dirigentes y empresarios para abordar la situación de las Islas tras la pandemia pone el foco en una región que aglutina todos los factores de riesgo y cuyo futuro inmediato es un anticipo del mundo que viene, de la Europa que aguarda a la vuelta de la esquina. Son las islas del día de antes, como decía Umberto Eco, y del día de después. Si Canarias, que está en una situación límite (por paro y PIB), es capaz de reinventarse en tiempo récord, es decir, desde este mismo año, tras insuflar el Estado una inyección de 1.144 millones y Europa el oxígeno procedente de su plan Next Generation, el mensaje no sería otro que también España saldrá adelante y del mismo modo lo hará la UE, cuya razón de ser halló más sentido que nunca, dramáticamente, con el desafío de una pandemia.
No es que Canarias resuma la calamidad de este año y medio como nadie, es que encarna la condición insular de laboratorio de los ensayos para salvar a una civilización que naufraga, tras décadas de progreso y grandes metas. Esto es el vacío y lo siguiente lo más parecido a la resurrección de pequeños territorios, países y continentes, circunstancia inédita en la historia del ocaso y las geografías. En Canarias venimos de tocar fondo, de la caída de Thomas Cook, el turismo cero y la COVID, que es el acontecimiento apocalíptico de nuestra generación. Ahora (tal como ayer se proclamaba desde Plató del Atlántico, sede de DIARIO DE AVISOS y de este foro) el objetivo es saltar sobre una adversidad mayúscula, y poner el reloj en hora.
Nunca las islas reivindicaron tanto su singularidad. Si las ayudas y los fondos del Estado y Europa, y de la propia comunidad, cumplen su cometido, esa será la vacuna. La peculiaridad de Canarias es ser lejana y fragmentaria, una sociedad de equilibrios y puentes virtuales con el exterior, un micromundo dentro de otros mundos y contextos continentales. Saben las islas de COVID y de inmigración, los dos mayores naufragios de nuestra época. De manera que la experiencia de año y medio entre tinieblas que ha vivido este archipiélago permite albergar esperanzas en el ser humano. Si salimos de esta, no hay quien nos pare en décadas. Si, además, las recetas (la ministra Reyes Maroto confiaba ayer en que este mes se sume el turismo inglés al alemán, todos vengan pronto con su pasaporte verde en el bolsillo, y las islas recuperen en dos años a los viajeros de 2019) se revelan acertadas, España y Europa podrán respirar con alivio.
Esta foro nos muestra que Canarias es el faro de ese nuevo rumbo que busca nuestro entorno con el avance de la vacunación. Torres recordó al primer turista con COVID en España, aquel alemán de La Gomera en enero de 2020, y al hotel de Adeje que al mes siguiente anticipó el confinamiento nacional de marzo. Hemos ido por delante de esta desgracia y acaso sigamos fieles a ese rol, demostrando que es posible la recuperación del turismo y salir del paro y la miseria. Está dicho en el poema de John Donne que citó Pedro J. con la cabeza europea posada sobre el hombro de Canarias: “Ninguna persona es una isla separada, sino una pieza del continente”.

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