avisos políticos

Contradicciones

Los sectarios incompetentes que nos gobiernan son todos iguales, pero algunos son más iguales que otros, como la ministra de Exteriores, que no ha sido capaz ni de asegurar la vacunación a nuestro personal diplomático en el extranjero. Pero lo peor de todo ha sido el descalabro de las relaciones con nuestro influyente vecino del […]

Los sectarios incompetentes que nos gobiernan son todos iguales, pero algunos son más iguales que otros, como la ministra de Exteriores, que no ha sido capaz ni de asegurar la vacunación a nuestro personal diplomático en el extranjero. Pero lo peor de todo ha sido el descalabro de las relaciones con nuestro influyente vecino del sur, que ella ha originado -en colaboración con su jefe- al traer a España para recibir tratamiento médico, en secreto, con nombre falso y sin informar a Marruecos, al líder del Frente Polisario. Un descalabro que, por si fuera poco, ha puesto de manifiesto nuestro modesto lugar subordinado en el conjunto de las potencias que actúan en el mundo de las relaciones internacionales.


Estados Unidos, por ejemplo, ha desarrollado unas importantes maniobras militares con las fuerzas armadas de Marruecos durante la crisis, sin participación española. Y su presidente ha excluido a España de su primer viaje al extranjero, en el que se entrevistará con los principales dirigentes europeos. La tradicional debilidad internacional española se ha acentuado en grado sumo por la desconfianza que genera en el gigante norteamericano y en toda la OTAN la insólita y única en Europa presencia de ministros comunistas en el Gobierno español y su eventual acceso a información sensible: ya no hay ministros comunistas ni en el Gobierno ruso.


Lo sucedido ha servido también para corroborar dos principios políticos en los que anida la contradicción. En los años cincuenta del siglo pasado, la dictadura franquista tuvo que enfrentarse en Ifni –oficialmente una provincia española-, en una guerra no declarada ni reconocida por el régimen, a unas supuestas bandas pro marroquíes, en realidad unidades organizadas, armadas y apoyadas por el ejército marroquí. Un ejército español obsoleto, pésimamente equipado y no preparado para tal enfrentamiento, perdió la guerra e hizo inevitable la cesión del territorio a Marruecos: la dictadura utilizó la rebuscada denominación de “retrocesión” para enmascarar lo ocurrido, que no le impidió celebrar años después los supuestos veinticinco años de paz (tampoco se lo impidió los enfrentamientos de los años cuarenta con los guerrilleros comunistas que actuaban en algunas zonas peninsulares).


Años después, aprovechando el vacío de poder y las luchas intestinas entre las distintas familias franquistas que la agonía de Franco había propiciado, la monarquía alauita nos atacó con la llamada Marcha Verde y nos obligó a un vergonzoso abandono -una huida vergonzosa- del Sahara. Se cumplió así el primero de los principios contradictorios aludidos: la dictadura que había proclamado el regreso de las glorias imperiales y la grandeza de España fue la causante –y responsable- de dos derrotas militares y de unas importantes pérdidas de territorios estratégicos (lo que, entre otras cosas, afectó gravemente a Canarias).


El segundo de los principios es similar al anterior: los nacionalistas son los peores enemigos de su propio pueblo. La estrategia disparatada y suicida del Frente Polisario, enfrentado simultáneamente a Marruecos y a España desde presupuestos de izquierdismo revolucionario, ha conducido a la triste –y miserable- realidad actual de los campamentos y de personajes como el que nuestro sectario e incompetente Gobierno tan irresponsablemente trajo a España.