tribuna

La foto de Lledoners

He visto la foto de los nueve magníficos saliendo de Lledoners y no me parecen los representantes de lo mejor de la sociedad catalana. Les confieso que conozco a gente mucho más aceptable por esas tierras. Pero, en fin, son votados democráticamente y esa legitimación tienen. Es difícil admitir esto sin que, en mi apreciación, quede comprometida buena parte del pueblo de Cataluña. A veces extrapolamos las virtudes de las personas que conocemos a todo el conjunto y nos equivocamos, porque si tratamos con gente guapa nos cuesta trabajo reconocer que lo que más abunda son los feos, y si lo hacemos con gente inteligente y brillante no aceptamos que, en la realidad, lo que abunda es la torpeza anodina y vulgar de la masa. Esto no quiere decir que vaya a excluir de mi reconocimiento aquello que no me gusta, al contrario, lo estimo en el nivel que se merece y acabo encontrando actitudes positivas que sobresalen en el comportamiento de la gente sencilla y sin complicaciones, a pesar de que sean los más propicios para que les coman el coco. He visto la foto de esos nueve exhibiendo su triunfo a las puertas de la cárcel. Estaban representando la superación de un hecho injusto, la razón de que, gracias a su presión heroica y constante, habían conseguido demostrar al mundo que eran unas víctimas perseguidas por sus ideas, de que ganaron una extraordinaria batalla doblegando al poder que antes los redujo aplicando una justicia torticera. Esto es lo que querían expresar y esto es lo que han conseguido. Lejos de allí se escuchaba el eco de alguien que preguntaba si la gracia que les habían otorgado era por valentía o por necesidad, clavando un puñal, de forma alevosa, en la espalda del que supuestamente viene a salvarle la vida. Esto, así en caliente, no parece muy recomendable, aunque en política todo se justifica y el que es insultado después de haber concedido el perdón asegure que las cosas son así, que todo forma parte del teatrillo al que están obligados y que, más tarde o más temprano, acabarán entrando por el aro ante unas ofertas que no podrán rechazar. Las partes intervinientes en este asunto aseguran seguir sus respectivas hojas de ruta, y cada vez se evidencia con mayor claridad que esas rutas no coinciden en un punto común, o quizá lo que ocurre es que la presión viene de un solo lado y al otro no le queda más que jugar el papel del que cede en una retirada vergonzosa. Esa foto me inquieta porque representa el inicio de una etapa que nos lleva al desastre más que a la esperanza. Dice la Historia que los intentos secesionistas en España coinciden con las grandes debilidades de los gobiernos. Esas circunstancias se han repetido en 1640, en 1714 y en 1934. Qué coincidencia. La pregunta es quién provoca que existan esas fisuras que avisan de la escasez de fortaleza y consecuentemente aumentan la predisposición para el ataque en la otra parte. Pienso que la división en el llamado bloque constitucionalista es mayor que la que pueda existir entre las organizaciones separatistas y el resto del Estado. Aquí no se ha producido el gran pacto porque lo que prima es la hegemonía de un bloque sobre otro, la misma de siempre, la que nunca vamos a superar, pese a los años grandiosos que nos brindó la transición de 1978, donde lo único que hubo fue un acuerdo de conciencia para traspasar las barreras de la intransigencia. Ahora discutimos sobre indultos o no indultos como hacen los conejos debariendo sobre galgos o podencos. Mientras tanto, esa foto que tengo delante es lo suficientemente explícita para hacerme ver que ese no es el problema, que los presos liberados tienen sobradas razones para decir que van ganando esta guerra, y que la torpeza es la marca de la improvisación política. Aunque estos catalanes no me parezcan guapos ni demasiado inteligentes, tengo que darles la razón porque, siendo una deslealtad a los principios constitucionales, a nadie le agrada sentirse gobernados por unos inútiles que demuestran cada día su ineptitud para defender los objetivos fundamentales de la Constitución que prometieron solemnemente el día que accedieron a sus cargos. Ahora que hablamos de fotos en Colón, en las Azores, y en otros lugares poco recomendables, sería bueno tener en cuenta esta de Lledoners por lo que significa su contenido.

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