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Las mil caras de Risto Mejide

o Mejide ha sabido hacerse un sólido hueco en los medios de comunicación a pesar de las intensas emociones que despierta su particular forma de comunicar

Muchos lo consideran el “malo” más popular de la televisión, aunque para otros tantos, se ha convertido en una celebridad gracias a su singular estilo y personalidad. Risto Mejide ha sabido hacerse un sólido hueco en los medios de comunicación a pesar de las intensas emociones que despierta su particular forma de comunicar. Adentrémonos en los entresijos del personaje, vayamos más allá de las palabras para centrarnos en las emociones que despierta su conducta y desvelar algunas de las claves de su éxito.

CONTROVERTIDO

Mejide es de esas personas que no pasan desapercibidas y no deja a nadie indiferente, pero mucho ha llovido desde que saltó a la fama como el jurado más controvertido de Operación Triunfo. Contundente, frío, irónico y directo, no tiene pelos en la lengua para expresar su opinión o sus valoraciones más ácidas. La imagen que proyecta en los habituales ´talent shows´ en los que participa es la de un evaluador implacable, carente de empatía y tacto. Sin embargo, también deja entrever que detrás del “personaje” hay un ser humano que llora, siente y se emociona, aunque la norma es que su conducta esté marcada por la seriedad, la mesura y la formalidad, al menos en cuanto a la expresión de emociones positivas.

DEL AMOR AL ODIO

No es de extrañar que despierte pasiones y odios a partes iguales. El presentador catalán exhibe en su comportamiento no verbal un buen número de gestos, muecas, posturas y expresiones corporales que acompasan a sus provocadoras y despiadadas palabras. Es coherente: su lenguaje corporal y su mensaje verbal hablan el mismo idioma. Mejide se conoce muy bien, sabe las reacciones que genera en el público, y es atrevido a la hora de experimentar, probar nuevos formatos y estrategias. No sabemos si el personaje hizo a la persona, o la persona hizo al personaje, pero el Risto más chulesco, impío y arrogante convive a la perfección con el Risto más cariñoso, sensible y cordial que se ha venido desvelando en los últimos años. Esta contradicción es, quizás, lo que más saca de quicio a sus detractores y lo que más adoran sus seguidores.

IMPREVISIBLE

En su conducta no verbal manifiesta un movimiento corporal controlado, juega con la ironía y el ingenio, al igual que juega con la cara de póker o la inexpresión facial como herramienta de provocación y hostilidad. Todo el mundo observa su reacción, están pendientes de él, precisamente por su imprevisibilidad. Sabe muy bien que, en cuestión de marketing, lo previsible aburre, y lo inesperado sorprende e impacta. Detrás de la altivez o el desdén, hallamos el talento para generar controversia, el debate o la disputa. En palabras del popular publicista, “lo más maravilloso que te puede pasar en la vida es que alguien te haga cambiar de opinión”.

MIRADA OCULTA

Si algo cabe destacar de su apariencia son sus icónicas gafas de sol. Si analizamos con detalle esta particularidad, este accesorio comunica mucho más de lo que aparenta. Las gafas de sol ocultan total o parcialmente la mirada, uno de los puntos calientes de la comunicación emocional de las personas, por lo que comunicar sin que otros puedan observar la expresión de esta parte del rostro, desconcierta al observador, a la vez que aporta seguridad al que las lleva puestas.

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