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Juan-Manuel García Ramos: “Canarias no es solo un paisaje sino un conflicto íntimo”

Esta entrevista propone un recorrido por la trayectoria intelectual y literaria de Juan-Manuel García Ramos, en la que el Archipiélago Canario emerge como eje central de su pensamiento
Juan-Manuel García Ramos: “Canarias no es solo un paisaje sino un conflicto íntimo”
Juan-Manuel García Ramos, catedrático, autor de ‘El temor de morir’. / Fran Pallero

Filólogo, catedrático de la Universidad de La Laguna, luego catedrático emérito, académico de la Canaria de la Lengua, premio Canarias de las letras, ex presidente del Partido Nacionalista Canario (PNC), ex diputado regional, ex miembro del Gobierno de Canarias, Juan-Manuel García Ramos (La Laguna, 1949) está, como pueden suponer, de vuelta de todo. Reacio a la entrevista (“tenemos demasiadas complicidades tú y yo”), por fin lo convencí, a raíz de la exitosa publicación de su último libro: El temor de morir (Mercurio Editorial), que más que un temor es un canto a la esperanza y a otra vida en una dimensión superior, tras la muerte vamos a llamarla tradicional. Lo cierto es que recomiendo su lectura. No cometeré la estupidez de publicar su biografía completa, porque no cabría aquí, pero sí diré que acuñó el término “atlanticidad”, que ha trasladado a ensayos, libros y artículos. Presidió el Ateneo de La Laguna, fundó la revista Liminar; en fin, que renuncio a hablar más de su vida literaria, académica y política. En todo caso, esta entrevista propone un recorrido por la trayectoria intelectual y literaria de Juan-Manuel García Ramos, en la que el Archipiélago Canario emerge como eje central de su pensamiento, entre la memoria, la identidad y el compromiso con la cultura.

-Después de tanto trajín en tus vidas profesionales, ¿qué dirías de ti mismo?
“Diría que soy un hombre de letras, que nunca ha podido desvincularse de su tierra. La escritura, la enseñanza y la reflexión política no han sido compartimentos estancos en mi vida sino formas complementarias de entender Canarias y de intentar aportar algo a su conciencia colectiva, porque siempre he creído que el conocimiento debe tener una dimensión pública”.

-Ese vínculo con Canarias se refleja en tu obra narrativa y ensayística. ¿Es esto inevitable o simplemente una elección consciente?
“Ambas cosas. Uno escribe desde donde está y desde lo que es. En mi caso, Canarias no es solo un paisaje o una referencia geográfica sino un conflicto íntimo, una pregunta constante”.

-¿Y cuál es esa pregunta?
“En realidad son varias: qué somos, hacia dónde vamos, qué papel ocupamos en el mundo. Escribir sobre Canarias es también hacerlo sobre una identidad en construcción, profundamente marcada por la historia y por su condición atlántica”.

-Hablemos de tu obra. En tus novelas y en tus ensayos suele haber una tensión entre memoria e identidad. ¿Qué papel juega la memoria en ese proceso creativo?
“La memoria es esencial”.

-¿Por qué?
“Por razones obvias. No solo la memoria personal, que es inevitable, sino la memoria colectiva, muchas veces fragmentada o incluso traicionada. Me interesa mucho rescatar pequeñas historias, ligeras voces que han quedado en los márgenes del camino. Creo que la literatura tiene el deber de dar espacio a esos relatos que no siempre encuentran lugar en la historia oficial”.

-¿Ha influido la docencia en tu formar de abordar la escritura?
“La docencia me ha obligado a ordenar ideas y a confrontarlas con jóvenes que, a menudo, tienen una mirada fresca y crítica. Enseñar literatura no es exclusivamente transmitir contenidos sino contagiar una forma de mirar al mundo. Esa interacción constante me ha enriquecido enormemente y ha alimentado también mi escritura”.

-En tu discurso percibo un permanente diálogo entre cultura y política. ¿Consideras una obligación del intelectual implicarse en la vida pública?
“Creo que el intelectual no debe vivir de espaldas a la realidad. Otra cosa es cómo se materializa esa implicación. En mi caso ha habido momentos en los que he dado un paso al frente y otros en los que he preferido actuar desde la reflexión y la escritura. Lo peligroso es la indiferencia. La cultura no puede ser una torre de marfil; debe dialogar permanentemente con la sociedad”.

(Su paso por la política reforzó una preocupación que ya estaba presente en su obra: la identidad canaria, la atlanticidad. Sin embargo, tras esa experiencia, dicha reflexión se vuelve más compleja y menos abstracta. La identidad deja de ser solo un tema cultural o simbólico y pasa a conectarse con estructuras de poder, decisiones políticas y condicionantes históricos. Aparece una visión más realista, incluso crítica, sobre las dificultades de construir un proyecto colectivo. Esa es mi impresión, al menos. Y en cuanto a su última producción, “El temor de morir”, García Ramos opina que la muerte no es el final del individuo, sino que hay más vidas en otras dimensiones. Y lo analiza concienzudamente).

-Vale, y pasando a la literatura, ¿cómo valoras el momento actual de la cultura en Canarias? Y disculpa por lo generalista de la pregunta.
“No, no, yo creo que es muy oportuna. Veo avances, pero también desafíos notables. Hay una mayor visibilidad, mayores iniciativas, más creadores. Pero persiste una cierta fragilidad estructural: dependencia, dispersión, falta de continuidad en algunos proyectos. Canarias posee un enorme potencial cultural, pero necesita consolidar políticas a largo plazo y, sobre todo, confiar más en sí misma”.

-Tu estilo a ha sido descrito como reflexivo, atento al detalle y con una fuerte carga simbólica. ¿Te reconoces en esa descripción?
“En parte sí. Yo no soy un escritor de acción trepidante. Me interesa más la introspección, el conflicto interior, el peso del tiempo sobre las personas. También me interesa el lenguaje como instrumento de precisión. Cada palabra cuenta. La literatura no es solo lo que se dice sino cómo se dice”.

-Noto en ti y en tu obra una preocupación por el paso del tiempo. ¿Se trata de una constante deliberada?
“Eso es inevitable. Con el transcurso de los años uno toma conciencia de la fragilidad de las cosas: de las relaciones, de los lugares, incluso de las ideas. Esa conciencia se filtra en la escritura casi sin querer. Pero yo no lo veo como algo negativo: al contrario, le da profundidad a la mirada”.

-Si hacemos historia, ¿existe algún momento decisivo en tu vida que haya marcado tu trayectoria?
“No hablaría de un único momento, sino de una suma de decisiones y experiencias. La vocación literaria, la entrada en la universidad, el compromiso con la vida pública. Cada etapa de mi vida ha tenido su peso. Quizá lo más importante haya sido mantener una cierta coherencia, aunque ello implique asumir ciertas contradicciones”.

-Ya sé que no eres hombre de consejos. Pero a lo mejor algunos jóvenes canarios se los merecen.
“Pues les diría que leyeran mucho y que no tengan prisa. Vivimos en una época de inmediatez extrema, pero la literatura necesita tiempo, maduración. También les pediría que no renuncien a su voz propia. Es fácil dejarse llevar por modas, pero lo verdaderamente valioso es encontrar una mirada auténtica”.

-¿En qué trabajas ahora?
“Sigo escribiendo, que es una disciplina que siempre me ha acompañado. Tengo entre manos un proyecto que combina ensayo y reflexión sobre la identidad canaria en el siglo XXI”.

-En tu caso, es un tema que nunca se agota.
“Tienes razón, pero es porque las sociedades están en constante cambio y necesitan reinterpretarse a sí mismas. Y esto lo tengo yo muy presente”.

(El escritor sigue buscando el lenguaje, la memoria y la introspección. El político introduce una preocupación por la utilidad social del pensamiento. En síntesis, la política no cambió radicalmente su literatura, pero sí la densificó: más conciencia histórica, más crítica social, más complejidad en los personajes y en los conflictos. Podría decirse que su experiencia política no convirtió su literatura en política, sino que la hizo más consciente de la realidad en la que se inscribe).

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