Avisos políticos

A 26 pasos del ridículo

El sistema político español tiende cada vez más a una polarización radical, a un brutal enfrentamiento entre las izquierdas y las derechas que ha conseguido, al fin, que los jinetes de las dos Españas cabalguen de nuevo entre nosotros. La Transición los había recluido en sus caballerizas, pero hace tiempo que las han abandonado. En […]

El sistema político español tiende cada vez más a una polarización radical, a un brutal enfrentamiento entre las izquierdas y las derechas que ha conseguido, al fin, que los jinetes de las dos Españas cabalguen de nuevo entre nosotros. La Transición los había recluido en sus caballerizas, pero hace tiempo que las han abandonado.

En esa reclusión tuvo mucho que ver la refundación del PSOE -al que los socialistas alemanes obligaron a renunciar al marxismo para seguir financiándolo-, su conversión en un partido socialdemócrata al modo europeo, muy diferente al que en la guerra civil –y antes- quemaba iglesias y asesinaba políticos de la derecha junto a los comunistas. Sin embargo, para desgracia de los españoles, una vez amortizados Felipe González y sus inmediatos colaboradores, la Secretaría General del partido cayó en manos de radicales socialcomunistas, que les ganaron los Congresos a sus oponentes moderados. Y así, Rodríguez Zapatero se impuso por nueve votos a José Bono gracias a los votos que se distrajeron votando por la inefable Rosa Díez, y Pedro Sánchez derrotó a Susana Díaz, que acaba de ser definitivamente liquidada en Andalucía.


Nuestras izquierdas y nuestras derechas se distinguen también porque manipulan los hechos en beneficio propio. Esta vez ha sido la derecha política y mediática la que, para intentar maquillar lo sucedido, ha ampliado los pocos segundos que, en la última reunión de la OTAN, Pedro Sánchez caminó junto a Joe Biden hablándole no se sabe de qué, mientras el presidente norteamericano miraba al frente sin decir absolutamente nada y sin despedirse cuando terminó el bochornoso y ridículo paseíllo. La derecha habla de 50 segundos, cuando en realidad fueron 29 o, mejor, 26 pasos, como ha puntualizado la presidenta madrileña, que, demostrando de nuevo por qué es una líder política y social, denomina al paseíllo “la cumbre de los 26 pasos”.


Menos pasos duró el intento de Sánchez de hablar con Trump en una reunión del G-20, intento que el presidente norteamericano cortó mientras le señalaba imperiosamente la silla en donde Sánchez debía sentarse. Estados Unidos desarrolló, sin participación española, unas importantes maniobras militares con las fuerzas armadas de Marruecos durante la crisis con ese país. Y su presidente excluyó a España de su primer viaje al extranjero, en el que se entrevistó con dirigentes europeos incluso de segundo nivel. La tradicional debilidad internacional española se ha acentuado en grado sumo por la desconfianza que genera en el gigante norteamericano y en toda la OTAN la insólita y única en Europa presencia de ministros comunistas en el Gobierno español y su eventual acceso a información sensible. Y no se ha olvidado la imagen de Rodríguez Zapatero sentado ostentosamente al paso de la bandera norteamericana. En aquel país respetan sus símbolos nacionales y no olvidan ni perdonan a quienes los ofenden.


En 1956, Henry Hathaway, en “A 23 pasos de Baker Street”, nos propuso una excelente película, que nos recuerda constantemente a Alfred Hitchcock y su ventana indiscreta, rodada dos años antes. Los 26 pasos de Pedro Sánchez junto a Biden le condujeron, una vez más, a un bochornoso ridículo, que humilla a todos los españoles y nos sacrifica en aras de los intereses del personaje sin escrúpulos que nos desgobierna.