El charco hondo

Alto riesgo

A años luz de culebrones, rumores, teorías de bolsillo, bengalas, novelas por entregas y balas de fogueo, la zona de alto riesgo de la legislatura autonómica empezará a jugarse fuera de casa, lejos de las Islas y de los dolores que los pactos de gobierno sufren (ahora, y siempre) cuando superado el ecuador el aroma […]

A años luz de culebrones, rumores, teorías de bolsillo, bengalas, novelas por entregas y balas de fogueo, la zona de alto riesgo de la legislatura autonómica empezará a jugarse fuera de casa, lejos de las Islas y de los dolores que los pactos de gobierno sufren (ahora, y siempre) cuando superado el ecuador el aroma preelectoral agita el sistema nervioso de las estructuras orgánicas. Saben los actores principales, y los de reparto, que el siguiente curso será preelectoral -asusta verbalizarlo, pero así es-. En septiembre tanto la legislatura como el pacto que sustenta al Gobierno regional (y otros acuerdos, insulares o municipales) debutarán sobre arenas progresivamente movedizas, adentrándose en un jardín bastante fértil en flores, sí, pero esta vez de las carnívoras. El partido comenzará a jugarse más allá de los inevitables seísmos locales. La gestión, buena o mala, de los fondos europeos por parte del Estado (con la correspondiente onda expansiva, buena o mala, en las comunidades autónomas) dará o quitará oxígeno a los presidentes de allá y acá. Los fondos, inyección económica sin precedentes, impulsarán o atascarán la recuperación. No lo tendrán fácil, el músculo administrativo, oxidado e ineficiente, difícilmente será capaz de digerir tantísimos recursos -Sánchez se la juega, porque la remontada depende en buena medida de esos fondos-. La otra pista del circo también está fuera. A Canarias le va la vida en que gobiernos, institutos, expertos y organismos europeos e internacionales empiecen a evaluar la incidencia de la pandemia -pero, ya- atendiendo únicamente a la presión asistencial y los fallecimientos, no a los contagiados; si ahí fuera no dan el paso, la temporada de invierno se nos irá por la alcantarilla por segunda vez. Si eso ocurre, y la temporada alta vuelve a pasarnos de largo, una tormenta tropical de cierres de empresas, despidos, tensión social y frustración contagiosa pondrán al Gobierno canario -a la estabilidad del pacto- sobre un escenario minado, de alto riesgo. Estas Islas no están preparadas para sobrevivir a dos temporadas de invierno de vacío. Más allá de relatos cortos, ensayos o episodios fugaces, será en otoño e invierno cuando pueda fotografiarse, con bases o argumentos sólidos, qué final de legislatura tendrá Ángel Víctor Torres y, acto seguido, en qué situación llegarán unos y otros a las siguientes urnas. Sin temporada alta la recuperación económica no será posible hasta después, ahí estaría la zona de alto riesgo a la que se enfrentaría el presidente. Sin otoño e invierno las flores marchitarían cuando llegue la primavera; el turismo marcará el nudo, y el desenlace.