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El REF, más allá de utilizarlo como una bandera partidista

Además del diferencial del cine, hay otras muchas cuestiones relevantes en el debate sobre el fuero canario y su impacto en la economía del archipiélago
Imagen del Muelle de Santa Cruz. Sergio Méndez

El Parlamento canario tiene mañana uno de esos días ‘patrióticos’, con un pleno extraordinario para debatir sobre el supuesto incumplimiento del Régimen Económico y Fiscal del archipiélago por parte de las Cortes españolas, al aprobar una ley que no respeta el 80% de diferencial favorable a Canarias en los límites a las deducciones fiscales de las producciones cinematográficas. Se oirán palabras grandilocuentes, unos dirán que defienden “nuestro fuero” mejor que los otros. Y al acabar el día, habrá quien quiera hacernos creer que el REF son Las Tablas de La Ley que trajo Moisés para compensar al canario medio, víctima de la lejanía insular. Pero todo es siempre más complejo.

“No cabe duda de que, tras las reformas del REF y del Estatuto de Autonomía de 2018, estamos en una situación de rodaje. Y tanto la Administración central como la autonómica no han hecho esa digestión”, afirma José Ángel Rodríguez, catedrático de Economía Aplicada de la ULL. “Se trata de encontrar una solución cooordinatoria que implique a las administraciones, a los empresarios, a los sindicatos, que forme parte del diseño de los presupuestos, con un cierto automatismo. Y en ese proceso siempre hay sensación de desajuste”.

El trato diferencial a las Islas hunde sus raíces en el pacto ancestral entre las élites canarias y la Corona de Castilla, como recuerda Rodríguez en una mañana lagunera y lluviosa, sentado en la churrería de la recova: la posibilidad de una economía marítima abierta al mundo, haciendo de intermediaria entre Europa y América, exportadora también de sus monocultivos y con un régimen arancelario sensiblemente menor al peninsular. “Una cierta autonomía, un régimen diferencial, incluso acuñar dinero, a cambio de seguir siendo españoles y de que la Corona pudiera tener órganos arbitrales en Canarias: el militar, el judicial y los mecanismos de represión por si eran necesarios”, explica Rodríguez. Este planteamiento se consolidó en la Ley de Puertos Francos de 1852, en una decidida apuesta librecambista de las élites canarias frente al creciente poder comercial de los archipiélagos de Portugal, aliado tradicional de los británicos. Y se desarrolló con fuerza hasta la llegada del régimen franquista, cuya economía, también en Canarias, se cerró a los mercados extranjeros. El librecambismo resurgió en las Islas tras la apertura internacional del franquismo, a partir de los años sesenta, con un estatus comercial diferenciado para las Islas reconocido por la Organización Mundial del Comercio. Pero se desvaneció con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea.

¿Por qué esta mirada histórica? Porque una constante recorre este proceso: las fricciones más o menos periódicas entre esas élites y la Hacienda estatal. “En última instancia, quien ha interpretado la corrección de esos procedimientos es Hacienda. No es tan fácil que suelte esa posición”, explica Rodríguez. “En parte, hay un justificado síndrome desde la conquista de Canarias de que esta ha sido una tierra de contrabando. El mercado negro ha formado parte del modus vivendi de las Islas, ahí está el cambuyoneo”. Sin embargo, España también trataba de interferir en el mercado canario. Bien fuera con sus monopolios, como Transmediterránea o Iberia, prohibidos por el régimen fiscal. Bien fuera con sus productos, como los coches SEAT, “que entraban con una prima encubierta -como decía Carballo Cotanda- a precios de ‘dumping’ para competir con los coches ingleses o japoneses que entraban en las Islas a través de sus intercambios comerciales. Eso sí, con una cierta hipocresía de la burguesía, que luego hacía de representante de esas marcas peninsulares”, afirma Rodríguez. “Los problemas que ahora con el cine antes los hubo con el tabaco, los productos electrónicos, los perfumes, la joyería, los preservativos, la píldora antibaby…”

Pero esa misma Hacienda estatal también actuaba de garante para que los comerciantes canarios tuvieran divisas con las que pagar sus intercambios con el extranjero. “Para los intereses comerciales de la burguesía canaria, era miel sobre hojuelas. Era como ser un país bastante independiente pero sin las cargas de incurrir en déficit al comprar más de la cuenta. Sin divisas, te estrangulas”.

¿Por qué la historia? Porque la entrada en la CEE, luego UE, supuso la liberalización del mercado peninsular, incorporando sistemas de librecambio parecidos a los de Canarias y restando atractivo diferencial a las Islas. De ahí el moderno REF, construido en los noventa en base a una serie de beneficios fiscales con el objetivo de favorecer la inversión en Canarias. Sin embargo, desde 2000 hasta ahora, no hemos dejado de desconverger económicamente con el resto de España. Si entonces estábamos al 97.8% de la renta per cápita media, en 2019 estábamos al 81,4%, como se encarga a menudo de recordar el vicepresidente Román Rodríguez.

Para José Ángel Rodríguez, ese REF moderno “arrastra ventanas abiertas al mundo, pero también muchas otras que son retórica y, en la práctica, dan origen a intercambio cero. Además, tiene muchas muletillas de esa relación de fricciones con la península, más el esfuerzo que tiene que hacer Canarias para adaptarse a la normativa europea, al estar fuera de la aduana de la U.E para mantener su diferencialidad”. Y asegura que “es un es un REF atado a los intereses empresariales de algunos sectores, porque hay otros a los que no les da ni para pinchos. El concepto de ventajas diferenciales ha estado fundamentalmente pensado para empresas que operaban internacionalmente o que tenían grandes beneficios, como las constructoras o los grupos hoteleros”. “¿Por qué un trabajador por cuenta ajena o un pensionista, alguien que no es empresario, no puede acogerse a un mecanismo como la Reserva de Inversiones Canarias”, se pregunta Víctor Sánchez, experto en el REF y profesor de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Para el presidente de la Zona Especial Canaria, Pablo Hernández, hay que potenciar un “REF liberalizador” que conviva con “ese REF de compensación que ha permitido que determinadas industrias sobrevivan y crezcan más. O que, con figuras fiscales como el AIEM [aranceles a algunos productos de fuera], protege a fábricas que no podrían competir en condiciones librecambistas”. Hernández pone como ejemplo la necesidad de simplificar trámites como los aduaneros, que ralentizan la importación de productos. “Por ejemplo, en la maquinaria que necesita el sector I+D “. Pero también apuesta por un “REF educativo”, porque aún hay un 40% de la población canaria que tiene, como mucho, estudios secundarios. Existe una gran necesidad de Formación Profesional “en sectores como la animación. O como el software, que está creciendo mucho más que el sector audiovisual”. Hernández recuerda que la formación o la simplificación administrativa están por delante de la fiscalidad cuando una empresa elige un lugar para invertir. Y cree que hay que orientar el REF hacia las oportunidades. “Una gran piscifactoría se va a instalar aquí porque es el único lugar del mundo donde se consigue reproducir el pulpo por la temperatura de las aguas; tenemos de los mejores cielos del Hemisferio Norte en el Roque de Los Muchachos o en Izaña; tener aquí a millones de turistas durante una semana comprando, haciendo elecciones de marketing es un banco de datos brutal; la profundidad de nuestras aguas las hace ideales para la energía eólica offshore. Hay cosas que, en toda España o Europa, solo se pueden hacer en Canarias”. Por eso anima a cambiar de discurso: “La UE planteaba antes la protección a las islas para compensar sus gastos, su desempleo, sus monocultivos, la limitación de sus mercados… Pero todo eso ha cambiado: hay que compensar los perjuicios que tienen las islas, pero hay que potenciar las oportunidades. Si tú solo planteas tu situación desde un punto de vista compensatorio, las empresas dejan de verte como un territorio donde invertir. Es también un problema reputacional”

Para Rodríguez, se trata de incentivar para transformar. “Sería interesante que el REF formara más parte del núcleo estratégico de la política económica de Canarias, que no fuera simplemente un adosado. Algo acorde a esa a esa visión bendecida por la Europa que apuesta por la economía digital o la transición energética”.

“Es muy importante es la transparencia, que los procesos de reforma sean fruto de un debate sosegado, con una comisión previa de expertos, abierto a los sectores interesados, empresarios, organizaciones ciudadanas, asociaciones profesionales, la administración tributaria”, explica Víctor Sánchez. “Así es más fácil corregir eventuales errores. Y no nos enteramos de la reforma cuando se publica en el BOE”.

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