tribuna

La noche americana

La noche americana es una técnica cinematográfica que consiste en rodar escenas de día, valiéndose de filtros, para que parezca que es de noche. Hoy disponemos de lentes sensibles, incluso para que filmando cuando empieza a oscurecer se pueda aparentar que lo hacemos a plena luz. Aunque en el escenario estés casi en penumbra, el resultado de lo que recogen los objetivos es de una claridad sorprendente. La magia de la imagen es capaz de representar lo que no es, ya sea con la noche americana o con lo contrario.

La ficción consiste en elevar a primer plano a las posibilidades de la apariencia, que no es otra cosa que poner al engaño como protagonista en la reseña de los acontecimientos. Esto es muy propio de Hollywood, pero el mundo del cine juega con trucos aceptados por todos que no tendrían cabida en la realidad de las cosas. Allí cualquier trampa vale porque se admite que los límites entre lo aparente y lo ficticio no existen, al contrario, se valoran y se reconocen en un apartado especial para los premios que se denomina efectos especiales. Una vez grabamos un programa de La Bodega de Julián en una plaza de San Bartolomé, en la isla de Lanzarote, y se nos venia la tarde encima por esos imponderables que siempre surgen en los equipos: minutajes, preparación de escaletas, pruebas de sonido, etc. Yo estaba empezando a preocuparme porque la oscuridad era cada vez mayor y veía cómo el trabajo estaba a punto de arruinarse.

El realizador, mi querido amigo Víctor Falcón, me llevó a los monitores para mostrarme cómo la sensibilidad de las cámaras era capaz de iluminar aquello que realmente estaba oscuro. La noche americana, pero al revés. La primera vez que me tropecé con este término fue por los años setenta, cuando vi la película de François Truffaut, con el mismo título, que él interpretaba y dirigía. Trataba de cine sobre cine y me pareció que desvelar los secretos de este maravilloso arte era más que loable. Al final todos aceptaríamos que las cosas son necesariamente así, igual que hacemos los escritores jugando con el tiempo para trasladar al espacio de lo real aquello que fluye en nuestras cabezas. Luego leí el estupendo libro de entrevistas que el director francés le hizo a Alfred Hitchcock, y empecé a entender un poco más de ese lenguaje maravilloso. Me olvidaba de Cine y sardina, de Guillermo Cabrera Infante.

Ese libro, otro de García Escudero y el imprescindible Teoría y técnica cinematográfica, de Serguei Eisenstein, me sirvieron de mucho. No soy un experto en cine, pero creo que para un escritor le es imprescindible conocer cómo se interconecta ese mundo con el literario. Es muy positivo y ayuda a descubrir nuevas posibilidades en los dos ámbitos. Hoy me he despertado con una fotografía en El País con el presidente Sánchez, rodeado de guardaespaldas, durante su gira estadounidense y me ha venido a la memoria lo de la noche americana. No acierto a adivinar si la instantánea está extraída de la oscuridad de una acción sin pena ni gloria para ser elevada a un nivel de acontecimiento que no es tal. Parece ser, según informa el periódico, que se ha ido a entrevistar con unos fondos buitres de San Francisco que no están muy de acuerdo con lo que el PSOE y Podemos tienen pactado para la nueva ley de Viviendas y la Reforma Laboral. Esta reunión con personas tan demonizadas por la izquierda española me hace pensar que esta noche americana está más oscura de lo que parece.

No quiero entrar en más detalles de una visita que pretende pasar por oficial sin serlo. Más bien parece que alguien se ha colado en la casa del vecino, ese que dice que estuvo en la fiesta cuando los señores no lo invitaron y todo se redujo a llevar algo a las cocinas entrando por la puerta de servicio. ¿Qué diría Elsa Maxwell, tan amiga de reseñar las escenas del protocolo? ¿Qué escribiría Henry James, tan amigo de retratar los refinamientos de una sociedad modernamente exquisita? ¿Qué reflejarían los cronistas del papel cuché, aquellos que sacaban al duque de Windsor y a la señora Wallis Simpson en sus portadas? ¿Qué es lo que nos viene de la vieja Europa? Al menos cuando los marinos españoles hicieron una escala, en el Nautilus mandado por el comandante Villaamil, fueron agasajados por la mejor sociedad de Nueva York, y cuando Zapatero fue recibido por Obama, se fotografiaron ante el patio del Castillo de los Vélez, en el Metropolitan Museum, en un signo claro de que allí respetan a las cosas españolas, no así a los que vienen investidos por sospechosas alianzas con revolucionarios caribeños.

No sé qué se pretende con esta visita pirata, a menos que queramos ir a la meca del cine para enseñarles cómo se hace una auténtica noche americana.

TE PUEDE INTERESAR